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Blanck Mass — Dumb Flesh

Cuando vio la luz el esperadísimo tercer álbum de Fuck Buttons, Slow Focus (TP/R, 2013), hubo cierta polaridad en la opinión de los seguidores, a algunos no gustaba ese toque más lento, progresivo y pesado del dúo bristoliano. Sin embargo, a otros nos pareció interesante el moderado cambio en su música por ese énfasis en ambientaciones más cargadas y agresivas. Ese sonido es el que rige el nuevo disco de Benjamin John Power, aka Blanck Mass, la mitad del dúo. En Dumb Flesh (Sacred Bones, 2015) propone básicamente un giro similar al que hizo con su proyecto de cabecera dos años antes: menos drone y más contundencia.

Dumb Flesh, el debut en Sacred Bones de Blanck Mass, ya prometía algo fuerte escuchando los viajes que pegaban sus adelantos, por lo que no se podía esperar poco de él, teniendo también en cuenta su pertenencia a Fuck Buttons. Así pues, este segundo LP del inglés muestra su habilidad para poner en boga las diferentes interpretaciones que es capaz de ejecutar en sus progresiones. De hecho, aquí hay veces que roza casi lo industrial, con percusiones que no se andan con chiquitas; regias, directas y envueltas en ambientes a veces relativamente oscuros.

Y a pesar de esta válvula de escape de Benjamin para dar salida a otras producciones que prefiere no guardar para Fuck Buttons, hay mucho de dicho proyecto en el trabajo, como no podía ser de otra forma. No tanto por los drones, que ya hemos comentado que en este disco no tienen mucho protagonismo, pero sí por esos detalles cristalinos que acompañan a los ritmos que definen los temas, la vigorosidad de las bases, las voces filtradas por la distorsión… es básicamente el mismo concepto. Se trata de un álbum en el que van a disfrutar bastante los acérrimos de atmósferas de épica y mucho detalle en ellas. Y siempre sin llegar a saturar, lo que es un gran acierto viendo la cantidad de recursos que hay en cada tema.

Donde dije drone digo industrial

A pesar de todos estos aspectos, que son los que hegemonizan el álbum, también hay hueco para canciones más sensibleras, como la extraña belleza de ‘Loam’, encargada de abrir el disco. Un vocoder que parece salido de una psicofonía de Cuarto Milenio y envuelto en una atmósfera de distorsión y ruido que sin embargo se ve violentamente respondida por ‘Dead Format’, la hostia que se sitúa en el segundo corte del LP. Y de eso se trata, en líneas generales, Dumb Flesh. Un puñado de enviones que a veces recurren a típicos efectos espaciales y que suelen esconder buenos detalles estilísticos en el grosor de su capa sonora; en esta algo de ácido en capas de fondo, mientras que en ‘Atrophies’ hay un ritmo más propio de Fuck Buttons, por ejemplo.

Pero en general cuando mejor funciona el segundo largo de Benjamin John Power es cuando aprieta el acelerador y te envía al vacío, porque es cuando se desmarca de patrones espaciales más típicos. La violencia que le aporta la base casi industrial es la que hace de este un disco notable, con piezas potentes como ‘Cruel Sport’, que va en un in crescendo tan intenso que al final pareces atrapado en el ojo del huracán gracias a esos retorcimientos sonoros que se perciben. Y el otro tema para enmarcar es el que el sigue, ‘Double Cross’, con acertadas curvas melódicas que ayudan a romper cierta monotonía que pueden generar bases tan similares entre las diferentes canciones. El propio — y sutil — cambio en la estructura de esa melodía le da un extra de valor.

7.7/10

En resumidas cuentas, se trata de un buen trabajo, otra prueba de Blanck Mass en la que demuestra que quiere seguir experimentando con sus sonidos, pues a pesar de que los mimbres son los mismos, la propuesta compositiva de Dumb Flesh no es la misma que la de su primer disco. Un álbum que contentará a quienes se sintieron satisfechos con Slow Focus, es más, el tema de cierre, ‘Detritus’, parece un descarte del mismo. Por lo tanto, buenos auriculares al canto y a disfrutar de la erosión de sus temas de cabecera, puesto que los más tranquilos están faltos de esa agresividad, la cual hubiera aumentado considerablemente el nivel del disco. En cualquier caso, un trabajo trepidante, enérgico y sin caer en maximalismos.

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