Belle and Sebastian — Girls in Peacetime Want to Dance

Los que jugamos mal a las cartas nunca sabemos si echar el as al principio o guardarlo para el final. Tenemos en mente que los demás se dejan buenas bazas para arrasar cuando se acerca el ocaso de la partida, y queremos estar a la altura para darle con un canto en los dientes. Como no sabemos jugar, casi siempre tomamos la decisión equivocada. Además, el problema real es que a lo mejor un día supimos tomar buenas decisiones. Nos pasábamos las mañanas de clase en la cafetería de la facultad perfeccionando nuestras habilidades en el mus, pero hace ya un tiempo que no hacemos una partida realmente brillante. Al final, lo peor de todo es que la gente no espera gran cosa de nosotros ya.

Belle and Sebastian (1996–2015)

Mentiría si, a estas alturas, os dijese que esperaba Girls in Peacetime Want to Dance (Matador, 2015) con gran ansia, o con muchas esperanzas depositadas en el noveno disco de estudio de Belle and Sebastian. Tengo la sensación de que la inspiración de Stuart Murdoch lleva más de una década dando signos muy preocupantes en cuanto a su estado de salud, y la sensación es que no hay forma de reponerse de este desastre absoluto que supone su nuevo disco. La falta de ideas que Murdoch ha llegado a contagiar a su recién estrenada faceta como director y guionista se filtra en cada uno de los poros de Girls in Peacetime Want to Dance.

Resumiendo, os diría que lo único realmente notable de este álbum está en la carta con la que abre la partida. Soltamos el as del palo que triunfa, con nombre ‘Nobody’s Empire’, nos aseguramos esos puntos, hacemos recordar una época pasada en la que Belle and Sebastian eran uno de los nombres más grandes del pop mundial. Refrescamos sensaciones, damos señales de vida, enseñamos algo de lo que hubo, de lo que queremos que siga habiendo, pero que ya no existe, más que en nuestro recuerdo. Ahí se acaba Girls in Peacetime Want to Dance. A partir de aquí, empieza un camino fin un destino claro, un ejercicio de desorientación en el que llegas a sentir pena.

Con ‘Nobody’s Empire’ refrescamos sensaciones,enseñamos algo de lo que hubo, de lo que queremos que siga habiendo, pero que ya no existe, más que en nuestro recuerdo

Pena porque se acabó lo que se daba. No es que haya durado poco. Si echamos la vista atrás, me salen entre cuatro y seis discos de bellísima factura, cuando muchos matarían por tener simplemente uno. Pero hasta aquí. Ese trabajo en el que empezaron a cavar allá por 2003 (sé que os encantó a todos The Life Pursuit, a mí no tanto) su propia tumba, pone la lápida definitiva a golpe de estupidez sonora, en ‘Enter Sylvia Plath’ o en ‘Play for Today’ como epitafio indigo. Uno cree que le está saltando el anuncio de Spotify, pero no. Stuart Murdoch intentando a la desesperada llegar a las pistas de baile, como hacía en ‘The Party Line’ el primer adelanto del disco, pero cayendo en una vulgaridad que nunca debimos encontrar en él. 
Aquí yace Belle and Sebastian (1996–2015).

3/10

El pequeño acomodo encontrado en contadísimas ocasiones, pongamos ‘Allie’ y ‘The Everlasting Muse’, aunque seguramente en el caso de la segunda esté siendo un poco optimista, no acalla ese grito interno en el que ten preguntas si nadie ha podido poner freno a esto. Dejarlo antes. Dedicarse a dar conciertos de viejos éxitos. Lo peor, lo realmente triste, es que ni siquiera te lo gritas durante mucho tiempo. Girls in Peacetime Want to Dance acaba siendo una oda a la nada. Un aburrimiento supino, en el que puedes estar una y otra vez dándole al repeat sin que nada capte nunca tu atención. O peor, que la capte para mal, como esa tortura doméstica que es ‘Perfect Couples’. Conviene acabar la crítica de forma positiva. Tras esto será difícil echarlos de menos.

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