Catorce — Atlas

¡Que estamos dormidos y morimos al despertar, este es mi delirio, mi única forma de protestar! Y en cada parte de esta joven piel, reconozco esa voz: “es hora de creer”.

Y Abraham se puso en dirección al Monte Moria sin saber que su hazaña, su prueba de fe, marcaría no solamente la predisposición a la creencia de millones de personas de tres de las más grandes confesiones de la humanidad, sino que ejemplificaría, paradójicamente (si me permitís la expresión) la actitud cainita que la actual sociedad española muestra frente a su principal valor, la juventud.

Legado de una cimentación social profundamente nacionalcatólica, a pesar de que poco a poco nos vamos deshaciendo de tal funesto yugo, es la actitud que el patriarcado español muestra frente a los jóvenes y el inevitable, en esencia, cambio generacional. Parapetados los jerifaltes en los núcleos de poder, padres inconscientes envían a sus vástagos al Monte Moria, los cuales serán sacrificados para el mantenimiento de estúpidos privilegios amparados en la ceguera del cortoplacismo, en la vacuidad del sálvese quien pueda. Y mientras esto sucede, no sólo se pierde lo mejor que una sociedad tiene, sino que se obstaculiza el imperativo cambio, se pierde la esperanza y se cercena el futuro en pos de mantener un mediocre presente.

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Por tierra, por mar, o por aire, lo mejor de lo que somos y de lo que seremos se nos escapa como el agua que intentamos contener y se filtra entre nuestros dedos. Vacío, el que siente el que se marcha o el que nota la ausencia del que lo ha hecho. Ni valiente uno ni cobarde el otro, solamente decisiones que se basan en las posibilidades de cada uno, en las ganas que tiene de luchar por lo que es suyo o por lo que considera le pertenece. Desgraciadamente son decisiones tomadas por la impotencia y la falta de esperanza, la ausencia de un porvenir que marque el camino y nos motive a ser mejores como sociedad.

Paradigmas que no necesitan más que ser delineados para convertirse en realidad inquebrantable actúan como barrera al ímpetu del que lucha por el cambio, del que se niega a que el sacrificio de Isaac siga siendo la constante. Estúpido fue Abraham en su momento por sacrificar algo que no le pertenecía solamente como prueba de fe, como estúpido es el ciego que corta las alas de sus hijos para mantener intactas las suyas. El patriarcado es una lacra, es la mayor desgracia que puede suceder a las sociedades desarrolladas y, en España, lo tenemos tan metabolizado que ni sus víctimas podemos plantarle cara.

Referencias que quedan empequeñecidas

A esto cantan los sevillanos Catorce en su primer larga duración compuesto por diez temas que suponen un frenético pero reflexivo todo, una realidad que supone la radiografía de una sociedad decadente que no encuentra motivación ni en un brillante pasado ni en la posibilidad de acceder a un brillante futuro. Afortunadamente la sombría realidad en lo socioeconómico no se corresponde con lo que nos encontramos en lo artístico (cuestión tan cañí como el mayor de los tópicos rojigualdas) y la juventud empieza a lograr asomar la cabeza y derribar muros decimonónimos a golpe de riff.

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Al carro de grandes apariciones como Obsidian Kingdom, Back To R’lyeh o los también sevillanos Carving Colours se suben Catorce a pesar de que sus constantes sonoras sean, quizás, menos vaguardistas. No tan metálicos como algunos de sus más brillantes compañeros de generación, los sevillanos dibujan un sonido que nos retrotrae a tendencias que marcarían el cambio de siglo, uniendo el componente atmosférico de Tool o A Perfect Circle a la rabia nihilista del sonido Seattle.

Y a pesar de todo logran que el concepto originalidad ni siquiera pase por nuestra cabeza pues desde un primer momento demuestran que Atlas tiene un objetivo mucho más importante que la medalla a la vanguardia. Remover conciencias, despertarnos de nuestro letargo es el objetivo y desde ‘Iconoclasta’ hasta ‘Batalla’ dejan claro que el vehículo utilizado es tan sólido y atrayente como el propio mensaje.

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Algunos querrán perderse en el juego de las etiquetas (por favor, Rock Alternativo, NO) mientras otros simplemente asentimos con aprobación ante la potencia de riffs y efectos de pedal mostrados en temas como ‘Caminantes’ o ‘Las Pequeñas Distancias’, o nos exhaltamos ante la progresión atmosférica de la brillante y tooliana ‘En esta Noche’. Resulta inevitable acordarse de Morgana Vs Morgana o Tenpel (colaboración de Kantz incluída) pero ello no resta ni un solo punto al conjunto que componen los diez temas que dan vida a Atlas, pues lo que los sevillanos Catorce dibujan en su debut autoeditado no desmerece lo más mínimo ante discos de la envergadura de Nébula o Arete Despierta, lanzados, eso sí, hace ya más de cinco años.

Tampoco faltará quien les exija que apuesten por un sonido más personal de cara a próximos lanzamientos, yo lo único que puedo pedir a Catorce es que sigan conectando con mi espíritu veinteañero con la misma fuerza que lo han hecho estas últimas semanas. Lo harán.

Quizá no queden viajes por hacer, quizá el recuerdo borre toda la sed; podría hablarte de todo lo que hice bien, pero no quiero volver, no quiero volver.

8.3/10

Las mil y una referencias que llegan a nuestra cabeza no ensombrecen la brillantez de un trabajo muy efectivo en lo técnico y absorvente en lo emocional. Tanto referencias como etiquetas o epítetos se quedan cortos a la hora de describir Atlas, un álbum que conecta de forma férrea con la juventud que aún queda en nuestro espíritu y que da fuerzas para no rendirnos ante tan sombrío panorama. Este es el principal acierto de Catorce en su primer larga duración, sacar fuerzas de la adversidad y demostrar que en la juventud está la respuesta. Apostemos por ella.

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