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Cinco discos deliciosos que no encontrarás en las listas de lo mejor de 2013

Discos delgados, discos ligeros, discos de colores, discos breves, que no cortos, discos pequeños. Hay trabajos que por su natural condición no suelen encontrarse entre los resúmenes del año: hoy queremos hablar, otra vez, como ya hiciéramos el año pasado, de cinco discos de Pop — con mayúsculas — en los que algunos hemos pasado muchos minutos del año tratando de descifrar su adictiva simplicidad. Algunos provienen de una de las cunas del Pop más emocionantes que caminan hoy hacia la resurrección. Otros son del norte, y han sido acogidos por españoles del norte, pero en sus canciones sólo hay calidez. Y otros son mediterráneos, aunque sean atlánticos o de interior, pero en sus melodías pegadizas y en su honestidad caben todas las brisas del verano. De algunos hemos hablado en Hipersónica este año y de algunos otros no. Cinco y no más.

Alba Lua — Inner Seasons

Qué tiene de bueno: Alba Lua es uno de los pocos motivos por los que aún conservo cierta esperanza en el Dream Pop, etiqueta/categoría/género por lo demás saturado de propuestas monótonas y miméticas. ¿Qué tiene de especial Inner Seasons (2013, Roy Music, Budde Music) para huir de los peores defectos de sus compañeros de generación? Por un lado, parte del Folk, y no del Post-punk o del Synht Pop, para edificar su relato sonoro. Por otro, cuenta dos canciones de alucine: ‘Hermanos de la Lluvia’ y ‘Clandestines’. Entre las dos justifican cualquier defecto de Alba Lua. En ellas podría quedarme todo el año.

Una canción: ‘Hermanos de la Lluvia’.

Ginnels — Plumes

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Qué tiene de bueno: Plumes en realidad no es un disco como tal, sino una recopilación que abarca los últimos dos años de producción musical de Mark Chester, quien escondido bajo el parapeto artístico de Ginnels ha ido legando piezas pop que son puro diamante. De especial fulgor son las seis o siete primeras canciones de Plumes, entre las que se observan trazos del mejor Indie/Jangle Pop y el espíritu casero y redentor de The Microphones vía The Glow Pt. 2 — especialmente en Ginnels (2011, autoeditado). Lo-fi y demás etiquetas canónicas, sí, bien, lo que queráis, pero un no-disco que sabe a poco. Queremos más.

Una canción: ‘This Is Conor’.

Kiev Cuando Nieva — De Tarima

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Qué tiene de bueno: Sé que es dificilísimo conectar con el universo sonoro y emocional de Kiev Cuando Nieva — y no le pido a nadie que lo haga — , pero quienes aún caminamos por el mundo entre perdidos y abrumados cada vez que nos alejamos demasiado de las canciones de Sergio Algora encontramos en discos como De Tarima (2013, Repetidor) un refugio plácido y diminuto. Tan pequeño y delicado que si soplas demasiado, o si irrumpes con demasiada fuerza, lo echarás todo a perder. A mí me da igual que sólo seamos cuatro quienes conectemos con ellos. De tanto en cuanto necesito a Kiev Cuando Nieva, y eso me basta.

Una canción: ‘Balcón’.

The Prophet Hens — Popular People Do Popular People

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Qué tiene de bueno: Gallinas proféticas, predican en el pasado. Si hay un defecto achacable a The Prophet Hens es su propia circunstancia geográfica y sonora: provienen de Dunedin, la ciudad que alumbró a grupos tan indispensables como The Clean, The Bats, The Chills o The Verlaines, y tocan lo mismo que tocaban dichos grupos: Indie Pop, Jangle Pop, ¿Twee Pop? ¿Dream Pop? Bueno, hay algo de sueño y de ensoñación en los teclados casi psicodélicos de ‘All Over The World’ que les emparentan con The Chills y que hablan de viajar, de volar y de soñar por un mundo que, en su melancolía sempiterna, no parece merece la pena.

Una canción: ‘All Over The World’.

Crítica en Hipersónica: The Prophet Hens — Popular People Do Popular People: el grupo de aquellos días

Salad Boys — Salad Boys

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Qué tiene de bueno: Nueva Zelanda, decíamos. El aroma Dunedin Sound también se respira en las canciones de Salad Boys y en su primer disco, Salad Boys (2013, Melted Ice Cream), pero su tonada festiva tiene más que ver con el Garage Rock que se practica con entusiasmo cerca de allí, en Australia, con los Strokes que querían conquistar el mundo — y que lo consiguieron — . No sólo se trata de la parsimonia dulce y veraniega, ideal para el tedioso mes de agosto — para cualquiera que esté por venir — que abría el disco, ‘Eighteen Fourty Four’, sino también del pulso nervioso y del gancho interplanetario que, en un mundo ideal, podría suponer ‘Dream Date’.

Una canción: ‘Eighteen Fourty Four’.

Crítica en Hipersónica: Salad Boys — Salad Boys: es verano y no me apetece pensar

Lo mejor de 2013 en Hipersónica

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