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Bunbury anuncia que lo deja temporalmente: sus cinco mejores canciones en solitario

Enrique Bunbury, ese zaragozano que es algo así como el Jack Sparrow de la música española, ha anunciado que lo deja (comunicado oficial), que se va a tomar un descanso y que si le vemos próximamente quizás sea en cosas alejadas a la música, o al menos alejadas del histrión cabaretero y sudoroso en el que se convirtió desde que nos deseó “suertecita”.

Sí, ya iba siendo hora de tomarse una pausa porque el olor a rancio comenzaba a ser nauseabundo. Falta hacía y desde hace tiempo. La rutina, la desidia y la excentricidad de baratillo estaban muy cerca de mandar al carajo a la carrera de uno de los artistas más importantes que ha dado el Rock español en toda su historia.

Fue en 2004 cuando todo comenzó a torcerse tras lograr que muchos asimilásemos lo que fue uno de los saltos al vacío más arriesgados que hemos podido ver en la música patria. Muchos no lo recordaréis o simplemente no lo vivisteis, pero Bunbury logró encadenar tres discos magníficos tras la disolución de Heroes del Silencio, tres discos que además supusieron una reinvención triple, primero saltando a la música electrónica de forma inesperada y luego dando un volantazo hacia el Pop más clásico e íntimo para después regresar al Rock al frente de una Big Band, algo nunca visto en la música patria.

Nos costó aceptar el adiós al Hard Rock o al Rock Gótico de Héroes del Silencio pero la evidencia se acabó imponiendo, Radical Sonora (Chrysalis, 1997), Pequeño (Chrysalis, 1999) y Flamingos (Chrysalis, 2002) fueron tres discos muy sólidos, tres bofetadas a los escépticos y tres empujones a la carrera de un músico que por aquel entonces parecía no tener techo.

Sin embargo, como os decía, la comodidad y la autoreferencia comenzaron a instalarse en 2004 y años posteriores acabando con Bunbury en la autoparodia, dejando al que fue uno de los ídolos de mi adolescencia en una posición en la que el personaje se había merendado al artista, algo así como le ha venido sucediendo últimamente a un cada vez más hostiable Johnny Deep.

Las Consecuencias (EMI, 2010) fue un oasis en el desierto y los siguientes pasos continuaron ahondando en la ausencia de ambición y la autoreferencia del músico que trabaja por compromiso, que ha dejado de amar lo que hace y que, atrincherado, se defiende diciendo no oler a muerto sin saber que tiene la pituitaria hecha trizas de tanto pachuli y tanto adobo.

Loable es dejarlo hoy aunque más loable habría sido haberlo hecho hace unos años, antes de coquetear con el 15M de forma pueril y oportunista o antes de montar en el periodo de promoción de Hellville de Luxe (EMI, 2008) uno de los espectáculos más bochornosos que recuerdo. Dice querer descansar del escenario y quizás embarcarse en proyectos alejados del mundo de la música y lo entiendo y lo agradezco. Bunbury es una persona con talento más que suficiente como para destacar en el mundo de la literatura, por poner un ejemplo, si realmente se lo propone y decide tomárselo en serio. Puede sea ésta la manera de regresar más adelante a aquello por lo que muchos le estimamos aceptando una madurez que ya debería ser una realidad y siendo consciente de que por muy importante que pueda ser el personaje, el artista nunca puede dejar que le fagocite.

Estos son los cinco momentos que destacaría si alguien me preguntase por la etapa más brillante de su discografía. Todos al principio, todos mucho antes de que Enrique Bunbury se convirtiese en su propio Celebrities.

Negativo (Radical Sonora, 1997)

https://www.youtube.com/watch?v=NwW51mI9CQA

Recién disueltos Héroes del Silencio tras la gira que se inmortalizó con el apoteósico Parasiempre (EMI, 1996), Enrique Bunbury debutó en solitario con pelo corto y armado de cajas de ritmo y arreglos electrónicos. radical Sonora fue un disco incomprendido por los fans de la banda zaragozana pero pasado el tiempo ha acabado siendo apreciado como un ejercicio valiente y no exento de calidad. Nadie se habría imaginado que la respuesta a Avalancha (EMI, 1995) por parte de Búnbury sería apostar por el Rock Industrial.

El Extranjero (Pequeño, 1999)

Y si difícil de asimilar en su momento fue Radical Sonora ya os podéis imaginar qué pasó con Pequeño, un disco que hizo honor a su título destilando intimismo sincero y rompiendo con todo lo que hasta el momento cualquiera habría podido relacionar con Enrique Búnbury. La apuesta fue el clasicismo a lo Scott Walker de los años 60 y el cabaret, y el resultado un álbum honesto y que pasado el tiempo se sostiene en unas letras con las que es imposible no conectar.

Contar Contigo (Flamingos, 2002)

https://www.youtube.com/watch?v=LMPBnP1INhE

Tercer disco en solitario de Búnbury y tercer regate al defensor, como si quisiese zafarse del poco público que aún le quedaba. Para la ocasión el zaragozano hizo una especie de back to the roots, comenzó con el pavoneo pero sin que ello significase fallar por exceso. El Rock había vuelto y el resultado convirtió a Flamingos en su disco con mejor recepción en el momento del lanzamiento.

El Rescate (El Viaje a Ninguna Parte, 2004)

Búnbury comenzó a perder el control en el año 2004 con un disco doble en el que había mucha paja y pocas, aunque interesantes, muestras de su talento. Su búsqueda le llevó a varios lugares del globo pero lo extraído no fue incorporado de la mejor manera a su eclecticismo, la caricatura que hoy es se asomó por primera vez en El Viaje a Ninguna Parte y el circo de tullidos y la señorita hermafrodita mandaron todo al carajo.

De Mayor (Pequeño, 1999)

Pasado el tiempo, si hay un disco del buen Búnbury al que me gusta regresar es a Pequeño, un disco al que odié con todas mis fuerzas pero del que acabé enamorado por eso de que del amor al odio hay solo un paso. Antaño me habría dado vergüenza reconocerlo, hoy no me muerdo la lengua al decir que canciones como la homónima o ‘El Viento a Favor’ dan forma a uno de los discos más mágicos y sobrecogedores que se editaron en España en toda la década de los 90. Hacerse mayor es esto, aprender a ser pequeño.

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