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Behaving — Behaving

*Fe de erratas: el título original de este post era “Keaton Henson — Behaving”, dado que entendíamos que se trataba del cuarto disco del londinense. No es así. Behaving es un proyecto paralelo, que inicia su andadura con este trabajo. Sentimos el error.

La corrección política está bien. Nos ayuda a mantener un mínimo de cordura social, que nunca sobra. Pero tampoco sobra la incorrección. Tendemos a intentar educar en la humildad y en la modestia. En la moderación y la sencillez. Hacemos, así, que esté mal visto que un ser humano aspire siempre a más. Que sea vanidoso, egocéntrico y presuntuoso. Que se crea con algún tipo de capacidad de hacer algo más, algo que el resto no sabe o no puede hacer. Y eso está mal, todos tenemos un punto de soberbia que está bien que alimentemos. Sin la avaricia, ambición y megalomanía justas, muchas de las cosas que hoy en día nos enorgullecen (ya no las que haya conseguido el ser humano como hitos históricos, las pequeñas victorias de nuestra vida) no hubiesen ocurrido jamás. Yo soy enormemente vanidoso y ambicioso. Y una de las cosas en las que más lo noto es en la envidia que nace en mí cuando descubro lo que otras personas de edades similares a la mía han conseguido.

Keaton Henson: un hombre del Renacimiento

Hace poco más de un año os contaba que Keaton Henson nos había dado un bofetón enorme. Tras su inapelable victoria con su folk de autor en Birthdays, el de Londres lo mandaba todo a la mierda para dar un salto al vacío y pasarse a la neoclásica. El resultado fue el excelente Romantic Works, uno de los mejores discos del pasado año según esta casa. No era habitual encontrar tal giro en la carrera de ningún músico en la actualidad. Ahora, Keaton ha aprovechado la inercia que cualquier cara sufre al ser víctima de tal bofetón. Ha conseguido visualizar la caída hacia el lado contrario del impacto, y ha vuelto a golpear nuestra cara con su otra mano. Una trompada sin miramientos. A pesar de su frágil aspecto. De no invitar siquiera a abrazar a ese hombre por miedo a que se te rompa. Nuevo disco, nuevo salto al vacío. Ya no sabemos por dónde viene, ni muchísimo menos hacia dónde lo llevará el devenir de las cosas. De Keaton Henson solo conocemos su presente, y nada en su pasado nos permite hacer pronósticos sobre su futuro. Ahora se ha lanzado a los brazos de la electrónica con aire soul. Para entendernos, ha hecho su particular disco a lo James Blake, siempre dentro de la reinterpretación que Henson hace de la música y el mundo.

Lo sorprendente de esto no se queda solo en lo obvio: artista que, en cuatro discos, toca tres palos enormemente distintos. Más diferentes entre sí de lo que muchas otras bandas harían en tres décadas de carrera. Eso, que ya resulta interesante, no merece mucho más que una mueca de curiosidad y cierta aprobación. No. Lo realmente admirable de Keaton Henson es que todo lo que ha tocado lo ha hecho extraordinariamente bien. Behaving (Oak Ten, 2015) no es, ni de lejos, una excepción. No huele a ruptura. Huele a estar toda una vida trabajando en esa dirección. A que Keaton Henson no se ha dejado llevar por un mero capricho. A que todo lo que toca, en esta época de su vida, se convierte en oro. A que inicios con los pasos y los gritos de fondo, casi eternos en sus discos, y dejando fluir durante los primeros segundos de ‘Shower’ un sonido que ya nos avanza que sí, que volvemos a necesitar sentarnos y ver por dónde coño ha decidido tirar ahora Henson.

El poder creativo de Keaton Henson ha acabado por sorprendernos incluso a aquellos que vimos en él unos componentes que lo llevaban más allá de ser otro cantautor folk

Pero ya no es que las dudas se disipen pronto, es que ‘Don’t Dance’ no deja ni que se asomen. Soltarse tremendo tema a las primeras de cambio, intuyendo la voz de siempre deformadísima, al fondo, y simplemente dejándose llevar por el pausado tempo. Elementos que hasta ahora eran ajenos, pero que nadie que escuchase a Keaton Henson aquí pudiese adivinar ese desvirgamiento. Entrando entonces en el terreno más James Blake de todo el disco, mirándolo a la cara sin el menor atisbo de sensación de inferioridad en ‘False Alarms’, de nuevo enorme. Y la poca resistencia que pueda quedar a esas alturas acepta la derrota con ‘The River’. Aceptemos la rendición. El poder creativo de Keaton Henson ha acabado por sorprendernos incluso a aquellos que vimos en él unos componentes que lo llevaban más allá de ser otro cantautor folk. No creo que nadie, hace un par de años, pudiese sospechar que llevase dentro joyas como ‘Preacher’ o el crescendo incontenible de ‘Offerings’. Y dejando para el final el corte que más recuerda a su primera época. El que seguramente sea más reconocible. El fantástico ‘Confessional’.

8.8/10

Si me preguntáis qué Keaton Henson considero de mayor valía, os diría dos cosas. Primero, que eso ya me lo habías preguntado. Segundo, que la pregunta me parece una chorrada. Si os ponéis muy pesados e insistís, os diría que creo que las mayores cotas de inspiración que ha tenido Henson nunca llegaron con Romantic Works. Pero Behaving es otro discazo inapelable. El que confirma al inglés como uno de los mayores genios surgidos en los últimos años. Uno de esos hombres al que tienes que admirar, incluso desde el dolor que produce ver cómo tu ego se sabe castigado ante la observación de un talento mayúsculo. Ante eso, queda escucharlo, verlo, leerlo y admirarlo. Observar y disfrutar.

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