Beyoncé — Lemonade

Hubo un tiempo en que hablar de innovar en el pop femenino era hablar de Madonna. Hubo un tiempo. Ahora, aunque no hablemos estrictamente de pop, habría que mirar a Beyoncé para hablar de una diva capaz de unir talento con evolución.

Sí, lo suyo es el R&B pero, por un lado, este servidor piensa que ambas divas son perfectamente equiparables por estar (o haber estado, que todo lo que sube termina bajando acción de la gravedad mediante), en lo más alto de la pirámide de la música para el gran público. Y por otro lado, porque, ¿hay quien se atreva a decir que Lemonade, el último trabajo de Beyoncé hasta la fecha, se puede encasillar en un único estilo?

Beyoncé, una mujer despechada de armas tomar

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En Lemonade no encontramos los grandes ganchos son los que si contaba Beyoncé (2013), pero, ¿para qué hacen falta?

Porque, Lemonade es todo y es nada. Es pop y es R&B, es rock y es country… Y si algo no es, es un disco que debamos pesar por alto. Porque, aquí sí, a diferencia de la Ambición Rubia, la Diosa de Ébano, es capaz de superarse en lugar de coger la cuesta abajo. Superarse tras un excelente disco homónimo y superarse a la hora de elegir colaboradores y créditos.

Beyoncé es capaz incluso de superar su poder para sorprendernos: cuando todos esperábamos un single o el anuncio de un álbum y vista la increíble maniobra de poner a la venta y sin aviso su anterior trabajo en plenas navidades, nos encontramos de sopetón este nuevo trabajo de un día para otro, y no con canciones de relleno. Y de nuevo con un visual album que no sólo deleita por los oídos, sino también por la vista.

Eso sí, reconozcamos de antemano que en Lemonade no encontramos los grandes ganchos son los que si contaba Beyoncé (2013), pero, ¿para qué hacen falta? La diva no necesita de temas pegajosos con los que encandilar a través de la radio… a la vista está.

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A cambio, lo que tenemos es un disco conceptual sobresaliente, en el que Queen Bey nos habla de amor y desamor a través de la historia de infidelidad de su marido Jay Z con una amante no identificada (aquí, en estas 12 canciones). Siempre sin dejar pasar la ocasión de colarnos algún alegato político como el de ‘Formation’, el sugerente adelanto que nos dejó caer haca ya unas semanas, o de incluir el ya clásico mensaje de empoderamiento que tanto le gusta.

Y es ese quizás el mejor valor de Lemonade; que en la variedad está el gusto… y la capacidad de poner de acuerdo a la gente. Porque difícilmente encontraremos a medios o colectivos o tribus urbanas, si lo preferís, que hablen mal de este álbum y que no encuentren su trocito de placer, culpable o no, en él. Ya sea por los estilos musicales que aborda, o por las colaboraciones, participaciones e incluso sampleos que se pueden escuchar en sus 12 cortes.

El que dijo que quién mucho abarca poco aprieta se equivocaba

Son muchas las cosas a destacar en este sexto álbum de estudio de Beyoncé, aunque no creo que sea necesario ponernos a cantar las alabanzas a una voz tan potente como sugestiva. ¿Quién no está familiarizado a estas alturas con lo que es capaz de dar de sí la diva? Pero si hay algo que no podemos pasar por alto es que son casi tantos los estilos que se abordan en el disco como temas tiene, y que Bey sale airosa en todos los casos.

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Desde la balada R&B por excelencia con la que, además, se atreve a abrir el disco, ‘Pray You Catch Me’, que no sorprende por ser terreno conocido, pero deja el mismo buen sabor de boca que si no la hubiéramos escuchado nunca cantar algo así, hasta el fin de fiesta con la conocida ‘Formation’. Potencia a raudales en formato hip-hop (bounce, para ser más exactos), pocos pelos en la lengua, y mensaje tanto político como de venganza amorosa por despecho. Beyoncé se atreve a empezar y acabar justo a la inversa de cómo lo haría el 99 por ciento de artistas y bandas.

Lemonade: limonadas así necesita el mundo

Por el camino, todo un caleidoscopio de estilos que pasa por la balada rock- reggae de ‘Hold Up’ o el rock sin paliativos de ‘Don’t Hurt Yourself’ para luego dejarse caer hacia el final por el blues con toques de góspel de ‘All Night’, tema que para este servidor es el mejor del álbum así como el verdadero climax de toda la historia que nos cuenta. El otro momento álgido poca discusión ofrece, aunque compita casi de tú a tú con ‘Don’t Hurt Yourself’ por ser el número retro-rock del disco. ‘Freedom’ es un verdadero trallazo que ya querría Jack White para un disco propio. Pero si de sorpresas tenemos que hablar, esa posiblemente esté en el country de ‘Daddy Lesson’, un tema que sienta de maravilla a la voz de Bey y que deja claro que a ella no hay estilo que se le resista.

Si los estilos con los que se atreve apabullan, no lo hacen menos los colaboradores o los samplers elegidos

De ritmos urbanitas también vamos servidos, con cortes como ‘Sorry’ (que huele a single por todas partes), o ‘6 Inch’, y en un disco conceptual como este, con el tema de la infidelidad como trama central, no podían faltar las baladas, ya sean futuristas, como ‘Love Drought’, o dramáticas, como ‘Sandcastles’, también con aires country y con bien de sobreactuación. Sí, Beyoncé está aquí como pez en el agua, pero peca de forzar innecesariamente la voz, llegando a ser molesta en algún momento del tema… Aunque está claro que parte de su público busca esa sobreactuación precisamente.

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Y si los estilos con los que se atreve apabullan, no lo hacen menos los colaboradores o los samplers elegidos. Da igual que sean unos convencionales The Weeknd o Kendrick Lamar, o unos sorprendentes Jack White o James Blake, que, no por estar en lugares de la música de lo más alejado al estilo Beyoncé, dejan de encajar en él como nunca nos hubiéramos imaginado. Poco importa que el sampler elegido sea de un tema sesentero de Andy Williams o un riff de guitarra de los mismísimos Led Zeppelin: todo está donde debe estar, y otras reinas deberían aprender a elegir mejor sus compañías mirándose en el espejo la Knowles.

8/10

Poco se puede objetar ante semejante derroche de poderío vocal, visual (no nos olvidamos que estamos ante un disco visual) y, por supuesto de estilo. Lemonade tiene algún defecto (como esa falta de un irresistible gancho como los de sus anteriores trabajos), pero se perdona fácilmente escuchando uno tras otro momentos de inspiración que sólo pueden provocar una crisis amorosa. No le desearemos lo peor en el amor a Beyoncé, pero si, como dice su abuela al final de ‘Freedom’, la vida le da estos limones, nosotros estaremos encantados de bebernos una limonada como esta.

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