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Best Coast — California Nights

Cualquiera que nos siga más o menos a menudo sabrá que en esta santa casa somos muy de llegar tarde a las cosas. Muy tarde. Y no, no me refiero a que lleguemos tarde al nuevo grupo mozambiqueño de drone y ambient, que para eso somos muy de inventar cosas. Llegamos tarde a veces a cosas tan obvias como el disco nuevo de Best Coast, una banda con puñados de seguidores en todo el mundo. Tenemos excusa, al menos en este caso. No esperábamos gran cosa del nuevo disco del dúo de Los Angeles. Ya su anterior The Only Place (Wichita Recordings, 2012) no había convencido gran cosa, y hemos ido dejando pasar los meses sin que nadie en la oficina se decidiese a hincarle definitivamente el diante al presente, California Nights (Harvest Records, 2015). Pero aunque es cierto que llegamos muy tarde a las cosas, no es menos cierto que nuestra vocación de servicio público no descansa. Os debíamos una crítica, y aquí está.

El resultado es, más o menos, el esperado. Bastante olvidable. De hecho, probablemente desde que el disco vio la luz hace ya casi tres meses, no volvísteis a recordarlo hasta que os habéis encontrado con esta crítica. Y no os culpo. California Nights contiene doce cortes en los que destacan una querencia algo mayor por el ruido y lo oscuro que en el pasado, pero sin que al final encuentres nada especialmente sustancioso que defienda a la banda. Un trabajo para meter en un cajón, en el que te prometes que de cuando en cuando quitarás el polvo a los discos, pero que al final quedará guardado hasta que en una mudanza te dés cuenta de que las leves buenas sensaciones que sentiste al escuchar ‘Feeling Ok’ fueron dándose de bruces con la realidad, y te preguntes si vale la pena llevarlo a tu nueva casa, o si por fin te decides a dejar atrás las cosas a las que sabes que jamás volverás.

California Nights está producido por Wally Gagel, dinosaurio del tema, y que no ha conseguido reflotar una carrera que ya es del montón. Piensas en ‘Fine Without You’ como un tema veraniego, y te das cuenta de que no toca ni un rinconcito de tu alma. Que es la primera vez que lo escuchas, pero te suena a oído hasta la saciedad. No despertamos sentimientos, casi ni de los malos. Empezamos a mirar el reloj, pero no con sufrimiento, tan solo con desinterés, preguntándonos si falta mucho mientras escuchamos una ‘Heaven Sent’ de espíritu claramente noventero, que en teoría debería recordarme con nostalgia mis tiempos mozos, del indie rock americano y desenfadado de entonces. Pero en su lugar todo me suena artificial, desprovisto de hechizo.

4/10

Coros insustanciales en ‘Jealousy’, guitarras que pretenden ser incisivas pero no lo consiguen, melodías repetitivas. Todo bien colocadito, tan bien que admiras lo ordenada que Bethany Cosentino tiene la casa, pero en el fondo piensas que necesitaría un poco de descaro y frescura. Un cuadro mal colocado, o algo. Tan solo el tema que da nombre al disco parece realmente notable, quizás como un camino a seguir para que Best Coast no acaben condenados a vivir en el montón. Pero pocos motivos encontramos para seguir escucándolos. Si no hubiese cuarto disco de la banda, lo cierto es que por aquí no los echaríamos de menos.

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