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Boogarins y la primavera psicodélica

No sólo de Caetano Veloso vive el apartado brasileiro del Primavera Sound 2014. Los grupos de psicodelia, esos que nos pirran en Hipersónica, no paran de darnos alegrías, desnucarnos en la medida de sus posibilidades y hacernos botar y hacer porras a ver que si Temples, que si Tame Impala, que si White Fence, que si MGMT… Si el año pasado fueron Tame Impala quienes vinieron a presentarse ante el público como uno de esos grupos de la nueva ola psicodélica, este año tocan Boogarins, que además exhiben con total elegancia un estilo que divaga por este territorio, pero también por estructuras garagísticas. El año pasado parieron una delicia de debut: As Plantas Que Curam, un disco en el que sumirse y deshacerse en un bucle de tiempo indeterminado.

Los jóvenes Fernando Almeida y Benke Ferraz grabaron su disco mientras estudiaban en el instituto, debutando con Fat Possum, casa acostumbrada a dar a conocer jóvenes talentos que acaban o despuntando a nivel internacional o al menos asomando el hocico. El caso es que mediante una exótica y sugestiva perspectiva de la psicodelia pop -qué menos-, Boogarins han armado canciones con bellas corazas a prueba de cualquier hereje que venga con ganas de desacreditar. Discípulos de Os Mutantes y con el retrovisor apuntando a Foxygen, los brasileños comparten aires de ciertos grupos que les hacen especialmente adictivos en sus fórmulas. El fulgurante papel de la melodía, los coros y recursos vocales (bucle con ‘Despreocupar’) y sus discretos y elegantes punteos constituyen un gran atractivo para pasar con ellos una tarde cualquiera en la que absorber buenas vibraciones.

Sutileza, melodía y temas preciosos

Lo mismo recuerdan a Temples con ‘Erre’, que practican un garage orientado al pop, de facturación cuidada y detallista, a lo Crystal Stilts, en pequeñas joyas como ‘Hoje Aprendi de Verdade’. En esa virtud de no querer sonar tan grandilocuentes como otros compañeros de generación, con intensidad controlada y arreones que podrían ir a más, pero que prefieren aguantar, se encuentra uno de sus encantos. Es lo que les da esa clase, esa sensación de estar escuchando algo realmente bueno cuando abres el disco y empieza a sonar la embriagadora ‘Lucifernandis’ y esa sutileza de riff. Y claro, el toque del portugués les da ese punto exótico que tanto aporta, más allá de sus patrones psicodélicos y ligeramente lisérgicos, tan vistos últimamente. Definitivamente un grupo de primavera.

Con Boogarins tengo la sensación de que es el típico grupo del pasas por encima en tu horario porque no lo conoces, y que después de escucharlo un día de rebote piensas “joder, estos cabrones tocaron aquélla vez y pasé de su cara”. En cualquier caso, verlos también puede suponer cierta osadía, dolor o simplemente una buena apuesta por la juventud. Coinciden el sábado con Superchunk y Television, uno de los platos fuertes del día y del festival. Jodidos solapes, han venido a amargarnos la vida. Suerte que la música de Boogarins produce efectos contrarios para reconciliarte con el mundo. No tienen el mismo peso mediático de otros que juegan en la misma liga, pero tienen una gran proyección de cara al futuro y ya suenan lo suficientemente irresistibles como para tenerlos en cuenta.

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