Benjamin Clementine — At Least For Now

La semana pasada, Benjamin Clementine se proclamaba (merecido) ganador del Mercury Prize 2015 por su álbum At Least For Now. La historia de este inglés de raíces ghanesas os la contábamos a finales del año pasado, cuando todo el mundo seguía impresionado por su primera e impactante actuación en televisión, en el programa de Jools Holland, con un vídeo que se volvió viral y que mostraba al Benjamin Clementine más natural, sentado al piano y con los pies descalzos, con su voz de tenor rasgándose entre los acordes y las líneas de ‘Cornerstone’.

Después de dos EPs que dejaban ver su talento como compositor y narrador, su primer larga duración, At Least For Now, llegó a comienzos de este año con once temas que se han vuelto su mejor declaración. Una sucesión de himnos agridulces con la voz y el piano como absolutos protagonistas y que muestran su gran individualidad, esa que mejor define a Benjamin Clementine como artista.

Imperfecto pero fascinante

Sus influencias saltan a la vista, Benjamin se mueve en un estilo muy definido y, sin embargo, suena completamente único. A su manera. Domina el spoken word como ningún otro y su música es pura personalidad, apasionante y conmovedora. Nina Simone está presente en ‘Adios’, con ese timbre que no cesa su parpadeo, Antony Hegarty se esconde tras ‘Condolence’ y la chanson francesa o el Blues más doloroso vienen a la mente mientras escuchamos como su voz de tenor se va descubriendo tras un piano que suena lúgubre y bohemio.

Sus influencias saltan a la vista y, sin embargo, siempre consigue sonar completamente único gracias a sus formas poco ortodoxas a la hora de tocar y cantar

Sus formas poco ortodoxas a la hora de interpretar sus canciones son su mejor arma. Se apega a los silencios y a las pausas, respira profundamente, gime, llora y ríe a la vez que canta desacompasado con el piano, con una voz llena de grietas que moldea a su gusto y con la que narra su pasado por el metro y las calles de París, volviéndose un poeta esperanzado.

Imperfecto pero fascinante, así es Benjamin Clementine y así es este At Least For Now. Canta desde las entrañas y su instrumento más potente, su voz, es difícil de olvidar, sobre todo cuando nada se interpone entre ella y el piano, como sucede en ‘Winston Churchill’s Boy’ o en ‘Then I Heard a Bacherlor’s Cry’. Dos temas clásicos que inician este álbum de forma brillante. Tras ellos, ‘London’ es la balada pop que nos atrapa a todos. Un piano clásico sonando pop y una voz que ya se ha vuelto inconfundible para los que escuchamos.

8.4/10

En ‘Adios’ y ‘Nemesis’ se muestra más fascinante que imperfecto, acompañado de arreglos de viento y una percusión firme que no consiguen eclipsar a su expresiva voz. Y ‘Condolence’ y ‘Cornerstone’ son los minutos mejor enlazados de un álbum que condensa en el centro sus mejores momentos. La imperfección va ganado terreno en los últimos minutos, pero Benjamin Clementine sigue sonando tenso e hiriente, ‘Quiver a Little’ es la prueba de ello, y al final, su imperfección nos gana, porque estamos hechos para sentir, no para entender. Honesto y tremendamente emotivo, Bejamin Clemetine golpea los tímpanos y te va calando poco a poco hasta apretarte el corazón.

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