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Björk — Vulnicura

Cuando uno afronta una crítica, a menudo además de escuchar el disco del que va a hablar, paso prescindible pero que en mi caso se lleva a cabo habitualmente, tiende a intentar repasar la discografía previa del autor en cuestión. Eso es así salvo que nos ocupe alguien sobradamente conocido, por su repercusión, por su carisma o por lo que sea. Con Björk, pues, no he necesitado demasiado tiempo para cuadrarme, ponerlo todo en perspectiva, realizar un puñado de dibujos en mi mente, y empezar a escuchar su nuevo disco, sujeto a muchísima expectación (nada nuevo, tratándose de la islandesa) y polémica por su temprana filtración, lo que hizo que Björk mandase los plazos a tomar por saco y lanzase Vulnicura (One Little Indians, 2015) antes de lo previsto.

Vulnicura: y Björk resucitó

Lo primero, lo extramusical, me parece un acierto. Alguien que no he sido yo ha filtrado mi disco, así que lo mando mando la ley de plazos a mejor vida y lo saco ya. En lugar de hacer como que no me he enterado y seguir con una campaña de marketing absurda durante otro mes y medio o, lo que es todavía más triste, ponerme a patalear como infante de parvulario. No, Björk Guðmundsdóttir acepta la realidad, que tampoco tenemos tiempo para andarnos con chorradas, anuncia que saca Vulnicura ya, y lo que se iba a ir analizando con calma se convierte en acelerón. Y apretar los puños, recordar que no escucho nada de Björk que me emocione de verdad, en su conjunto, desde Vespertine, y temer que, seguramente, nada cambie tras Vulnicura.

El noveno disco de estudio de Björk acaba conquistándote poco a poco. Como los amores verdaderos. De los que duran mucho tiempo

Pero lo cierto es que no es así. El noveno disco de estudio de Björk acaba conquistándote poco a poco. Como los amores verdaderos. De los que duran mucho tiempo. Asumiendo que no es un disco al que volverás a menudo, pues no se trata de los típicos de digestión rápida y fácil, pero entendiendo sus nueve cortes como lo mejor que hemos escuchado de la islandesa desde hace mucho tiempo. Es cierto que eso tampoco es decir gran cosa. Que corrieron ríos de tinta vanagloriando Medulla, que a mí me aburrió lo suyo, y que, ahora sí, Volta y Biophilia pasaron con más pena que gloria por nuestras vidas. Pero Vulnicura merece mejor suerte, y más cariño al recibirlo. Björk apuesta por las voces como hilo conductor, pero no de forma tan extrema o pintoresca como en Medulla.

Björk y Antony, ese matrimonio bien avenido

Realmente, hay mucho de la vieja Björk en Vulnicura. Seguramente las orquestaciones, las melodías tan elaboradas del pasado no lleguen a volver, pero las secciones de cuerda de ‘Family’, por ejemplo, sí las rememoran de forma fiel, o ese arreón de electrónica minimalista a mitad de la fabulosa ‘Black Lake’, que da fe de que el disco ha sido afrontado terriblemente en serio, y con un estado de forma como hacía tiempo que no veíamos. Acertadísimo trabajo de un Arca del que apenas sabíamos nada hasta hoy y de The Haxan Cloak en la producción. El nombre del segundo, conocido su trabajo en solitario, parecía destinado para unirse a Björk antes o después bajo el techo del mismo estudio. El resultado es un disco del que debe abstenerse cualquier escucha somera. Vulnicura exige, pero da lo suyo a cambio.

7.9/10

Hacia el final vemos otro matrimonio de conveniencia, este ya conocido previamente. La voz de un Antony Hegarty mucho más iluminado a la hora de seguir con sus estelares colaboraciones que con contenido propio, surge de la nada, sorprendentemente, en ‘Atom Dance’, y el juego vocal chico-chica ya experimentado en discos anteriores sigue funcionando de maravilla. Así, desde aquel ya lejano inicio de ‘Stonemilket’ hasta una final ‘Quicksand’ que es de los pocos cortes del disco que me deja algo frío ha pasado ante nosotros casi una hora de sutil belleza, de esa que hace tiempo Björk solo nos enseñaba a ramalazos, en destellos de un talento intermitente. Ahora no. Vulnicura es un disco sólido y notable, una especie de resurrección artística de alguien que no tiene porqué, ya cercana al medio siglo, encontrar fácilmente la motivación.

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