Hace ya más de seis años mi compañero probertoj afirmaba que prefería al Bruce Springsteen cabizbajo y polvoriento que al rockero épico y demagogo a colación del lanzamiento de Magic. Hoy me encuentro ante la necesidad de suscribir el comienzo de su crítica palabra por palabra y no solamente por lo que es una posición totalmente personal, sino porque el último disco del de New Jersey, High Hopes, es, dentro de los estándares de calidad de los que The Boss jamás podrá apearse, la muestra de todo lo que no me gusta de Springsteen aderezada con un elemento, para muchos diferenciador, al que por más que lo intento, no encuentro acomodo.

Pocas, muy pocas ganas tengo de dedicar agrias palabras a un artista por el que mi admiración no ha parado de crecer una vez he sido capaz de separar músico de la empalagosa cobertura informativa que lo rodea. Obligado debería verme a ser benevolente teniendo en cuenta que este High Hopes es una simple recopilación de temas inéditos, caras B, versiones y temas con una mano de chapa y pintura, pero, como decía antes, estas 12 canciones encierran algunos despropósitos ante los que no puedo morderme la lengua.

Temas inéditos que lo eran por algo

Seguidor como soy del Springsteen íntimo de The River o Nebraska, siempre he tenido dificultades a la hora de enfrentarme al Springsteen más ‘festivo’ e irlandés inmortalizado de la mano de la E Street Band. Wrecking Ball fue una sorprendente y reseñable excepción a pesar de tratarse de un disco de manual pues Springsteen fue lo suficientemente hábil como para dosificar el azúcar y el bombo y platillo, conformando un álbum al que probablemente regrese con más frecuencia que a otros más ‘valorados’ como The Rising.

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Sin embargo, la mano izquierda presente en Wrecking Ball no aparece por ningún lado en High Hopes demostrando que, aparte de desafortunado en aspectos técnicos, Bruce Springsteen ha patinado en la selección de los temas incluídos en el álbum, excesivamente pomposos los más festivos y autoparódicos los más relajados e introspectivos. Entiendo temas como ‘American Skin (41 Shots)’ puedan haber sido reclamados con fuerza por los seguidores del cantautor norteamericano, pero viendo la difícil ubicación del mismo en High Hopes o el verdadero nivel del tema despojado de la fuerza del directo, empiezo a entender porqué la canción se había quedado fuera de los largos hasta el momento.

El factor Tom Morello

A la desafortunada selección de temas y la renqueante voz de Springsteen, patente en los temas más ‘desgarrados’, hay que añadir al factor diferenciador que anunciaba unos párrafos más arriba. Habilidoso como nadie a la hora de crear humo y artificio, Tom Morello solo es capaz de encontrar acomodo en la primera mitad de ‘The Ghost of Tom Joad’ y todo gracias a que es un tema remozado y redecorado a su antojo, despojado de la agonía desgarradora de la armónica de Springsteen para dar espacio a sus virguerías al mástil.

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Y a pesar del esfuerzo realizado por encontrar acomodo al guitarrista de Rage Againt the Machine, el mismo permanece desubicado en todo y cada uno de los temas en los que aparece, más empeñado en demostrar su capacidad ‘ruidosa’ a las seis cuerdas que en respetar la atmósfera de los temas o en aumentar la epicidad de los mismos en el típico solo final. Así sucede en ‘Harry´s Place’ donde parece ir por su lado mientras Springsteen va por otro, en ‘Heaven´s Wall’ donde el aire World Music contrasta aparentemente con su solo o en la ya citada ‘The Ghost of Tom Joad’, donde su actuación sobrepasa lo épico y alcanza lo chirriante con un solo final que, para que me entendáis, no pega ni con cola y destroza totalmente el, a pesar de todo, mejor tema de todo el disco.

Aún así es injusto cargar a Morello de toda la responsabilidad ante un disco fallido como High Hopes pues, como insinuaba al principio, es el propio Springsteen quien demuestra ser su mayor enemigo en un álbum donde el de New Jersey chapotea sobre las aguas del autohomenaje para acabar ahogándose en la autoparodia.

3.5/10

No cabe duda de que Bruce Springsteen es el mejor en lo suyo, pero lo suyo es algo tan delicado, tan arriesgado, que si los ingredientes no aparecen en su justa medida, bien dosificados, el riesgo de caer en errores como Human Touch se hace incontenible. High Hopes no es un despropósito a ese nivel pues es otro tipo de despropósito. Crucemos los dedos por el regreso de la armónica y por el abandono del pedal de efectos. Muchos lo agradeceremos.

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