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Seguramente era uno de los conciertos más esperados del verano en el norte de España. Esa comuna de Glasgow llamada Belle and Sebastian cerraba el cartel de las Festas do Apóstolo con una gran entrada en la Praza da Quintana. Digo comuna porque en su tierra no debió quedar ni el apuntador, y al septeto escocés se les unió una sección de viento y cuerda de otros seis componentes. En total, trece instrumentistas sobre el escenario.

Para abrir boca, de nuevo un grupo de la casa ejerciendo la labor de teloneros, ante un aforo obviamente más modesto, que hacía tiempo antes de entrar en las inmediaciones de la plaza. La banda en cuestión fue Caxade, de los que no sólo os hemos venido hablando bien, sino que incluso ocupó un lugar entre nuestros discos favoritos de 2013. En formato cuarteto, que es el más habitual una vez Maria da Pontagra sólo los acompaña en contadas ocasiones. Su propuesta sigue teniendo algo especial, a medio camino entre la música tradicional del folk gallego y su estética (y sonido) abrazando la esencia indie. Pequeños detalles como ese casiotone adaptado que sigue dando muestras de cierta evolución en su sonoridad. Letras cargadas de ironía (retranca, que decimos por aquí), de reivindicación política y de metáforas y personajes surrealistas. Pequeños himnos domésticos como ‘Gente Pota’, ‘Demos Graças’, ‘Sr. Xorda’ o un ‘Foliom da Rebeliom’ que puso fin a un entrante en el que Caxade se mostraron, cada vez, más cómodos tocando para audiencias numerosas. Está por ver si un segundo disco hará frente con firmeza a la duda de su recorrido a medio y largo plazo.

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Belle and Sebastian lo tenía casi todo a favor. El hype que se palpaba entre los asistentes desde el momento en que se anunció que estarían en Santiago de Compostela alcanzaba unas dimensiones considerables. Era la primera vez que visitaban Galicia (si obviamos que alguno de sus componentes había hecho el Camino de Santiago previamente), y su apuesta tan característica por unas melodías pop divinamente trabajadas parecía la propuesta ideal para una noche de verano en la que una brisa nos erizaba una piel ya nerviosa, y que incluso amenazó con una tenue lluvia que desapareció de inmediato.

Cuando la sección de viento y cuerda empezó a ocupar su lugar en segunda fila del escenario, ya se supo que el público estaba entregado de antemano. Minutos después Stuart Murdoch y los suyos asaltaban el escenario, sin dejar más que unos instantes de tanteo a ritmo de ‘Judy is a Dick Slap’ para asaltar su primer hit desde bien temprano. ‘I’m a Cuckoo’ caldeó unos ánimos mientras Murdoch hacía lo que se suponía que tenía que hacer, actuar como un frontman que, sin llegar a las cotas de los más grandes, no está exento de carisma, de bailecitos atractivos y de la simpatía suficiente para que sus minicharlas entre canciones sean bien acogidas por el público. Buenas sensaciones iniciales, salvo por un volumen un tanto bajo, y por la incómoda sensación de que allí muchos habían ido a pasar el rato como quien lo pasa en una romería local, a voz en grito, contando los chistes con los colegas y quejándose de que había mucha cola para poder ir a mear. Al más puro estilo puto imbécil. Recordad, uníos a nuestra causa, #KillThePI. No fue suficiente escollo para que ‘I Didn’t See it Coming’ continuase mereciendo el aplauso, y la sensación de que Belle and Sebastian son, ante todo, un grupo que hace canciones muy bonitas.

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Pero fue una sensación que se movía con fugacidad. Como ese ciclista que va haciendo la goma, que parece que quiere y no puede. O que puede, pero que tampoco quiere mucho. No les echaré en cara falta de actitud, pero sí que algo no carburó del todo bien, que sólo hubo momentos puntuales realmente brillantes, y que el grueso del concierto, con ejemplos como ‘Dog on Wheels’ o incluso temas más bailables como ‘If She Wants Me’ transitó en un terreno algo anodino y, casi, de cierta indiferencia. Como si no existiese la necesidad de pulsar ningún botón mental en el que el Rec estuviese impreso en color rojo. Como si mañana fueses a estar de nuevo con tus mierdas sin saber exactamente qué recordar de la noche anterior. O, mejor dicho, sabiendo que sólo recordarías dos o tres momentos realmente, y que todo lo demás se difuminaría rápidamente.

‘Sukie in the Graveyard’ o ‘Piazza, New York Catcher’ tatuaban esa extraña sensación. Todo era agradable, todo era bonito, todo imprimía cierta sensación de acogedora nostalgia, de un cielo en el que a pesar de ser de noche podría salir un arco iris en un abrir y cerrar de ojos. Pero seguía sin llegar un click definitivo, algo que te tocase realmente el alma, que te hiciese creer que estabas asistiendo a un momento único. Se produjo cierta mejora, esos momentos brillantes de los que sí os hablaba al principio. Adelantados por un Stevie Jackson muy activo que interpretó con precisión y eficacia un ‘(I Believe In) Travellin’ Light’ que dio paso al momento más redondo del recital. A ese en el que necesariamente pensaremos todos cuando recordemos la noche de ayer. ‘If You’re Feeling Sinister’ creció de forma sobresaliente entre la plaza. Desde lo modesto hasta hacerse gigante, llevando a lo superlativo cada una de las virtudes de Belle and Sebastian. Fantástico, lo mejor de la noche. Incluso por encima de ese recuerdo a su disco verde (en palabras del propio Murdoch), protagonizado por ‘Simple Things’ y una ‘The Boy With the Arab Strap’ en la que, como es habitual, algunos de los miembros del público fueron invitados a subir a bailar con la banda.

Tras ‘Judy and the Dream of Horses’ llegó un bis escueto, con ‘Get Me Away From Here, I’m Dying’ que confirmó a su ya legendario segundo álbum como el gran protagonista del setlist de la noche, y que murió tras escasa hora y cuarto de concierto (mal, Belle and Sebastian, mal, que tampoco es que las entradas fuesen gratuitas, estuvísteis algo rácanos con el minutaje, coñe) de la mano de ‘Me and the Major’, de nuevo de If You’re Feeling Sinister, mientras las medias sonrisas se dibujaban entre los fans que seguramente en su mayoría, se iban con la sensación del “sí pero” en la cabeza (o no, y soy sólo yo, pues buena parte de ellos pedían incansablemente un segundo bis). Salvo los P.I, que esos se habían quedado bien contentos esperando a que pudiese caer el ‘Bohemian Rhapsody’ en la hipotética reanudación. El concierto más esperado del verano tuvo más de hype que de emoción real. Como si acabásemos de ver una peli en la que todo estuvo bien, que te entretuvo y te hizo pasar una tarde con cierto encanto, pero que tampoco pondrás mucho empeño en recomendar a los colegas.

**Fotos: Paula Rico

Belle and Sebastian en Hipersónica

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