Bigott — Pavement Tree

Aquí el refranero se contradice algo con la tendencia que lleva la cocina moderna. Más que el refranero, diríamos que la sabiduría de las madres. De nuestras madres, que nos insistían en que con los ojos no se come, cuando la pinta del potaje que te habían puesto delante de la cara no iba de la mano de las cuidadosas presentaciones que guardan hoy día los platos de los buenos restaurantes. La portada de Pavement Tree (Grabaciones en el mar, 2014) no invita a hincarle el diente al nuevo disco de Bigott, tras aquel fantástico Blue Jeans, pero…

Bigott mejorando (como siempre) tu día

Por suerte, a Bigott lo conocemos de hace tiempo, y ese juego que mezcla la tipografía horrenda de los ochenta o películas como Drive, junto con esa inquietante familia que posa para la foto con los mismos rostros no hacen sino atraernos más. Puede que el continente cree desasosiego, pero el contenido está lleno de esa droga que trae la calma. Porque a Bigott las canciones bonitas le salen como sin querer, respira un pop agradable y no exento de magia, que hace que cuando ‘Pavement Tree’ empiece a sonar uno se sienta como en casa. Tranquilo, feliz y a gusto. Todo eso escuchando un disco. Poca cosa.

Resumirlo sería insultantemente fácil, sencillo, casi demasiado y no acabaría de hacer honra a la banda: escuchar a Bigott mejorará tu día. Quizás no sean el grupo referencia de nadie, pero lo cierto es que sería como ese equipo de fútbol que no es el que animas todos los fines de semana, pero al que le tienes simpatía y te gusta que gane. Aunque solo sea por agradecerle pequeñas maravillas cotidianas como el juego de voces de ‘Baby Lemonade’. Además, a pesar de sus catorce cortes, Pavement Tree es un plato de degustación rápida, que cuando empiezas a saborear con todo tu raciocinio, se ha acabado. Será momento de volver a la dosis ansiolítica de ‘Echo Valium’, tras la pequeñita gozada de ‘Even If You Don’t Know Why’.

Además, a pesar de sus catorce cortes, Pavement Tree es un plato de degustación rápida, que cuando empiezas a saborear con todo tu raciocinio, se ha acabado.

El riff de guitarra, tan testimonial, de ‘It’s ok’ y esa sensación de alivio que te invade, de cierta energía, de la que hace que cojas un disco con ganas, que sepas que siempre tiene algo bonito guardado para ti. Con el descaro de ‘Electrolane’ o esa adictiva y vetusta línea de bajo en ‘Walking Around’ (ciertamente parecida a la de ‘We Make Sense’ para ser sinceros), Pavement Tree tiene de todo en esas catorce canciones, y casi todo es lo suficientemente bello. Incluso a lo lejos, cuando aquella voz que apenas percibes, en ‘We’ll Dance’ te hace buscar en el horizonte.

7.3/10

A estas alturas queda claro que la escucha y estudio de Pavement Tree ha sido firmemente recomendada por quien escribe. Pero pongamos que no ha sido suficiente y necesitáis un último empujón. No hay problema, ahí está el trío de ases final para aportarlo. Entre ellas, mi favorita es ‘Play’, la canción que pone fin a Pavement Tree con lo que podríamos entender como la épica vista por Bigott, que llega tras el pop amable de ‘Have You Ever Seen’ y ‘Paper Kane’. Un disco que no llega a la excelencia, pero que cumple su función con creces, con muy pocas fisuras.

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