Cinco discos para descubrir el post-hardcore (sin prejuicios)

Si ponéis en Google el término de búsqueda post-hardcore y vais a la sección de imágenes, os saldrán fotos de multitud de grupos adolescentes con estética emo y pose de malotes (yo lo he comprobado mientras buscaba cómo ilustrar este artículo). Pasarnos por la Wikipedia arroja conclusiones similares, pues el artículo dedicado a este género musical está enlazado a “emo” y “screamo”.

Con semejante panorama, sería entendible que más de uno diera el género por perdido antes de haberle dado una sola oportunidad. ¡Craso error, mis estimados lectores! Y es que dejando a un lado el hecho de que con el paso de los años la esencia del post-hardcore se haya diluido con pop, dando lugar a formaciones cuya calidad musical es más que dudable, hay en sus orígenes una serie de grupos excepcionales con álbumes que merece la pena descubrir.

Nacido a mediados de los 80 como evolución necesaria del hardcore punk, quienes empezaron a practicarlo tomaron como base la fuerza bruta de dicho sonido, aunque apostando por darle un tratamiento más complejo y sin miedo a experimentar con otros estilos musicales. Pero el movimiento se demuestra andando, así que no me entretengo más y paso a presentaros los cinco álbumes prometidos con los que os animo a descubrir (o redescubrir, según el caso) este subgénero:

At the Drive-In — Relationship of Command (2000)

Empiezo la selección con una de mis debilidades personales, el tercer y último disco de At the Drive-In. Para quienes no tengan el gusto, es importante precisar que en este grupo se inició la alianza entre Omar Rodriguez-Lopez y Cedric Bixler-Zavala, quienes años más tarde acabarían formando The Mars Volta. No obstante, antes de seguir los psicotrópicos caminos de las progresiones imposibles, se dedicaban a destrozar guitarras a base de bien, y este álbum en concreto supone el mejor ejemplo de cómo se las gastaban cuando ponían su talento al servicio de la potencia musical.

Fugazi — Repeater (1990)

Es difícil e incluso un tanto injusto tener que elegir un solo disco de Fugazi, mitos del género donde los haya, pero por eso de apostar a caballo ganador me quedaré con su debut. Violento y sucio, pero también fresco y hasta divertido por momentos, representando fielmente la intención de Ian MacKaye de marcar una ruptura a toda costa en la escena hardcore de la época. Lo consiguió, y la consecuencia de ello es este discazo por el que no pasan los años.

Helmet — Meantime (1992)

Podríamos decir que Helmet son al post-hardcore lo que Alice in Chains al grunge, en el sentido de que supieron darle una nueva dimensión al género al pasarlo por el tamiz del metal. Os podréis imaginar que la consecuencia de semejante mezcla es una verdadera apisonadora sonora, muy influenciados por el trabajo de Steve Albini en Big Black. Destaco como álbum para empezar con ellos el segundo de su carrera, el que les catapultó directamente al éxito, y posteriormente al culto.

Refused — The Shape of Punk to Come (1998)

Imprescindible citar en esta selección el nombre del sueco Dennis Lyxzén y su primer proyecto de gran envergadura, Refused. Traigo a esta lista su disco más celebrado, el último que editaron antes de su ruptura, y también el más ambicioso en el plano técnico y temático, con letras donde Lyxzén dio rienda suelta a su activismo político, faceta de la que daría aún más cuenta en su siguiente y mucho más suave proyecto, The (International) Noise Conspiracy.

Nation of Ulysses — 13-Point Program to Destroy America (1991)

Y termino el artículo con una banda cuyo poco recorrido temporal no les impidió convertirse en una gran influencia, llegando a grabar dos discos y medio. Irreverentes y ruidosos, representan a la perfección un género donde la fuerza y la amplitud de miras creativas se dan la mano con todas las consecuencias. De ellos me quedo con su primer álbum, aunque para darse el gusto de descubrirlos resulta igual de válido que su continuación.

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