La cara que se le debió quedar a Brad Mehldau al comprobar por sí mismo que no estaba todo el papel vendido de su concierto en Oviedo debió de ser un poema. El pianista norteamericano, acostumbrado a colocar un sold out en las ciudades por las que pasa. De hecho, en esta corta gira europea, con dos fechas previas en Londres, donde actuó con Joe Henry a la voz, y Bilbao, así sucedió.

Que cada uno saque sus propias conclusiones pero en algunas regiones no nos merecemos a estos artistas, porque a pesar de todo el jazman de Connecticut cuajó un concierto en el que mostró sus dos caras, la del pianista entusiasta e innovador y la del músico por momentos sensible y romántico.

A su lado tuvo al, correcto sin exagerar, contrabajista Joe Martin y al imaginativo Jorge Rossy, percusionista catalán que antaño fue la mano derecha de su trío y que es una maravilla verle sentado a la batería y seguir sus movimientos con las baquetas, hot rods, mazas o escobillas sin apenas inmutarse.

Visto desde la parte superior del patio de butacas del Auditorio de Oviedo sentado en diagonal a Brad Mehldau se me antojó encontrarle cierto parecido físico con Mourinho, con quien comparte esa categoría de estrella. El pianista poco tiene que ver en su aspecto con lo que entendemos como estrella del jazz: Keith Jarret o Chic Corea. Su vestimenta casual: zapatillas, pantalón de tela, camiseta y americana le acercó más a los pocos jóvenes que estábamos sentados que a la mayoría del público ‘adulto’ con los que compartíamos espacio.

‘Alone Together’ de Arthur Schwartz, un estándar del que el trompetista Kenny Dorham ha hecho la mejor versión que conozco, fue la primera pieza de la noche, un calentamiento de veinte minutos en los que sobre todo el pianista y el percusionista ya se ganaron al público con sus improvisaciones al margen del compás principal, no así el contrabajista, discreto, un poco retraído y, si cabe, con pocas ganas de dar espectáculo, apenas si aportando nada al genio de sus compañeros.

Lo que sí comprobamos en Oviedo fue que Brad Mehldau no es el típico jazzman líder que eclipsa a sus músicos y que les impone una férrea disclipina, una barrera que no pueden traspasar; al contrario, él mismo fue uno más del trío, dejando hacer a sus compañeros e incluso siendo un mero comparsa cuando era prescriptivo.

Ahí reside la grandeza de este genio del piano jazz contemporáneo que incluso estrenó una pieza de Jorge Rossy, todavía sin título, que estuvo entre lo mejor de una noche en la que temas propios de Mehldau como ‘Always in August’ y ‘D Waltz’, en las que quizás el pianista se recreó en demasía cargando las tintas en la improvisación, se enmarcaron junto a revisiones.

En este apartado Mehldau, Rossy y Martin le dieron crudeza a ‘Brownie Speaks’ de Clifford Brown, hicieron como si estuvieran en el salón de su casa la delicada ‘I Concentrate on You’ de Cole Porter, le dieron la categoría de clásico a ‘Si tu vois ma mère’ de Sidney Bechet, y a ‘Airegin’ de Sonny Rollins, elegido como otras sobre la marcha por el pianista de entre una lista de posibles, le dieron mucho músculo. Después de casi dos horas de exhibición titánica, el bis se nos antojó ya un regalo excesivo e inmerecido para una ciudad que le debería haber sacado la alfombra roja a la puerta.

Sitio oficial | Brad Mehldau
Fotografía | EFE
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