Ni tanto ni tan calvo. Que la formación original de Black Sabbath, bueno técnicamente no es así porque falta el batería Bill Ward, se hayan reunido es un acontecimiento, es quizás el mayor acontecimiento musical del siglo XXI. Que el grupo inglés se haya juntado para grabar un nuevo disco de estudio, el primero desde 1978, ha creado muchísimas expectativas, quizás demasiadas para lo que el grupo sería capaz de ofrecer en 13. Y en realidad es eso lo que ha ocurrido, en general parece que Black Sabbath se están versionando a ellos mismos.

13, nada esperábamos y casi nada tenemos

No nos gustó la portada de 13, de la que hace bien poco nos mostraron un vídeo de cómo se hizo. Observándola con detenimiento parece que la impactante imagen del número 13 quemándose nos quiere decir que este trabajo y ni uno más.

Los más críticos sospechaban que la pata del engranaje Sabbath que estaba en peores condiciones, incluso mucho más que Tony Iommi, que confesó padecer un linfoma, una vez anunciado que Black Sabbath se reunían y grabarían un nuevo disco, era Ozzy Osbourne.

El cantante no dudó en declarar que el batería huído no estaba en condiciones de aguantar un concierto de noventa minutos. Pero él mismo confesó que había vuelto a caer en las drogas y el alcohol en el último año y medio. Así que el bajista Geezer Butler se equivocó: éste no es el primer álbum que Black Sabbath graban sobrios.

Su decadencia física y vocal es evidente si se ven algunos de los vídeos de la gira de 13, que comenzó en Auckland el pasado 20 de abril. Ozzy Osbourne es un fantasma, se mueve como un anciano sin energía y desafina como un poseso, por no mencionar su falta de memoria para recordar las letras de las canciones.

Estoy seguro que Rick Rubin, el productor con el que ya tuvieron un coitus interruptus en 2001, habrá sudado la gota gorda para conseguir que las carencias de Ozzy no se noten en el álbum. Aunque su voz es bastante tediosa y falta de carácter en todo este nuevo cancionero.

13, un disco que no es mejor ni peor de lo que esperábamos

Ocho temas de excelso minutaje, a los que hay que añadir tres temas más en la edición deluxe, que suman quince minutos más a un álbum que no es mejor ni peor de lo que esperábamos. Por algo Black Sabbath son los padres del metal. Como se suele decir quien tuvo retuvo, pero aquí el conjunto se ve digamos justito.

Black Sabbath versionándose a ellos mismos

De ‘God is Dead?’, single de adelanto, dijimos que bien había merecido la pena esperar tantos años para escuchar algo nuevo de Black Sabbath. Es cien por cien Sabbath pero, aparte de que se les ha ido la mano con los minutos, dan la impresión de haberse versionado a ellos mismos, algo que no ocurrío con The Devil You Know, el primer y único álbum de Heaven And Hell.

Este poderoso medio tiempo con ecos de Ozzmosis no resulta creíble. Ozzy no parece Ozzy. Me explico; alguno podría jurar que es otro cantante haciendo de él de lo retocada que está su voz. Hay una frase demoledora en la canción: “Fuera de la penumbra, me levanté de mi tumba, a la espera del destino”.

‘The End of The Beginning’ es un poco el santo y seña de 13. El demoledor riff doom de Tony Iommi introduce el tema y de repente retrocedemos más de tres décadas en el tiempo. Ahí está ese bajo y esa batería que recordábamos y el tempo made in Sabbath. El guitarrista zurdo se saca un solo super agudo de la manga y Ozzy no parece estar perdido. La estrenaron el mes pasado en un capítulo de CSI (Crime Scene Investigation) en el que el grupo formaba parte del argumento.

‘Loner’, lo que sería en la lengua de Cervantes Solitario, parece más bien un tema de la carrera como solista de Ozzy Osbourne. Tiene un riff de guitarra hard rock al estilo sabbathiano 70s pero su estructura es bastante confusa.

‘Zeitgeist’ es una balada con un comienzo extraño, cuasi espacial. Black Sabbath goes to folk, pinceladas de psicodelia y la voz de Ozzy pasada por un filtro. No se reconoce en ella a los clásicos de Birmingham.

‘Age of Reason’ actualiza el sonido Sabbath. La batería de Brad Wilk está muy presente y la guitarra de Tony Iommi cruje como antaño. Pero es Ozzy quien no llega a la excelencia, ni tampoco esos arreglos de teclado que les ha colocado Rick Rubin. Podría ser un puntazo en vivo pero no quiero imaginarme como quedaría en manos, perdón, en la voz del cantante.

‘Live Forever’ es otro corte plenamente doom. Brutal el comienzo con guitarra, bajo y batería a velocidad de crucero y luego a uña de caballo. Si alguien nos dijera que es un tema antiguo de Ozzy rescatado para alguna reedición nos lo creeríamos. La frase “No quiero vivir para siempre pero no quiero morir” es significativa. Tony Iommi vuelve a dejarnos una buena colección de riffs y solos dignos de sus galones.

‘Damaged Soul’ da la impresión de que es un homenaje guitarrero a Jimi Hendrix. Podríamos definirla como heavy metal soul, un tema con mucha carga bluesy y alejado tanto de la herencia sabbathiana como de lo que grabaron Heaven And Hell. Tiene un desarrollo que a mí me ha aburrido y peca de sobreproducida y mal producida.

‘Dear Father’ cierra el disco con riffs recauchutados de la era ‘Iron Man’. Ozzy Osbourne habla de un cura pederasta. Nada sorprendente, podría quedar perfectamente como cara B y no nos hubiera importado.

4.8/10

Nos extraña que Ozzy Osbourne haya dicho que el disco seguiría un poco la estela del quinto álbum del grupo, Sabbath Bloody Sabbath, publicado en 1973. Quizás los cuarenta años que han pasado le hayan confundido. Y los otros tres temas que vienen en la edición deluxe: ‘Methademic’, que presentaron ya en vivo, ‘Peace of Mind’ y ‘Pariah’, no van a hacer que cambiemos la impresión que nos ha causado 13.

Black Sabbath — 13 en Hipersónica

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