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Christopher Owens — A New Testament

Hay gente que ve la cima pronto. A lo mejor lleva un tiempo trabajándoselo, tampoco mucho, que el individuo en cuestión es bastante joven. El problema es que después tienes que seguir mostrándole al mundo ese punto extra de talento que se supone que hemos visto. Aunque decidas mandarlo todo a tomar por saco, asumir que la fórmula que seguías (y que te había servido de trampolín para llegar a la zona vip del indie pop) no daría nada mejor de lo que ya había dado, y cambiar de tercio de forma radical. A lo mejor todo era gracias a Chet White.

Christopher Owens, el líder de Girls, que en paz descansen, dejó hace ya tiempo aquel proyecto para embarcarse en una aventura en solitario que poco tiene que ver estilísticamente con aquello. Y aunque no sirva de nada lamentarse y mirar atrás con nostalgia, lo cierto es que, visto el resultado de A New Testament (Turnstile Music, 2014), en la misma línea de su anterior Lysandre, es difícil no caer el el tópico de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esta querencia por un pop más simple, por ese camino entre el cantautor al uso, el gospel o la tendencia a plasmar su amor por el country-rock más clásico, a veces (a menudo) regadas con un toque que juega con lo hortera, están lejos de la excelencia de antaño.

Escuchar A New Testament es agradable, no creáis. Bonito, simpático. Como cuando decides que a los 40, si sigues soltero, te casarás con esa amiga de toda la vida, de la que nunca has estado realmente enamorado pero que te garantiza una vida con el cariño y la comprensión necesarias. Un premio menor, pero no exento de ternura y encanto. Un debate interno entre la sonrisa que se te pinta en la cara con temas más apañados como ‘Nothing More Everything to Me’ o ‘It Comes Back to You’, incluso con esos coros que rozan el guilty pleasure, y la pena que deja en tu interior que pasen cosas como ‘Oh my Love’, tema menor se mire por donde se mire, y que nos hace preguntarnos si no habrá otra cosa mejor que hacer.

A New Testament explora esa sensación. En una primera escucha quieres decidir que eso no te gusta. Ya no porque parezca simple, más bien porque parece carente de contenido de fondo, que no es lo mismo. El problema es que incluso así, en momentos en los que tu cara recta querría parar el disco e ir a por otra cosa, te das cuenta que Christopher Owens ha conseguido tocar algo dentro de ti. A lo mejor algo que ni siquiera te gusta que salga a menudo, que tienes convenientemente guardado, pero que ha dado la cara y te hace bailar el estribillo de ‘Nobody’s Bussiness’ recordando el ‘Return to Sender’ del mismísimo Elvis.

5.9/10

Al final uno acaba cogiéndole cariño al omnipresente pedal-steel y optando porque le gusta A New Testament. Tampoco gran cosa, no creáis. Si aborrecísteis Lysandre, este disco no va a hacer que os volváis locos, pero sí es cierto que impresiona de recuperación. O al menos, de mantener el timón con mucha más firmeza, aunque el destino no parezca todavía demasiado claro. Por desgracia, nada en el futuro de Christopher Owens parece que pueda hacernos olvidar su pasado. Ni, aunque sea desde esta nueva etiqueta, las cotas de calidad alcanzadas hace tiempo se manifiestan hoy. Ni están, ni se las espera.

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