Aparte de ser una de las causas de la incontinencia creativa que describe a Devin Townsend, el trastorno bipolar que sufre y para el cual su labor como creador supone una terapia, significa la racional constatación de la necesidad que el canadiense tiene de ser el reverso tenebroso de sí mismo. Puede que esta hipótesis sea buscarle tres pies al gato, pero haciendo un análisis más o menos exahustivo de su obra, sobre todo si ponemos el foco en lo presentado en los últimos 10 años, el otrora líder de Strapping Young Lad se ha especializado en presentar la cara y la cruz de la moneda de forma alterna, en pasar del ying al yang de un solo salto.

Clara constatación de todo esto es la mastodóntica tetralogía presentada entre los años 2009 y 2011 y para la que el fantástico Epicloud sirvió de guinda, culminación y resumen al mismo tiempo. En ella Devin Townsend corrió el riesgo de caer en la autoparodia debido a su empeño en grabar todo lo que le pasa por la mente, pero en vez de ello, logró alejar fantasmas que ya se cernían sobre él, presentando cuatro discos inspirados y muy diferentes entre sí, siendo cada uno de ellos como cada uno de los puntos cardinales en contraposición con el que le siguió.

De dos de ellos extraemos referencias claras de lo que es este Casualties of Cool, del cual el propio Devin dice llevar masticando durante bastante tiempo y que, no sé si pretendidamente o no, tiene la virtud de situarse a medio camino entre el Folk New Age de Ghost y algunos detalles sureños mostrados en Ki. La elección de Ché Dorval para acompañarle en las voces de un proyecto que, en mi opinión, es el reverso tenebroso de Ghost, va mucho más allá de conceder el protagonismo que la vocalista canadiense no obtuvo en el álbum de 2009, pues como se constata una vez masticado y remasticado este nuevo lanzamiento, hablar de momentos y referencias pasadas es una pérdida de tiempo ante la realidad de que Dorval no solo se presenta como la voz ideal para un disco de estas características, sino que en lo concreto logra hacerse la protagonista sin remisión del álbum, se convierte en la verdadera voz audible de la función.

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Ahora bien, ¿es Casualties of Cool el cacareado proyecto de Country que muchos han querido ver y Devin Townsend se ha empeñado en vender? La verdad es que no, aunque ello no resta un ápice del valor con el que cuenta el álbum. Es evidente que en las 15 canciones que componen el álbum los elementos sureños abundan, pero al igual que si sumamos chapa, ruedas y un motor no tenemos porqué obtener un coche, si sumamos guitarras acústicas con dejes bluegrass, otras eléctricas con slide y algunos elementos de Folk Norteamericano, no tenemos porqué obtener Country. Y digo esto porque, a pesar de que el álbum cuenta con momentos realmente inspirados, Casualties of Cool no tiene la atmósfera súcia y árida del Country outlaw, no cuenta con el toque canalla del Country de Johnny Cash ni con la rebeldía del Country Punk de Hank Williams III. De hecho, permitidme la temeridad, Casualties of Cool está en todo caso más próximo al Country prefabricado que tanto me habréis leído criticar que del sentimental y visceral que venero.

Causa de ello es el sintomático exceso de producción, marca de la casa del Tito Devin, y unas atmósferas que, como consecuencia de lo anterior, se pierden en la distancia que media entre lo onírico, lo gótico y lo desértico. A pesar de esto, el disco logra desarrollarse de forma sólida y equilibrada si logramos no perdernos por el exceso de minutaje que ya es marca de la casa (con la salvedad del perfecto Epicloud) y si, evidentemente, evitamos que los prejuicios y las linealidades nos amarguen el acercamiento al álbum. El adelanto ‘Forgive Me’ ya actuó como sobreaviso, el Country era más un matiz que una realidad, y el álbum se mantiene estable a este respecto logrando funcionar mucho mejor de lo esperado atendiendo a sus posibles defectos.

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Así es como superadas las reticencias pertenecientes al minutaje, atmósfera o género, Casualties of Cool emerge como un conjunto de canciones sólido en el que algunas de ellas alcanzan una entidad inapelable, cada una en su estilo pero apoyándose en una atmósfera que, a pesar de errar en la construcción de un entorno Country, logra funcionar perfectamente si dejamos los nominalismos a un lado y si aceptamos su juego. Prueba de ello es la sucesión que supone la apertura del álbum, en la cual la magnífica ‘Flight’ supone el verdadero inicio del mismo evocando una realidad con la que soñarían los mismísimos Anathema. ‘The Code’ mantiene increíblemente el nivel gracias a la magnífica actuación de Ché Dorval embelesando con su elegancia y sutileza cerrando ‘Moon’ la sección más inspirada del álbum de la mano de un inspirado Jørgen Munkeby al viento.

Pasado el ecuador del álbum las constantes se van tornando más débiles mientras afloran las manías de Devin Townsend y su empeño en ser su propio enemigo. Excesos ambientales, capas y capas sonoras y virguerías en la producción demuestran que el canadiense es incapaz de traicionarse a sí mismo toque el palo que toque, lo cual es de valorar a pesar de que suponga en muchas ocasiones dejar el sabor a ocasión perdida. Esto no quiere decir que Casualties of Cool sea un álbum deficiente ni mucho menos, pero sí es un álbum que demuestra que su autor podría dar mucho más de contar con más voces a su lado de las que tiene dentro de su cabeza, si la mesura se convirtiese en tónica y la polución solamente fuese un mal atmosférico o nocturno.

https://www.youtube.com/embed/TGbNjPJAMhg

Eso sí, más allá de virtudes y defectos, Casualties of Cool es un disco disfrutable y que todos deberíamos escuchar una vez en la vida. No supone la obra maestra que podría haber sido de haber aparecido Rajoy y su tijera por el estudio, pero tampoco es la aberración que debe parecer al purista. Veremos qué sucede con la segunda parte de Ziltoid de Omniscient.

7.3/10

Como ya es norma en la carrera de Devin Townsend, Casualties of Cool no es un disco perfecto pero podría haberlo sido con algún que otro arreglo. Evidentemente esto es pedir demasiado cuando nos enfrentamos a la obra de un artista tan único como el canadiense, para quien no existe el freno ni en los medios de transporte. Así es el Tito Devin y no lo vamos a cambiar a estas alturas del partido. El consuelo, que se le da mejor hacer canciones que discos, y no veas qué canciones.

Devin Townsend en Hipersónica

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