Siempre he sentido que había una especie de barrera bastante sólida que me separaba de The Libertines, que me impedía conectar tan plenamente a nivel emocional con ellos como sí sucedía con mucha gente que me rodeaba y me rodea. Reconozco que me mantuve bastante ajeno a su trayectoria, por lo que terminé llegando a su música tarde (como detesto esa expresión) y una vez se cruzaron en mi camino solo arrancaron de mí una reacción fría y distante. No me parecían malos ni mucho menos, pero tampoco tan buenos como me los vendían. Simplemente simpáticos. No puedo explicarlo de manera racional porque al final todo se resume en un asunto de filias y fobias. Sencillamente ellos y yo no parecíamos casar.

No obstante, no hay absolutos en esto de la música y debéis huir de aquel que quiera convenceros de lo contrario. No hace falta que sea el fan número uno de Pete Doherty y Carl Barât para poder tenerlos en la recámara de mi biblioteca musical. Porque nunca se sabe cuando te puede apetecer volver a ellos. Como me ha pasado a raíz de la reciente publicación de Anthems for Doomed Youth (Virgin EMI, 2015), que en vez de provocarme algo de curiosidad por escucharlo -o incluso alguno de los adelantos, pero me parece que eso es harto difícil que ocurra algún día- he terminado quitándole el polvo a The Libertines (Rought Trade, 2004). No tanto porque el disco contenga un cancionero que me parezca fantástico, que me haga disfrutar enormemente desde el principio hasta el final y con el que consiga establecer una conexión emocional consistente. Es más, diría que la fascinación se reduce a una única canción.

Vuelvo a encontrarme en la encrucijada de no saber explicar cómo, siendo para mí The Libertines un grupo sin mayor trascendencia, una canción como ‘Can’t Stand Me Now’ consigue meterme en un bucle de los que no quiero salir. De estar todo el rato con el vello erizado, la cabeza de un lado para otro sin descanso y gritar su borrachuzo estribillo. Esta y ninguna otra canción de The Libertines consigue despertar esas pasiones en mi interior que raramente surgen cuando escucho otras canciones suyas. Sí, me vendréis con vuestra lista de canciones imprescindibles para intentar que vaya por el camino correcto, pero ya digo que este asunto va más allá de lo meramente racional. No se puede forzar el click.

Have we enough to keep it together?
Or do we just keep on pretending
And hope our luck is never ending
You tried to pull the wool I wasn’t feeling too clever,
You tool all that they’re lending
Until you needed mending

Y este retrato de la volátil relación entre Barât y Doherty cuenta con interruptores por todos lados para poder hacer click. Las sublimes guitarras del inicio, el irresistible ritmo, las subidas que conducen a bajadas para luego volver a subir, la estimulante batería, el alcoholizado estribillo, la compenetración de las voces con su toque entre lo visceral y la dejadez. Hasta una armónica a final del tema, que eso siempre da puntos. Quizá esa muralla que existe entre The Libertines y yo algún día se termine derrumbando, quizá no lo haga y continúe volviendo a ellos de manera muy esporádica, aunque sea sólo para encerrarme en las cuatro paredes de ‘Can’t Stand Me Now’ y pueda olvidar durante tres minutos que esa barrera existe.

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments