Broods — Evergreen

Nueva Zelanda, el país de los kiwis, el de los equipos deportivos que hacen la haka antes de plantar batalla al rival; la tierra en la que Peter Jackson nos descubrió que se encontraba Hobbiton, y el país que el año pasado nos dio uno de los mejoras álbumes de pop, el Pure Heroine de Lorde…

Pero allí so sólo está ella; hay más jóvenes esperando su momento, como es el caso de los hermanos Georgia y Caleb Nott, conocidos musicalmente como Broods. Eso si, lo que no parece haber es más de un productor por aquellas tierras, porque este dúo primerizo, como Lorde, ha echado mano también de Joel Little para la producción, aunque el resultado aquí no sea tan personal.

Broods, nada nuevo desde el horizonte de las antípodas

Porque, en el debut de Broods, Evergreen, encontramos synth pop menos oscuro que el de su compatriota, y si, menos personal. Hay mucho de lo que encontramos hoy por hoy en el panorama internacional, como en CHVRCHES o en London Grammar, e incluso la voz de Georgia, que lleva la voz cantante en todos los temas, valga la redundancia, suena demasiado familiar (hay momentos en que te parece estar oyendo a Imogen Heap), sin unos rasgos que la caractericen especialmente, como si ocurre en el caso de Lorde o de London Grammar.

La fuerza de este dúo no reside precisamente en la originalidad, sino en hacer (muy) bien lo que hacen. Canciones sólidas y una producción más que acertada, patente además a lo largo de todo el disco, componen una fórmula perfecta e inteligentemente mezclada, para canciones que se pasean sobre todo por el medio tiempo, sin estridencias de ningún tipo y sin abusar de baladas.

En Evergreen, once son los temas que estos chicos han ido componiendo y a los que han dado una primera forma en su propio estudio casero, como tantos proyectos musicales de los que ven la luz estos días. De ellos se han adelantando hasta tres singles que han servido para crear el conveniente hype alrededor de ellos, haciendo también que, al “estrenar” el disco en nuestro reproductor se echen en falta más temas nuevos.

De cualquier manera, los tres temas elegidos como singles hasta la fecha, ‘Never Gonna Change’, ‘Bridges’ y el más reciente ‘Mother & Father’ hacen la trilogía perfecta como tarjeta de presentación, poniendo desde el primer momento las cartas sobre la mesa para que no tengamos duda alguna sobre lo línea que seguirá todo el álbum. Muy buenos temas, sin relleno, y manteniendo el nivel más o menos constante, tanto en las melodías como en las letras trabajadas y honestas: sorpresas, cero.

Evergreen, o cómo mantener el nivel de principio a fin

Sin ir más lejos, del apatismo a la melancolía por la que se pasean los tres singles lanzados hasta la fecha, tenemos que pasar a ’L.A.F.’ (acrónimo para loose as fuck), que es quizás el tema con los ritmos más acelerados de la colección y el que mejor single futurible. Disfrutable de principio a fin y pegajoso como ninguno en el listado, gracias sobre todo a su estribillo y a esos ritmos entre la electrónica y las clásicas palmadas.

Hay lugar para los momentos más dramáticos, como en ‘Everything’, ‘Killing You’ o la desnuda ‘Medicine’, todas entre el medio tiempo y la verdadera balada: es en estos dónde más se acerca el sonido de Broods al de su paisana Lorde, aunque el que da título al disco, ’Evergreen’, con sus ritmos cercanos al ‘Teardrop’ de Massive Attack, y su estribillo coral, también podría haber venido firmado por ella.

En un estilo similar al de ‘L.A.F.’ pero sin llegar al gancho de esta, tenemos ‘Sober’ o ‘Superstar’, con la que se cierra el disco dejando los ánimos arriba. Ritmos rápidos y estribillos de esos que se graban en la cabeza, aunque antes hay tiempo para bajar el ritmo también e irse hasta una balada cercana a las del RnB femenino más actual y comercial como ‘Four Walls’.

7.7/10

Al final, tras escuchar Evergreen, queda la sensación de no haber oído nada nuevo, pero de que lo oído funciona a las mil maravillas. La primera escucha cuesta un poco más, quizás porque las canciones no se le llegan a quedar a uno, por sonar demasiado parecidas entre ellas. Pero con unas cuantas escuchas, uno va descubriendo que, además de buenas ideas y una buena producción, tras estos neozelandeses hay un dúo capaz de hacer que los 41 minutos que dura su debut se nos pasen en un suspiro.

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