Black Sabbath — Vol. 4: fórmula mejorada

Marcarse un Vol.4: dícese del acto consistente en que una banda a la que muchos veneran pero yo solamente aprecio, se marque el disco definitivo, aquel que hace caer la barrera de la suspicacia y levante el muro de la cuasi idolatría

Esta rimbombante frase, como os podéis imaginar, fue acuñada por un servidor tras mi primera experiencia con The Hunter, un disco que, además, obtiene su modus vivendi de forma clara de lo que ofrecieron Black Sabbath en el año 1972 tras el primer ‘descanso’ que se tomaron en su carrera. Seis férreos motivos tenemos para confiar en la banda de Birmingham aunque es obvio que, ante tan magno catálogo, al final cada uno acabe optando por una de estas sólidas opciones como su favorita, ya sea el enigmático debut, su solidísima continuación, el gravitacional tercer disco o la radicalización de la propuesta que supone este Vol.4.

Los dos últimos ejemplos serán analizados próximanente pues hoy es el día de centrarnos en un álbum de impronta aparentemente continuísta pero que, por la profundización en la personalidad de la banda que supone, aparte de algunas apuestas progresivas, no goza de la fama que si tienen discos como el anterior o posterior. Es, probablemente, el menos comercial de los seis primeros discos de Black Sabbath pues su peso no se encuentra en la individualidad de las canciones, sino en la sólida conjunción que emana de la suma de las mismas, de la atmósfera enigmática y ocultista que contienen y de los matices que permiten separar a Vol. 4 del resto de los seis primeros discos de Black Sabbath.

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Complicado, por no decir imposible, es encontrar entre los diez temas que componen el álbum uno sólo que tenga madera de single, cuerpo de superventas y espíritu de individualidad. Momentos con elementos rompedores o definitorios hay tantos como canciones tiene el disco, pero es la suma de todos la que da fuerza a un conjunto cuya portada es mucho más descriptiva del contenido del global de lo que a simple vista se presupone.

Vol. 4: el cómo

Aupados por el público a una nube de la que la crítica no era capaz de bajarles, Black Sabbath venían de convertirse con el dúo Paranoid y Master of Reality no sólo en la banda más potente del planeta, sino en una de las más vendedoras. Sorprendidos los críticos (al no comprender realmente qué hacían los de Birmingham) y sorprendidos Ozzy, Iommi, Butler y Ward ante el éxito, el divorcio entre ambos bandos se mantendría en discos posteriores, máxime cuando Black Sabbath pretendían polarizar aún más su sonido y dar un mayor protagonismo al consumo y los efectos de las drogas en su música.

Así fue como Black Sabbath en conjunto comenzarían a introducirse en una espiral de abuso que de momento les iba a ser fructífera en lo artístico a la espera de desencuentros futuros. Cocaina, LSD, marihuana o peyote serían algunas de las sustancias con las que la banda inglesa experimentaría, experimentación que se haría patente en concepto, estructura y campo lírico de su próximo disco, aumentando el influjo de las sustancias con respecto al anterior Master of Reality al alargarse el lapso entre discos más de un año.

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Como es obvio, la compañía discográfica a la que pertenecían, Vertigo, mostró unas reticencias que ya habían espantado a la crítica y obligó a alterar parte del conjunto que Black Sabbath les ofrecían, optando por modificar el nombre de la placa al entender Snowblind como un nombre demasiado explícito y alterando parte de los versos que componían el tema homónimo, reduciendo los versos coronados con la palabra cocaine.

Pero lo que ni compañía ni crítica pudieron evitar fue que las drogas y su prolongado consumo tuvieran una marcada influencia en el proceso creativo y el resultado plasmado en el álbum, convirtiéndose Vol.4 en el disco menos inmediato de Black Sabbath, aquel que cuenta con unas estructuras menos prototípicas, mayor ritualidad y lóbrega atmósfera. Y de entre la neblina espesa, el cargado ambiente que construyeron Black Sabbath, logró sobresalir Ozzy Osbuorne ofreciendo la actuación más inspirada de su carrera, demostrando que entre drogas y oscuridad se movía mejor que nadie.

Vol. 4: el qué

Como decía unas líneas más arriba, el verdadero punto fuerte de Vol.4 se encuentra en el conjunto, en la suma de sutiles aciertos que se encuentran en sus canciones al tratarse de un álbum poco directo aunque nada rebuscado, más enigmático que anterior y posterior y con menos momentos verdaderamente potentes pero manteniendo el caracter transgresor en lo conceptual que venía siendo norma en la carrera de Black Sabbath.

Carecer de himnos como ‘Paranoid’, ‘Children of the Grave’ o ‘N.I.B.’ pone más díficil el acercamiento al oyente ocasional aunque Iommi siga inventándose géneros con la misma facilidad que la clase política española se inventa eufemismos. Así sucede en la inicial ‘Wheels of Confusion’, donde entre la maraña de psicodelia bluesera que enfanga el comiendo del álbum aparece un riff que definiría a la corriente sureña del Sludge que tan bien representarían Pantera o Acid Bath, ocasión que se repite en la final ‘Under the Sun’ con un riff sobre el que gravita toda la discografía de un icono del Doom Metal como es Paradise Lost.

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Sin embargo no es Tommy Iommi el único del cuartero que logra sobresalir a nivel individual, pues hay que reconocer que probablemente sea Vol.4 el disco más inspirado en lo técnico de toda la carrera de la banda inglesa. La base rítmica del cuarteto se muestra aplastante en todo momento conjuntándose a la maravilla, tanto en los increscendos marcados por el totémico ritmo de los riffs de Iommi, en las jams intermedias o finales en las que coronan temas como ‘Supernaut’ o ‘Wheels of Confussion’ o en temas de estructura deconstruída como la desafiante ‘Cornucopia’, canción ante la que Bill Ward estuvo a punto de arrojar a toalla.

Y un aparte merece don Ozzy Osbourne con una actuación en la que hace suyos los 10 temas del álbum (bueno, mejor dicho 9 para no hacer de menos a la marciana ‘FX’), independientemente de que hablemos de medios tiempos, momentos más ceremoniales o acelerados o la brillantísima balada ‘Changes’, canción en la que brilla con tanta fuerza que debería ser estampada en la boca de todo aquel que haya llegado a dudar alguna vez del Ozzy de los años setenta. Y es que Vol.4 es, ante todo, el disco de Ozzy Osbourne, una placa en la que su protagonismo traspasa el icono de la portada e impregna todo el minutaje sobreponiéndose a sus carencias técnicas con un feeling muy difícil de igualar tanto por él mismo como por vocalistas mucho más reconocidos a nivel individual.

Vol. 4: el por qué

Got no religion
Don’t need no friends
Got all I want
And I don’t need to pretend

A pesar de encontrarse por debajo en lo cualitativo de álbumes como Paranoid o Master of Reality, la sombra que Vol.4 ejerce sobre las generaciones posteriores no es menor a la de los otros dos grandes ni muchísimo menos. Como decía al principio, es lógico que a ojos del oyente ocasional el cuarto disco de Black Sabbath pueda parecer inferior, pero ese cartacter aglutinador de todo lo anterior que posee junto a los disimulados pero importantes riesgos que la banda corrió en 1972 lo convierten en un álbum muy especial que te gana cuando se convierte en rutina, conforme el efecto sorpresa de los hits pasados se diluye y lo que permanece es el poso de lo global.

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Y es que Vol.4 no es un álbum que cautiva desde el principio como si sucede con los dos discos anteriores, lo suyo es una carrera de fondo en la que no hay sprints pero si un alto ritmo de navegación que va dejando atrás a todos los competidores. Las armas de ocasiones anteriores estaban más que claras, sin embargo con Vol.4 todo es mucho menos evidente, mucho más sutil a pesar de tratarse de un álbum que es resultado de un fortalecimiento del carácter o personalidad de la banda.

9/10

Black Sabbath lo tenían claro con su cuarto disco. La ruptura ya había llegado, era el momento de consolidar una fórmula y demostrar a dónde les podía llevar. El primer paso tras la consolidación fue el riesgo estructural de Vol.4 y el posterior fue la nueva apuesta por los hits de Sabbath Bloody Sabbath. Y es que aunque los seis primeros discos de Black Sabbath sean una entidad en la que cualquiera pueda confiar, todo hijo de vecino acaba decantándose por uno de los seis primeros hijos de los de Birmingham. Mi apuesta es Vol.4 por su papel aglutinador, cuando acabemos este especial espero me digáis cual es la vuestra.

Especial de Black Sabbath en Hipersónica

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