Between the Buried and Me — Coma Ecliptic

La retórica de los sueños y los periodos mentales de hibernación es un tema recurrente en esto del Rock Progresivo. Reescribir la historia propia, los diálogos internos frente a decisiones pasadas que marcan la existencia presente o el propio planteamiento filosófico sobre el ser y el no ser son cuestiones preexistentes, que casan a la perfección con un género que habla tanto del “qué es la música Rock” como del “qué quiere ser.”

En este juego de preguntas y respuestas se han embarcado los norteamericanos Between the Buried and Me en un disco que es, precisamente, un replanteamiento de muchas de las certezas que todos teníamos frente a su música. La narración al respecto del viajero comatoso que visita el pasado pensando en si es conveniente reescribirlo para así alterar su posible regreso a la consciencia en el futuro es algo más que un telón de fondo, es un planteamiento que no solo nos ayuda a pensar en el “que habría sido si yo…”, sino que también nos detalla las mil y una preguntas que la banda de Tommy Rogers se ha hecho en los últimos meses de cara a un trabajo cuyo papel parece ser, precisamente, reescribir la historia de la banda.

Coma Ecliptic: aprendiendo a hacer Rock Progresivo

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Para ello, Between the Buried and Me han viajado a las raíces de su sonido y a las raíces de todo aquello que se supone les ha influenciado, pero no para reencontrarase a sí mismos como hacen las bandas en crisis, sino para plantear ese juego de fuerzas internas que se supone debe dar con ellos como una banda más importante, más global a pesar de que la estructura de lo que son haya permanecido inalterable.

Between the Buried and Me han aprendido, al fin, a gestionar de forma eficiente su torbellino de ideas

El resultado, como no puede ser de otra manera tratándose de una banda del talento técnico y compositivo como la presente, es plenamente satisfactorio. Quizás algo escueto frente al torbellino de ideas planteadas y salidas de tono que caracteriza a su música, pero más grande, más consistente, más redondo pues del viaje al propio pasado han extraído la lección de la eficacia y la eficiencia, esos dones que no surgen de forma expontánea sino gracias a ese agrietar del espíritu juvenil y adolescente que es madurar.

Las pruebas de todo esto son más que palpables desde el inicio de la relación con Coma Ecliptic (Metal Blade, 2015), un disco de esos que enganchan tanto por lo que plantean como por lo que significan para la banda que los han gestado. Es posible que incomode a los seguidores más cuadriculados del grupo, si es que se puede usar la expresión ante la banda de las mil canciones en una, pero los más acostumbrados a planteamientos que a pesar de clásicos no son básicos sino todo lo contrario van a acabar encontrando a una banda más segura de sí misma, consciente de que el progresivo no es tener mil ideas y dejarlas todas a medias sino escoger una e ir con ella hasta el final.

El resultado de esta aparente reinvención es el disco más accesible en la carrera de la banda con mucha diferencia. Los cambios de ritmo, los juegos vocales con los guturales como punto álgido y las estructuras matemáticas siguen siendo norma, pero la paleta de sonidos a la que la banda acude en esta ocasión es menos amplia pero más convincente. La faceta técnica a la que se han aferrado desde sus inicios comienza a dejar asomarse a otra más sinfónica, que ya no recuerda tando a Meshuggah y que por momentos nos trae a la mente a los Savatage de John Oliva.

Parecido sucede con los arranques más metálicos, momentos en los que la banda va a lejándose poco a poco del Metalcore que tanto rutiló a inicios de este siglo para acercarse a los cánones del Metal clásico sin caer en todos los clichés que todo ello conlleva. Between the Buried and Me han logrado encontrarse a sí mismos, ser lo que siempre han querido ser descongestionando el tráfico de ideas y apostando por conceptos más básicos, pero no por ello más rudimentarios.

La paleta de sonidos a la que ha ocurrido la banda en esta ocasión es menos amplia pero más convincente

La consecuencia de todo esto es un disco que, probablemente no será recordado como el más brillante de los presentados por la banda, la dupla Colors (Victory, 2007) y The Great Misdirect (Victory, 2009) parece insuperable, pero sí el más consistente, el disco que ha acabado alumbrando un camino en el que la banda norteamericana va a ir alejándose de la artificiosidad para encontrar la grandeza a la que parecía haber renunciado en sus dos últimos lanzamientos.

8.3/10

No sé si mis compañeros volverán a masacar al disco como hacen tradicionalmente con cada lanzamiento de Between the Buried and Me, pero sí sé que esta vez no voy a tener el menor temor de proponer a este Coma Ecliptic como uno de los mejores discos de este 2015. Veremos en qué queda la cosa, siempre puedo viajar al pasado e ir cargándome a estos sordos. Uno a uno.

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