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Britney Spears — Femme Fatale: oportunismo electrónico e impersonal

Britney Spears es una de las artistas con más habilidad para sobrevivir a todo tipo de catástrofes discográficas y personales. Resurgió como ave fénix en aquellos míticos MTV VMA que dejaron boquiabiertos a medio mundo y que precedieron uno de los retornos más espectaculares del pop comercial de la década. Blackout nos descubrió a una ex lolita capaz de reírse de sí misma y de cuantos la detestan sin que le importe lo más mínimo y encima lo suficientemente hábil como para disfrutar y hacer disfrutar al mismo tiempo.

El fuelle se le deshinchó ligeramente en Circus, del que una parte del tracklist tendía a lo prescindible y casi dejaba de lado lo que había logrado con su anterior trabajo. Dos años y medio han sido necesarios para dejar que este disco fuera pasando a un segundo plano y llegara el momento adecuado para sacar nuevo material. Uno de los principales problemas que le veo a la música comercial del último año es esa soberanía prácticamente incuestionable de la electrónica que está haciendo que una tras otra, las divas del mainstream caigan en sus redes generalmente con poco acierto.

Femme Fatale es la apuesta de Britney Spears para volver a colocarse a la cabeza de la troupe. En un mercado que siempre ha sido tremendamente competitivo pero que con esta nueva oleada estilística se ha convertido en una verdadera pelea en el barro entre las ya afincadas y las aspirantes sin nada que perder, la que en su día fue indiscutible princesa del pop ha sabido capear el temporal y parir un álbum que no será el mejor de su carrera pero que tampoco será el que la traslade al país del olvido, ni mucho menos.

La parte por el todo

Uno de los detalles que más llaman la atención en una primera escucha de Femme Fatale es que prácticamente cualquier canción podría ser un single o directamente ser escuchada en la sesión de turno a intempestivas horas de la madrugada. Dentro de este cóctel de electropop, dance y pinceladas electrónicas, el objetivo claro no es el de crear una compilación coherente, el de tener una narrativa concreta o simplemente una evolución determinada a lo largo del tracklist, sino que uno tras otro se suceden las experiencias, todas bajo un tinte demasiado similar y que hacen que las canciones sean mucho más interesantes sueltas que en conjunto.

Britney Spears ha decidido explotar al máximo las posibilidades de este disco de cara a las pistas de baile y ha sacrificado la unidad y la discursividad en el altar del rédito comercial. Posiblemente la jugada le salga magníficamente bien, ya que una por una podemos encontrar pecadillos deliciosos como ‘Big Fat Bass‘, con will.i.am.

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Britney Spears nunca ha tenido una gran voz, pero sí la habilidad suficiente — y los arreglos necesarios — para tener un timbre muy característico y lo bastante eficiente como para librarle las batallas con cierto donaire. Esta baza está lamentablemente perdida en Femme Fatale, donde el barniz electrónico lo cubre hasta tal punto que su voz se convierte casi en anónima. La simplicidad además en la mayoría de los cortes es tal que, unida a ese anonimato vocal, da la sensación de que cualquier artista podría interpretarlos con la misma resolución que la titular.

Por otro lado, Femme Fatale peca como conjunto de ser una compilación de canciones de gran similitud entre sí, sin grandes variaciones ni catarsis alcanzadas tras un crescendo del tracklist. Simplemente se trata de una sucesión tras otra de distintos puntos de vista de una misma idea, y todos bajo una tónica común que los hace grises al escucharlos de una pasada. Entretenidos, sí, pero en momentos resultan recursivos y terminan por saturar, como ocurre de cara a la segunda mitad del disco con temas como ‘Trip To Your Heart‘.

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