Recuerdo la sensación de conectar con ‘Cover Me (Slowly)’ como si fuera ayer. Ya han pasado cinco años. Cinco años en los que Deerhunter no solo han crecido sino que se han convertido en uno de mis grupos favoritos de este momento en su campo. Era un simple instrumental pero servía de aterrizaje para ‘Agoraphobia’ y su “come for me / you cover me”. ‘Cover Me (Slowly)’ y ‘Agoraphobia’ eran la pareja de centrales insustituibles aunque en el álbum estuviesen separados entre sí. Hoy, esa pareja sigue sin retirarse y sigue abriendo conciertos que los convierten en mitos. Jóvenes, inestables en tal categoría, pero mitos.

Y es que hay que crearse mitos recientes. No siempre vamos a estar viviendo de los padres. Cuando terminó el concierto de Deerhunter en el primer día del Primavera Sound 2013 yo tenía claro que había estado ante un mito. Bradford Cox se había comido el escenario Ray-Ban. Un escenario en forma de anfiteatro con el mejor sonido de todos los recintos del Primavera. Bradford Cox logró congregar tanta gente que no había sitio, estaba abarrotado, llegamos con los primeros segundos empezados y tuvimos que estar arriba del todo, como si fuésemos voyeurs subidos a una valla; el espectáculo era ajeno a nosotros pero ahí estábamos, oteando. Esa noche Bradford Cox logró la categoría de mito para mí. Mientras, yo bailaba mal, deslavazado y sin ritmo pero feliz. Estaba en otro mundo. En esa valla a lo P. Tinto, siendo el negro de Santander.

Hace unos años Deerhunter estaban en el mismo escenario, con una afluencia de público notable pero sin que se abarrotase. Este 2013 van y se meriendan uno de los escenarios más grandes. El mito estaba ahí, gestándose ante nosotros. Me sorprendió tanta expectación en cuanto a público. Solo cinco álbumes en su haber y ya parecían un grupo de estadio. De estadio “indie” pero de estadio. Luego repetirían en el escenario Heineken, donde suele haber peor sonido en comparación, y volvieron a repetir la hazaña de público y calidad (aunque no tan alta). Será el continuo apoyo de Pitchfork, será el buen hacer de 4AD en la promo, será el boca a boca, será lo que sea, pero Deerhunter han pasado a otra liga.

Allí, a lo lejos, dando gracias a las enormes pantallas y a la buena realización visual que la organización puso en ese escenario, veía a un Bradford Cox con un vestido de cebra hasta la rodilla, un flequillazo que parece haberse quedado de sus queridos Ramones, una de las principales influencias de su último álbum, Monomania (2013, 4AD).

Los centrales pararon, el suyo era el juego de sacarla controlada, no era su noche, la tralla y el protagonismo iba a parar a este último trabajo mencionado. ‘Neon Junkyard’ sonó con tal contundencia que me dejó flipado. Estos no eran Deerhunter. No, imposible. Había estado escuchando Monomania y no recordaba que me dejase tan descolocado. Allí se había subido Bowie al escenario y se había puesto el vestido de leopardo para decirle a Bradford Cox: te vas a volver un mito, chaval. Bowie en formato enciclopedia, por supuesto, que si hay una esponja en la música es él.

La suciedad inerte al Lo-Fi pasaba filtrada con una claridad pasmosa. La bofetada no iba a ser solo con capas de reverb, la bofetada iba a ser en forma de grandes canciones donde los mantras funcionan a base de versos y riffs en bucle que unían la psicodelia de Deerhunter con el reciente cariño que dicen haber cogido a Bo Diddley. El Rock ’n’ Roll del 2013 sería el Rock ’n’ Roll de Deerhunter. Todo bajo la atenta mirada de Bowie a quien yo no paraba de ver sobre el escenario bailando ante su nuevo sucesor.

Monomania es un álbum de Glam Rock, de ese Glam Rock perdido y esquivo de las listas. Al igual que le pasó a Bowie y sus esquivos números unos. Bradford Cox es el nuevo Ziggy Stardust de nuestro tiempo y el pasado jueves se comió al padre mientras este le veía emocionado por ver lo bien que le está creciendo el enano. De publicación frenética entre cualquiera de sus proyectos en paralelo o con otras amistades. Bradford Cox crece y crece.

Tiene ese timbre desgarrado feo al que tan bien le casa un filtro al micro, sucio, desgastado y buscando lo imperfecto, como él, que no reniega de la paja entre tanta actividad, en especial en Atlas Sound o en la primera etapa de Deerhunter, con Turn It Faggot (2005, StickFigure) o Cryptograms (2007, Kranky). Ahora se podría plantar un traje de lentejuelas (o un vestido) y convertirse en Marc Bolan convirtiendo ‘Dream Captain’ en un himno de baile y de estadios. Deerhunter están en ese momento. En ese momento de decir: ¿qué va a pasar? Se van a comer el mundo, eso pasará.

Hace cinco años ya me creé ese mito en forma de álbum con Microcastle / Weird Era Continued (2008, 4AD), donde casualmente Nicolas Vernhes toma el control de la producción y ahí empiezan otros Deerhunter. Al igual que con Bowie empezó otra movida cuando Tony Visconti era quien se ponía tras la mesa. Y al igual que con Bowie, Nicolas Vernhes ha vuelto en este último Monomania — Halcyon Digest se lo repartieron entre Deerhunter, Ben H. Allen y Henry Barbe. ¿Pasará como a mediados de los 70 que tras la vuelta con Visconti Bowie empieza otra etapa dorada hasta que llegue el Nile Rodgers de turno y rompa esa magia? Yo apuesto por el sí.

Aunque Cox ya canta:

I know they won’t believe me, but
I’ve got favorite memories, well.

Sobre el escenario aquellos dardos de Lo-Fi ambiguo y cada vez más amplio eran dardos imparables, eran ese mito de lograr superar a los padres, de pararse, mirar atrás y sonreír ante todo lo que queda por disfrutar con Deerhunter porque mañana será imposible prever qué hará Bradford Cox. Por el momento, que no se quite el vestido de leopardo, que siga escogiendo bien los escenarios y que no suelte a Nicolas Vernhes como productor, ni tampoco a Lockett Pundt (de Lotus Plaza) como segunda voz.

Deerhunter acaban de empezar a ser el supergrupo que dentro de diez años los chavales mencionarán como hoy nosotros alabamos a Television o a los grandes años de The O’Jays. Mientras, que suene en bucle:

Can’t you see
Your heart is hard now
Your heart is hard now
Can’t you see
We’ve grown apart now
We’ve grown apart now

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