Anuncios

Benjamin Booker — Benjamin Booker

De todas las comparaciones con mitos (fallecidos o no) que uno se encuentra por ahí, la que tiene como protagonistas a Benjamin Booker y Chuck Berry me parece de las más innecesarias. No digo esto con intención de restar valor a lo generado por la joven promesa sino todo lo contrario, con el objetivo de resaltar la autenticidad y frescura de un debut que huye de una comparación laberíntica en la que al final lo racial y lo esquemático acaba siendo la única salida.

Ojo que en cualquier caso lo del joven sureño es muy serio, pinta a artista que puede marcar esta década si la actitud le acompaña, si no se pierde en esas ínfulas que indirectamente acaban provocando la búsqueda de un nuevo Maradona cuando el vertedero está lleno de muñecos rotos. Lo de Benjamin Booker no es imitación ni homenaje ni desprende pretensión, es un tratado de esencias y raíces en el que la línea temporal se torna difusa como generalmente sucede, sirviendo su debut quizás como eslabón perdido entre dos mundos más estrechamente relacionados de lo que el color de piel, el público y la actitud parecen querer reconocer: el Blues y el Punk.

Benjamin Booker no quiere ser, simplemente es

La Invasión Británica acabó transformando y deformando al Blues primigenio y ahí es de donde este joven norteamericano lo ha rescatado, aparentemente sin decidirlo aunque en este juego la intención siempre es lo de menos. La fortuna y la ironía del destino le ha colocado en el camino una vez se frustró su deseo de ser becario en la radio pública (qué raros son estos gringos) y ambas fueron las que, una vez en Nueva Orleans, le pusieron frente a las narices de la gente de ATO Records, destrozando su garganta en la cuna de la música negra tras haber estado cerca de viralizarse por unas canciones grabadas en un retrete.

Dejadas las casualidades a un lado y las comparaciones para otro momento, el debut de Benjamin Booker (2014, ATO Records) se apoya en fundamentos tan solventes que hay que estar muy ciego para no ver sus virtudes. Lo suyo no es el decoro ni la excentricidad, Booker se aferra a la esencia, a la suciedad y a la rebeldía del Punk y el Garage, de un mundo que se fortalece mirando al pasado, rescatando recuerdos y convirtiendo la nostalgia en ganas de vivir, que se empeña en responder con una sonrisa y un órdago continuo a los reveses que surgen del empeño en convertir la juventud en un estado cronológico despreciando su valor espiritual.

Espacio deja para las mil y una sensaciones que forman el aliento de un adolescente y para ello se fortalece jugando con el mástil, el pedal de efectos y una voz que transmite mucho más de lo que aparenta, que sirve de eficaz altavoz tanto para el llanto nihilista como para la fútil sonrisa del ingenuo. El aparente esquematismo se diluye en las diferentes tonalidades y sensaciones que Booker dibuja mientras deja en pañales a otros que cuentan con su mismo talento pero no con su claridad de ideas, quizás excesivamente homogéneas por momentos pero que a la larga funcionan y muy bien.

Ahí donde Gary Clark Jr. naufragó el año pasado es donde ha triunfado Benjamin Booker, demostrando que la importancia del ser se diluye cuando es más una cuestión del aparentar que del querer, cuando se antepone el deseo de otros a la natural imposición de las propias convicciones. Median diferencias que hablan de nuevo de esencias y respeto a las raíces entre ambos, pero mientras uno ha gestionado muy bien su talento el otro lo ha prostituido por querer ser mucho más de lo aconsejable.

8.5/10

Esta reflexión nos devuelve de nuevo al espíritu de Chuck Berry y la comparación de apertura. Muchos jóvenes prometedores han acabado en el desguace queriendo ser otros cuando podían ser ellos mismos. Puntos comunes siempre hay y siempre habrá pues la paternidad en todo esto es incuestionable, pero enfrascar talentos emergentes en comparaciones que siempre quedarán demasiado grandes no hace ningún bien al Rock’N’Roll, un sonido que nos lleva a vivir en presente en vez de a añorar el pasado. Siempre lo ha querido así Chuck Berry y así lo quiere Benjamin Booker, dejemos la construcción de rivalidades estúpidas en manos de la prensa deportiva, el Rock’N’Roll es vivir el momento sin pensar el qué ni el por qué. Y Benjamin Booker es puro Rock’N’Roll.

Anuncios