Anuncios

Cinco discos (en vinilo) publicados entre 1980–1990 que no prestaría ni a mi mejor amigo

Decía el sabio que los discos como las mujeres nunca se deben prestar porque corres peligro que te los devuelvan en pésimo estado. A mí me pasó una vez, lo de dejar un LP, concretamente una copia de La ley del desierto, La ley del mar, de Radio Futura, recién publicado y cuál sería mi horror cuando me la devolvieron, después de reclamarla varias veces, con la carpeta doblada, el vinilo rayado…

Por eso con esta pequeña lista, que podría ampliarse a veinte, treinta o cincuenta discos, querría contaros que me siento totalmente identificado con el personaje de la película Alta Fidelidad, Rob Gordon, que interpreta con bastante verosimilitud el gran John Cusack y con el que he querido ilustrar este post.

AC/DC — Back in Black (Atco, 1980)

Eramos unos adolescentes y mi hermano y yo nos compramos en el Rastro madrileño la discografía completa de AC/DC hasta For Those About To Rock. Nos gustaba muchísimo y no dejaba de sonar en el plato giradiscos Highway To Hell, álbum mítico donde los haya, pero con Back in Black fue amor a primera vista y eso que no estaba el bueno de Bon Scott. La portada negra, las letras y el título en relieve, poquísima información sobre la banda, y esas campanas del infierno que ponían a mi padre de mala leche cada vez que las oía. Y ‘Back in Black’, ‘Hell’s Bells’, ‘You Shook Me All Night Long’ y ‘Shoot to Thrill’ inmensos. Después, pese a quien pese, con Brian Johnson nada sería igual, aunque la banda pasó al estatus de megaestrella.

Joy Division — Closer (Factory, 1980)

Ironías del destino, el segundo álbum de Joy Division fue póstumo. Salió al mercado tras el suicidio de Ian Curtis, una vez cancelada su primera gira norteamericana. Como la copia de Unknown Pleasures, publicado un año antes, pero la portada de Closer, tan severa y la ausencia de texto que llevarse a la boca, y el halo de malditismo con el que pasó a la historia de la música popular este álbum obligan a no prestarlo a nadie. Al igual que el primero, aquí lo publicó Edigsa con ligeras variantes en la carpeta respecto a la original en cuanto a colorido, logos y galletas. Después se publicaría para hacer caja Still, ya en vida de New Order, pero esa es otra historia mucho más luminosa que ésta.

The Cure — Pornography (Fiction, 1982)

El disco más completo de la primera época de la banda inglesa y el único que me llevaría a una isla desierta. Pornography, escrito e interpretado por Robert Smith, Lol Tolhurst y Simon Gallup, fue vapuleado por la crítica de entonces pero contiene ocho temas, cuatro por cada cara, que son santo y seña de la llamada cold wave. Pétreo, mórbido, lacerante, de oscura belleza, incluso el fantasmagórico arte gráfico que envuelve el álbum, ideado por Robert Smith y Ben Kelly, con fotos de Michael Kostiff, me parece genial. Y nada que ver su sonido con el que después nos llegaría en el compact disc.

The Smiths — The Queen is Dead (Rough Trade, 1986)

Ésta fue otra compra a medias con mi hermano y si no me equivoco la hicimos en el Galerías Preciados de Córdoba y nos costó 995 pesetas de entondes. Era la edición española publicada por Nuevos medios con licencia de Rough Trade. Un año antes habíamos visto en TVE el concierto que The Smiths habían dado en el Paseo de Camoens de Madrid antes cientos de miles de personas y quedamos prendados del grupo. Con The Queen is Dead Morrissey y Marr dieron a luz a su obra maestra, una obra que incluye parte de sus imprescindibles grandes éxitos: ‘The Queen is Dead’, ‘Bigmouth Strikes Again’, ‘The Boy With The Thorn in his Side’, ‘There Is a Light That Never Goes Out’ o ‘Some Girls Are Bigger Than Others’.

Depeche Mode — 101 (Mute, 1989)

La edición en vinilo del 101 de Depeche Mode es una maravilla. Esa preciosa portada con la imagen en blanco y negro del puesto de merchandising que llevaba el grupo invitaba a hacerse con una copia. Y, además del doble álbum grabado en el Rose Bowl de Pasadena durante la interminable gira mundial de presentación del imprescindible Music For The Masses, venía con un fantástico libreto de fotos tomadas por Anton Corbijn. Suficientes razones para no dejar que el amigo de turno te lo pringara con nocilla, chorizo o cualquier pastelito que pasara por sus manos.

Anuncios