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Bleeding Rainbow — Interrupt

De tanto en cuanto surgen grupos obstinados en una idea. Pocos tan tenaces, quizá, como Bleeding Rainbow. Hay que admirar, de algún modo, su empeño en llevar su sonido a un lugar concreto, en este caso el Shoegaze revivalista que tanto fuego purificador merece, al margen de las consecuencias.

Éstas pasan a día de hoy, 2014, en este momento concreto, Interrupt (2014, Kanine), por una repetición vacua y monótona del ya de por sí repetitivo, vacuo y monótono Yeah Right (2013, Kanine), hijos bastardos de un género que hace mucho tiempo que no da más de sí. Es tal la fidelidad al proyecto que Bleeding Rainbow decidieron hace dos años romper con todo rastro de su pasado: de la baja fidelidad y el ruidismo amable de Reading Rainbow pasaron a la lluvia incesante de conceptos conservadores y prescindibles.

Debemos aplaudir la honestidad de Bleeding/Reading Rainbow, no obstante. Gracias al punto de ruptura y a la relativa refundación es fácil diferenciar entre su pasado y su presente: el primero tenía el punto del amateurismo y lo naive, algo siempre a aplaudir en grupos que, al margen de talentos técnicos concretos, optan por los caminos trillados del ruido y la distorsión; el segundo, en cambio, pierde todo encanto casero y se embarca en un pastiche sonoro cuyos momentos álgidos, para más inri, parecen haber quedado enclaustrados en Yeah Right.

Si hubo inspiración en aquellas canciones — depende de a quién le preguntéis — nada queda ya en Interrupt: del Pop al ¿Grunge? En más de una, más de dos y más de tres ocasiones Bleeding Rainbow deciden explorar su lado oscuro. ¿El resultado? Cada uno es libre de juzgar. A mí me recuerdan a Dover.

Todo lo que estaba mal

Por ejemplo, ‘Start Again’. Bleeding Rainbow dan la espalda a lo que se les daba más o menos bien, esto es, el Noise Pop sin demasiadas pretensiones y amparado en cierta coartada blanda que les permitía patinazos aquí y allá, y se adentran en guitarras que se quieren pesadas y turbias. Por ahí el camino ahora mismo está vedado: todo el crédito que podamos otorgar a esa fórmula lo acapara en exclusividad Joanna Gruesome, sin ser lo suyo nada del otro mundo.

Bleeding Rainbow podrían optar por el canon más evidente y competir en la liga de Cheatahs, algo que hicieron en su anterior trabajo. O podrían tirar de manual Lo-fi y acudir a los terrenos tampoco demasiado emocionantes de The History of Apple Pie. Podrían hacer muchas cosas que seguramente les darían mejor resultado, o que al menos se lo dio en el pasado. Sin embargo, nada de eso sucede en Interrupt.

Al contrario: Bleeding Rainbow deciden prácticamente en todas las canciones pisar un acelerador Punk que les va grande. Véase ‘Images’: a mitad de camino entre el Post-punk y el Shoegaze, Bleeding Rainbow funcionan mal en ambientes cargados. Palidecen en comparación al grupo que este año, de momento, mejor ha mezclado los dos géneros más trillados y aburridos de la historia, Eagulls.

2/10

La carga oscura y pesada que Bleeding Rainbow se autoimponen hace que podamos echar de menos sin demasiados miramientos las ya de por sí pobres canciones de su debut y, al menos en lo que a mí respecta, todo lo que habían hecho con anterioridad en Reading Rainbow. De nuevo, no se trata tanto de recurrir a un género habitual como de hacer canciones sin chispa, gracia ni vida. Interrupt podría servir de canon: aquí está todo lo que no deberías hacer si quieres montar un grupo Shoegaze.

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