Cambiar mucho en muy poco tiempo: Mercury Rev

Evolución, esa palabra. Nos podemos pasar horas discutiendo, teorizando, pontificando sobre la evolución de tal o cual banda, sobre la falta de ella en otra o sobre su necesidad misma. Podemos llegar a argumentar una cosa y la contraria, alabar a un grupo por cambiar y defender a otro contra viento y marea porque qué falta hará que cambien. Surge a veces también el dilema peregrino de la identidad de una banda: ¿tiene sentido firmar con el mismo nombre algo que ya no tiene nada que ver con la idea que dio origen a esa marca? ¿No está para eso el (a veces) bendito concepto) del “proyecto paralelo”? ¿No habría sido, por ejemplo, mejor recibido en su época el ahora reivindicado Think Tank si Damon Albarn lo hubiese bautizado con alguno de sus infinitos alias? ¿O eso es un recurso de cobardes? Estos días hemos hablado mucho de la evolución de las bandas (quizá sobre todo de una) y yo me he acordado de una que cambió muchas cosas muy deprisa: Mercury Rev.

Puente turbulento sobre aguas turbulentas

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Es probable que haya un sector del público que piense que Mercury Rev siempre han sido lo que son hoy (o lo que eran en 2008, de cuando data su último disco), pero en realidad hubo un tiempo en que sus coordenadas estaban muy alejadas de la exquisita pulcritud hecha pop que ahora exhiben en su tarjeta de visita. En realidad se forman como sexteto a finales de los 80 en Buffalo (estado de Nueva York) con David Baker de cantante y Jonathan Donahue a la guitarra. Mercury Rev jamás fue un grupo de amigos: en sus inicios funcionaban como un colectivo escasamente cohesionado que se reunía periódicamente con el propósito de poner bandas sonoras a los filmes experimentales que rodaban varios de sus miembros, mientras cada uno mantenía múltiples actividades por su cuenta, que en el caso de Donahue y el bajista Dave Fridmann incluía trabajar con The Flaming Lips, una banda esencial para entender los inicios de los Rev.

De alguna forma, aquel grupo de individuos logró dar forma a un primer disco, Yerself Is Steam. Un disco de gestación caótica, lanzado por un sello que quebraría casi inmediatamente, sin una distribución decente, que ha conocido varias ediciones y otros tantos tracklists. Pero un disco al fin y al cabo y, de hecho, uno prodigioso: excesivo, experimental y rotundamente autoconsciente, va del ruidismo a la psicodelia, busca el space rock por el camino más difícil, como en la monumental ‘Chasing A Bee’, se sumerge en la más tortuosa oscuridad propia de The Cure en ‘Very Sleepy Rivers’ y, mientras combina aciertos y errores por igual, tiene tiempo de construir monumentos como ‘Frittering’. En 1993 llega el segundo acto, Boces, igual de caótico aunque la suma de sus furiosos y destartalados ramalazos, llena de también de momentos sublimes, no consigue el mismo resultado de la primera entrega (e, igual que en el primer caso, resulta complicado explicar por qué). La cosa no puede durar mucho más y a Baker le muestran la salida.

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Baker intentó sacarle un ojo con una cuchara al guitarrista Grasshopper en un vuelo, perfecto y gráfico resumen de un contexto insostenible

Aquello no fue producto de un calentón; si acaso, cabe preguntarse cómo la situación pudo aguantar tanto tiempo. Si a Mercury Rev ya les costaba reunirse para grabar, algo que ni se planteaban era ensayar para sus conciertos, aquellos conciertos que a veces empezaban sin un setlist acordado, con un cantante que se paraba a beber cuando le daba la gana (a veces en mitad de una canción) y donde cada uno acudía a la sala de turno por su cuenta, al margen de los demás. Hay una historia (será cierta o será falsa: como siempre estos casos, eso es lo de menos) según la cual Baker intentó sacarle un ojo con una cuchara al guitarrista Grasshopper en un vuelo, perfecto y gráfico resumen de un contexto insostenible. Las versiones de la salida del vocalista contadas en público difieren: la flautista Suzanne Thorpe dijo en una entrevista que se trataba de diferencias personales, mientras que Donahue reconoce abiertamente que el problema con Baker “era su personalidad”. Daba igual, la cuestión era que aquello se había acabado.

Fueron tiempos turbulentos, hasta el punto de que el grupo se negó durante mucho tiempo (y pocas veces desde entonces se han saltado esa regla autoimpuesta) a interpretar en sus conciertos canciones de Boces: era como revivir viejos fantasmas. Donahue lo explicaba así en una entrevista en 1996:

Fue muy doloroso hacer Boces. Mientras lo hacíamos hubo muchas drogas, mucho alcohol y muchos momentos duros. El disco todavía me encanta, pero es como ver a una exnovia con la que tuviste una ruptura muy dolorosa: no es fácil encontrarte con ella todas las noches y decir “Hola, cómo te va, qué tal con tu nuevo novio”

La metamorfosis melódica

Y entonces se produjo el viraje. No fueron Mercury Rev el primer grupo del mundo en tener que hacer frente a la marcha de su vocalista (nada más lejos), pero sí es verdad que es menos frecuente el caso de bandas que, lejos de contratar una nueva voz lo más parecida posible para que parezca que nada ha cambiado, aprovechan para hacer limpieza general y cambiar de rumbo manteniendo la misma firma. En 1995 lanzan See You On The Other Side y en cuanto uno le da al play y empieza a escuchar ‘Empire State (Son House In Escelsis)’ nota que casi todo ha cambiado: ahora todo parece calculado, ordenado, encaminado hacia un fin concreto. Cada vez más cuidado, más depurado, más libre de aristas: ya sólo el registro de la voz de Donahue, en comparación con la de Baker, lo decía todo. Y eso que aquél era sólo el disco de transición (ahí está la rugosa ‘Young Man’s Stride’, metida un poco con calzador para evitar que el público abandonara la sala al poco de comenzar la proyección), pero el camino hacia lo política-musicalmente correcto había comenzado y no existía marcha atrás posible.

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Porque el celebrado y muy vendido Deserter’s Songs, de 1998, sería el que trajera la sublimación de unos Mercury Rev que habían culminado su transformación total. Lejos de todo lo anterior, ahora se buscaba el planteamiento, nudo y desenlace, los pies y la cabeza, la perfección formal de un pop multiorquestado y vestido de gala. Es el disco que contiene sus canciones más populares (las soberbias ‘Opus 40’ y ‘Goddess on a Hiway’) y el que tiene más claro su concepto y muestra una facilidad mayor para ser entendido como unidad, como demostraron hace un par de años cuando lo interpretaron íntegramente en una inolvidable serie de conciertos de lagrimilla fácil, sí, pero inevitable. Y es también el disco que supuso el triunfo de la cabezonería de Donahue, que se propuso lanzar otro disco de “los nuevos Mercury Rev”, cuando nadie lo esperaba ni en muchos casos lo quería, tras el fracaso del anterior.

Mercury Rev emprendieron, pues, la habitualmente suicida maniobra de cambiar muchas cosas en muy poco tiempo y lograron la gesta de parir un par de obras maestras, una dentro de cada una de sus encarnaciones. Poco se ha sabido, por cierto, de David Baker tras abandonar el grupo, más allá de su fugaz proyecto Shady. Cualquier cambio radical, ya se sabe, suele cobrarse sus víctimas.

Discografía de Mercury Rev

  • Yerself Is Steam (Jungle Records/Columbia, 1991)
  • Boces (Beggars Banquet Records, 1993)
  • See You on the Other Side (Beggars Banquet Records, 1995)
  • Deserter’s Songs (V2, 1998)
  • All Is Dream (V2, 2001)
  • The Secret Migration (V2, 2005)
  • Snowflake Midnight (V2/Yep Roc, 2008)
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