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Bluefinger — Black Francis

Lo anunciaba Gallego allá por abril y, ya veis, tonto que es uno, se me sobresaltó el corazón. Porque sí, Frank Black ha hecho algunos de los discos más indignos que se pudieran imaginar del mismo tío que lideró los Pixies, pero también tiene joyas por redescubrir (la última, ese Honeycomb cálido donde los haya). Y si encima venía con la vítola de recuperar el seudónimo que usaba en los duendes de Boston, pues la cosa prometía… algo. No mucho, vale, pero algo sí.

La primera en la frente. Captain Pasty, el tema que abre Bluefinger, es un horror digno de ese horroroso The Cult Of Ray en el que Black se ponía demasiado serio. Treshold Apprehension (primera en oírse por internet hace ya unos meses) recupera parte de la locura hipervitaminada y pop de los Pixies, pero no logra quitarse la rémora que sobrevuela casi todas las partituras en solitario de Frank Black: allá donde en los Pixies todo era ligereza y espacios entre instrumentos, en su carrera en solitario todo suena a mazacote.

No mejoran el percal la insulsa Test Pilot Blues ni la desaprovechada Lolita. Algo mejores son las vibraciones de Angels Come To Comfort You (aunque podrían firmarla, yo qué sé, The Kooks) y (siendo muy benévolos) Tight Black Rubber (algo así como una Subbalcutcha al nivel creativo actual). En lo simplemente agradable, Discotheque 36.

Al final, lo mejor del lote es esa Your Mouth To Mine que no debería haber compuesto él, sino cualquiera de sus seguidores. Así están las cosas.

Con más o menos gracia, pero ladrillos demasiado cocidos es lo que hace Black Francis cuando quiere recuperarse a sí mismo. ¿Y si se pierde del todo y deja de amenazar con sacar un disco de los Pixies? ¿Por qué romper la perfección?

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