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Clark — Clark


Ya lo veníamos advirtiendo con los adelantos de su nuevo disco, Clark iba a venir a, simple y llanamente, petarlo. Y eso es básicamente lo que ha hecho con su flamante trabajo de homónimo título. Este es ya su octavo LP, si tenemos en cuenta el Feast / Beast (Warp Records, 2013)del año pasado, que nos dejó bellas remezclas pasadas por el filtro de su característico esquema sonoro. Por más que vuelves a escuchar este Clark (Warp Records, 2014), las conclusiones son claras: el mejor álbum que ha sacado en los últimos tiempos.

Desde la llegada del nuevo siglo, el inglés se ha convertido en uno de los máximos exponentes de la IDM actual tras los momentos dorados que vivió el género en los años anteriores, y uno de los puntales de Warp. No obstante, y a pesar de sus elocuentes producciones, también ha tenido sus pequeños tropezones que han lastrado el conjunto de algún disco. Por eso, y dejando de lado Feast / Beast, pues es un álbum de remezclas, el título de este nuevo disco es algo más que un sencillo sustantivo. Supone toda una declaración de intenciones.

Con Clark, vuelve a sus raíces, a un trabajo más entonado como los primeros; también a los orígenes más viscerales del género, los que conviven con el techno y las sensaciones más primarias que produce. Todo esto englobado dentro del universo Clark, es decir, la combinación de tempos elevados y graves contundentes con los quiebros luminosos y nítidos que te dejan sorprendido por la brusquedad (y a la vez lo bien que cuajan) de los mismos.

Presentando la candidatura a disco del año

Sin duda se trata de un gran disco, y ese regreso a las raíces ha sido imprescindible para esa condición. Excesivo a veces, muy melódico en otras; pero brillante siempre. Ha recuperado su mejor versión

Sin duda se trata de un gran disco, y ese regreso a las raíces ha sido imprescindible para esa condición. Excesivo a veces, muy melódico en otras; pero brillante siempre. Ha recuperado su mejor versión. Un reconfortante viaje a dimensiones escapistas, a pistas de baile infinitas y al interior de sintetizadores que se meten en tu cabeza para no salir. De hecho, abrir el disco (con permiso del preludio) y sentir cómo te fusila a bocajarro con una joya como la de ‘Winter Linn’ es algo que ya habla por sí solo. Ha venido a pasarnos por encima con todo su arsenal. La pulsión techno ensordece, como en ‘Sodium Trimmers’ y su esquizofrénico final, donde casi deja en la base a un motor hard techno trabajando.

Lo mejor, por supuesto, es que no es el único recurso para sobrecogernos. La muestra de su versatilidad viene a continuación en el resto del álbum. Tenemos a un Clark más dinámico y frenético (como sí lo hemos visto en sus últimos discos), en temas de cabecera como ‘Unfurla’, a un Clark que imprime una intensidad sonora impresionante en piezas como ‘Beacon’, que recuerda a The Inheritors por los recursos utilizados. Su un momento creativo es excepcional.

En líneas generales, prácticamente toda canción tiene su elemento diferenciador que hace que se pueda erigir como tu corte favorito del álbum. Cada una tiene los atributos necesarios, ya sea con machaconas envestidas de techno, elocuentes texturas en las diferentes capas de la canción, la intensidad sonora o el frenetismo que posea. Esa peculiaridad en cada uno de los cortes forma parte de un todo fascinante, con sentido (y un sonido propio), en el que Clark ha tejido una de sus mejores obras. La simbiosis entre IDM y techno, la vitalidad, la contundencia, los momentos de calma (sí, también los hay), los tempos y sus cambios vertiginosos… espectacular. Da la impresión de que va sobrado. Sobradísimo.

8.7/10

Los detalles esculpidos en cada esquina de cada canción hacen que cojas el disco y no quieras soltarlo. Lo mismo puedes quedarte afincado en los sobrenaturales vocales de ‘Snowbird’ que en el sobrecogedor final con ‘Everlane’. Parece que después de Iradelphic (Warp Records, 2012) se hubiera tomado un respiro con el álbum de remezclas, para venir a explicar quién manda, recogiendo la esencia más pura de su música y otorgándole unos esquemas que, junto a la fantástica producción, lo convierten en un disco indispensable de 2014. Por momentos parece que si no el mejor, entre los mejores de electrónica de este año estará, casi con total seguridad, un trabajo de Warp. ¿Pero cuál? La respuesta en absoluto está clara. Estamos asistiendo a un periodo final apasionante. Casi tan apasionante como este LP de Clark.

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