Cat Power — Jukebox

Apunten el primer disco realmente imprescindible de 2008. Chan Marshall se puso el mono de trabajo durante el año pasado para adaptar varias de sus canciones favoritas a su estilo. Y, como ya hizo en The Covers Records, lo que nos devuelve bajo el nombre de Cat Power es una hermosísima manera de demostrar su amor por la música, de buscarle nuevas vueltas, de no quedarse parada y, sobre todo, de dar al oyente emoción. Algo que muchas veces falta, entre discos de impecable factura pero de nulo poder evocador.

En Jukebox hay mil y una razones para sentir ese escalofrío genial que dejan las buenas canciones. Hay mil y unas razones para partirte el alma. Para quedarte con cara de tonto. Para soltar la lagrimilla. Ni siquiera le pesa ese tono solemne con el que ahora afronta Marshall sus canciones.

Confieso que, cuando descubrí que Cat Power había dejando de desnudar tanto su música, me pareció una de las mejores noticias. Y si The Greatest fue un gran disco soul, Jukebox es un disco clásico en el mejor sentido de la palabra. Eso sí, si esperáis que Cat Power os cante las canciones tal y como son, ya os podéis olvidar por completo de él.

Marshall empieza el disco desmenuzando el New York que hizo famoso Sinatra y, a partir de ahí, el oyente ya sabe a qué atenerse. pese a ser un disco de versiones, ninguna de ellas se parece a la original. Y eso, que de por sí ya es un mérito en estos tiempos, no valdría de nada si todo se quedase en la epidermis. Pero qué va: en Jukebox Cat Power rasca hasta tocar el hueso.

Aunque a veces se le ve demasiado contenida (¿por qué en Lost Someone no deja que la canción siga sonando y sonando hasta que sus cuerdas vocales digan basta?), la sensación general es de que para Cat Power éste no es un mero disco de transición o de relleno, sino una obra propia, cuidada y mimada, que vuela alto y que tiene una edición deluxe que sí se merece ese calificativo (sólo la espléndida relectura del Breathless de Nick Cave podría levantar cualquier mal disco).

Tiene hasta la osadía de reinterpretar una de sus canciones, Metal Heart, para su nuevo disco. El resultado, con esas guitarras a lo Neil Young, es auténticamente brutal. A mí, al menos, me tiene hechizado. Las notas promocionales, habitualmente tan dadas a las hipérboles, tienen en este caso razón: “La música de Marshall parece alzarse de la nada, envolver la habitación y luego desaparecer; el oyente sabe que algo le ha golpeado, pero no sabe qué”. ¿Será la emoción?, me pregunto yo. Chan, Sing a song for me. Todos a hacerse con él.

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