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Caspian — Dust and Disquiet

Qué jodido es manejar las expectativas, sobre todo cuando todo lo que rodea al futuro lanzamiento parece que anticipa un trabajo tremendo. Por desgracia, ya has tenido desgracias y decepciones gordas en el pasado aunque el contexto parecía bastante favorable, por eso algo dentro de ti empieza a temer. Resulta curioso ese salto de un extremo al otro de las emociones que conciernen al hype, yo nunca paro de asombrarme al ver que experimento momentos como el que relato en este mismo párrafo.

Así me ha pasado con Caspian, una banda que venía de dar numerosos pasos buenos, como venir de sacar uno de los discos más bellos y sobrecogedores del post-rock estos años con Waking Season (Triple Crown, 2012) y, para colmo, lo que iban adelantando de su cuarto álbum de estudio estaba sonando magnífico. ¿Por qué se despiertan temores en mi interior entonces? Como ya digo, chascos anteriores aunque ninguno relacionado con los de Beverly que, reconozcámoslo, les tocaba afrontar este disco como la hora de la verdad, con más ojos fijándose en ellos y su próximo movimiento que nunca. No es algo fácil y muchos sucumben ante tal tesitura.

Caspian, la emoción por bandera

Pero poco importa todo eso cuando nos ponemos cara a cara con Dust and Disquiet (Triple Crown, 2015), todo se disipa y lo único que queda por delante es el propio disco. No cabía esperar cambios muy drásticos, Caspian le tienen bien cogida la medida su sonido y atendiendo a lo que ofrecen aquí no están dispuestos a renunciar al mismo ahora. Con ello no quiero decir que hayan optado aquí por hacer un disco conformista. Más bien diría que al contrario, se han atrevido con cosas nuevas para ellos, incorporándolas a su estilo y, por qué no decirlo, llevándolas a la práctica de manera soberbia.

Caspian se han atrevido con cosas nuevas para ellos, incorporándolas a su estilo y llevándolas a la práctica de manera soberbia

Se puede apreciar en el álbum cierta tendencia a adquirir una tonalidad más oscura y melódica, algo que nos confirma que el cambio brusco en los colores de la portada con respecto al anterior no es una simple anécdota. Pero lo más destacable en este trabajo es ese toque más ambicioso que presentan para no entregar otro monótono trabajo de post-rock. Inclusión de voces, riffs más pesados rozando la categoría metal, ampliación del número de referencias. Pero ante todo no pierden identidad. Al contrario, la refuerzan y la acompañan de canciones que mantienen muy bien el tipo en comparación con su predecesor.

Empezando por ‘Separation Nº 2’, que abre como si estuviéramos escuchando los primeros minutos de Lift Your Skinny Fists y, tras pasar por los exquisitos minutos de ‘Rioseco’, nos tenemos que poner en pie y rendirnos ante ‘Arcs of Command’. No es para menos, Caspian dan forma aquí a una joya que sin duda trascenderá como una de las mejores piezas de su historia, de esas que se convierten en highlights de futuros conciertos, de esas que te logran erizar el vello sólo con el toque de sintetizador inicial que no nos alerta lo suficiente de la tormenta instrumental que se nos avecina. Logra de manera sorprendente que más de ocho minutos y medio se nos hagan cortos. La sucesión de riffs es monumental, fluída y asombrosa, no llegando a lo predecible y guiándose únicamente por lo que les pide el corazón que hagan, no por la cabeza.

Inclusión de voces, riffs más pesados rozando la categoría metal, ampliación del número de referencias

Quizá ahí está la clave en un grupo como Caspian, siempre capaces de epatar a base de incorporar un plus de emotividad y belleza que pocos grupos en su género alcanzan, por ello entregan algo más que composiciones, son vibrantes canciones que no necesitan casi letra para transmitir y llegar al oyente. No hay mejor ejemplo de lo que intento decir que ‘Sad Heart of Mine’, ese momento del disco que casi nos lleva a la lagrimita -o sacar directamente los pañuelos, depende del grado de resistencia de cada uno- y nos deja el corazón en un puño. No obstante, aquí han apostado por añadir letras en ‘Echo and Abyss’ y la acústica ‘Run Dry’ y hay que reconocerles lo bien empleadas que están, mejorando las canciones y apareciendo en un buen momento para que mantengamos el asombro con el disco.

La segunda mitad logra equilibrar el buen sabor que nos deja la primera primero con la citada ‘Sad Heart of Mine’ y luego con ‘Darkfield’, cuyos detalles de math rock y electrónicos son toda una sorpresa que casa muy bien con esas guitarras con potencia en modo turbina. Por buscar alguna pega mínima que ponerle, diría que el interludio ‘Aeternum Vale’ no ofrece demasiado y suena hasta prescindible, pero rápidamente lo compensan con once minutazos donde suenan más a GY!BE que nunca. Hay ecos de los canadienses durante todo el disco, pero es ‘Dust and Disquiet’ donde más se pronuncian. El resultado es un tema sublime que nos deja con los ojos perlados y con un cierto sentimiento de tristeza al ver que el álbum se está acabando.

8.1/10

Con Dust and Disquiet pasando deliciosamente por mis oídos las posibles dudas que tuviera al principio directamente se despejaban. El talento de estos estadounidenses se impone a lo que sea, ya sea la pérdida de su bajista o la presión de más gente pendiente de ellos. Caspian se marcan todo un discazo en el que no debe haber lugar para las barreras de género. Poco importa el lenguaje empleado -el post-rock-, el mensaje y la pasión con la que lo transmiten es lo que acaba primando, lo que termina dejándonos la piel de gallina y los ojos vidriosos y, también, impresionados.

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