Tendente a dibujar con su música un mundo de oscuridad y desesperación, es cuando menos sorprendente el eco que han adquirido las últimas grabaciones de la artista californiana Chelsea Wolfe. Y digo sorpendente no por la calidad de las mismas, sino por lo personal de su interpretación del folk, rozando el Country en sus inicios pero siempre con ambientes góticos y oníricos como telón de fondo.

Supongo que por ese interés, tan extendido actualmente, de destacar en lo específico más que en lo especial por parte de la prensa, figuras como la de Chelsea Wolfe se han erigido en adalides de una vanguardia que tiene su razón de ser en lo conceptual más que en lo estrictamente musical. En el caso concreto de la artista de Sacramento, sus armas ya han sido empuñadas por muchos otros artistas, de los cuales no podemos olvidarnos a la hora de analizar lo que en Pain is Beauty se nos plantea.

No es mi intención cuestionar lo idóneo de la aparición de Chelsea Wolfe, o compañeros de sello en Sacred Bones, en portadas de prensa especializada en medio mundo pero, supongo, convendréis conmigo que el hecho es como poco curioso por su vía genérica. Ahora bien, ¿merece Chelsea Wolfe todo el reconocimiento que ha adquirido estos últimos tres años?

Chelsea Wolfe: desde el mundo Dark hacia la globalidad

Un amigo comentaba en twitter esta semana que de no ser por el público Dark, Chelsea Wolfe no se habría comido un colín y, en parte, estoy de acuerdo. Evidentemente es a ese sector de público al que se dirigen discos como The Grime and the Glow o Apokalypsis, por lo que a él le debe gran parte de su éxito. Eso sí, un análisis frío de ambos discos, o de Mistake in Parting (mi preferido), nos arroja que nuestra protagonista tiene armas suficientes (aunque no evidentes) para acceder a un público más amplio, ya sea el Country de su debut, la acústica salvaje de Apokalypsis o la electrónica de su último Pain is Beauty.

http://bandcamp.com/EmbeddedPlayer/album=1972857446/size=medium/bgcol=333333/linkcol=fe7eaf/t=6/transparent=true/

Erigida en un híbrido entre Lisa Gerrard y Robert del Naja, Chelsea Wolfe hace este año el cambio de atalaya más abrupto de toda su carrera, eso sí, manteniendo su mirada en el mismo horizonte de siempre. Sigue jugando a dibujar pasajes oníricos y estremecedores, sigue intentando erizar nuestra piel a golpe de soterrado alarido y de leve susurro, sigue intentando desmembrarnos mientras nos embriaga con sus dulces pero elocuentes melodías pero, en esta ocasión, la desnudez Folk en la que se parapetaba se ha tornado en holgada vestimenta electrónica, en sobrecargados beats y en efectos propios del primario Trip-Hop.

Pain is Beauty: la faceta electrónica de Chelsea Wolfe

Evidentemente el espíritu Doom y Drone de anteriores discos sigue presente, pero matizado en esta ocasión bajo un manto de supuesta modernidad que en vez de aumentar la transmisión de emociones de su performance la despoja de las mismas, quedando todo en un halo de perfección que entretiene pero ni enmudece ni humedece nuestros ojos. A conciencia intenta estremecernos y prueba de ello son acertadas piezas como ‘Reins’, ‘Feral Love’ o ‘The Waves Haves Come’, pero todo queda en agua de borrajas cuando el juego pasa a ser imitar a Beth Gibbons y compañía en ‘Sick’, sin llegar alcanzar la envergadura de la maestra de Bristol o cuando, directamente, nos aburre en el momento en el que el disco se torna en exceso monótono haciéndonos pensar que más que ante 12 temas estamos ante doce movimientos de una misma suite.

http://bandcamp.com/EmbeddedPlayer/album=1972857446/size=medium/bgcol=333333/linkcol=fe7eaf/t=11/transparent=true/

Entiendo y valoro la energía de una artista que, entre otros aciertos, ha demostrado ser mucho más versátil de lo que había dado a entender con su anterior lanzamiento pero, honestamente, con esta aventura electrónica Chelsea Wolfe ha perdido aquello que la hacía única: la desnudez. Entiendo que muchos disfruten de esta nueva faceta suya a medio camino entre los Portishead más oscuros y los Dead Can Dance menos ceremoniales, pero el encanto de la sencillez es algo que, como bien sabéis todos, desaparece en cuanto cubrimos al Folk primario con la primera capa sonora.

Probablemente se trate de un problema de índole estrictamente personal, pero yo, sinceramente, no entiendo la necesidad de este movimiento, por muy valiente que me parezca. Ya tengo a Pharmakon para erizarme el pelo desde la electrónica y a Diamanda Galas desde la majestuosidad, ahora me he quedado sin aquella que lo hacía desde la sencillez del Folk. Alguien tendrá que llenar ese hueco, espero que vuelva a ser Chelsea Wolfe con su quinto disco.

6.6/10

En otras circunstancias me habría encantado dar un par de puntos más a un disco de Chelsea Wolfe, pero a pesar de no estar mal su experimento electrónico no acabo de entender su necesidad. Cuando se trata de tocarnos la fibra, de despertar algunos de nuestros sentimientos más primarios, la complejidad o la saturación no son una ventaja sino un obstáculo insalvable. Pain is Beauty no es un mal cancionero pero no puedo parar de pensar en lo eficaces que habrían sido muchos de sus temas de haber sido presentados en el marco donde mejor se mueve Chelsea Wolfe: en el Folk.

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments