Un sábado sin un plan previsto es muy peligroso. Porque al final, a eso de las 10 de la noche, y después de una dura semana de trabajo o estudio, a todos nos apetece salir, nos pica el gusanillo de la fiesta, buscamos un cómplice y una cita interesante a la que acudir.

Esta es mi triste excusa para explicar porqué asistí a la Code 064, dedicadada al club de techno más prestigioso del mundo, Tresor. A priori no es el palo de la música de baile que más me guste escuchar, sin embargo, las ganas de fiesta, y unos cuantos nombres interesantes en el cartel de Djs me animaron a bajar a Fabrik, la sala madrileña que más visito en los últimos tiempos.

Me atraía Blake Baxter, haciendo un live junto con Abe Duque. Me atraía Alan Oldham aka Dj T-1000, quizás también el oscuro, oscurísimo Pacou. Sin embargo, las dos estrellas del cartel eran Surgeon y Oscar Mulero, artista español hiper-reconocido en nuestro país y al que nunca había podido escuchar una sesión completa en directo. Así que sacamos dinero en el cajero (la noche se presentaba costosa) y nos encaminamos a Plaza de España, de donde salen los autobuses que la organización de Fabrik coloca para acercar a los madrileños a la sala. Y llegar se convirtió en una odisea. ¿Queréis saber porqué?

15 de Mayo, es San Isidro en Madrid, nuestra fiesta patronal. Todos teníamos claro que quizás habría problemas de tráfico, con la Gran Vía cortada. Todos no; a la organización de Fabrik no se le ocurrió mover la parada de sitio, y avisar mediante foros y webs o relaciones públicas. No se le ocurrió nada para evitar un problema que estaba más que cantado. ¿Rssultado? Hubo gente que estuvo más de tres horas esperando el autobús. Yo mismo estuve dos. Y encima, cuando AL FIN llegó el autobús y emprendimos nuestro camino, el conductor colisionó contra un taxista.

Nada grave, pero papeles, partes al seguro y muchísima mala leche por parte de todos, retrasaron todavía más nuestra salida. Llegamos a las tres a Fabrik, a mitad de fiesta. Con muy mal humor, y muchas ganas de desquitarnos del desastre. Directos, corriendo, a la carpa superior, … (bueno, previo paso por la barra para mitigar la sed y la mala leche con una buena bebida espirituosa), a presenciar el directo de Abe Duque y Blake Baxter, más la sesión de Alan Oldham, al que podéis ver bien concentrado en la fotografía que os dejo sobre estas líneas.

Lo que escuchamos, nos gustó mucho, una barbaridad. Para seguir con la tónica general de la noche, música con mucha mala leche, rápida, chapada a la antigua (entiéndase como un piropo). Techno y house de ritmos muy marcados, descargados por Abe Duque, acompañados por las vocales de Blake Baxter, que era el encargado de ponerle lírica al asunto. El público, bailando y saltando enloquecido, a sus anchas, ya que no seríamos más de 40 personas las que andábamos por allí. Y es que, quizás por la crisis, o puede que porque al día siguiente había Goa, la fiesta estuvo algo floja de público. Ambas carpas semivacías, y la zona principal llena, pero sin ningún agobio.

Dj T-1000 empezó su set de techno. Rapidez y contundencia más que suficiente para hacernos pensar, si vamos a escuchar zapatilla, ¿Porqué no vamos mejor a por el directo de Surgeon? Así que abandonamos a Oldham con sus pocos fieles, qué pena me da siempre dejar una sala semidesierta, y cogimos aire, porque el directazo de Surgeon nos dejaría helados. Fabrik había preparado un montaje muy industrial, bastante espectacular, para recibir el techno frío, duro y despiadado de los invitados de la noche.

Y Surgeon, en formato directo, acompañó. Los altavoces descargaron techno, techno y más techno, atmósferas oscuras y melodías hipnóticas que acompañaban a ritmos muy rápidos, que a veces se rompían para volver al 4 x 4 con más fuerza a cada minuto que pasaba. Tremendo, señores, espectacular. El Surgeon de La Real ha desaparecido, y ahora, delante de nosotros, teníamos a un genio del hipnotismo tecnológico. Un DIEZ para la que, al menos para mí, fue la actuación de la noche.

SIn embargo, creo que para el 95% del público, no había otro nombre en el cartel que no fuera el del Dj nacional quizás más idolatrado por las masas: Oscar Mulero. Ya hacia la mitad del live set de Surgeon, alrededor nuestro, la gente miraba el reloj, se mostraba inquieta, comentaba y denostaba al artista que estaba actuando, esperando a su ídolo. “Muleeeeerooo, muleeeeeero”, y Oscar Mulero, efectivamente, acabó apareciendo, entre el desmadre generalizado.

En esta ocasión, y para sus fieles madrileños (seguramente la hinchada más radical que tiene en todo el país), Mulero descargó lo más duro que tenía en la maleta. Que ya es decir. Hard techno, bombo, bombo y más bombo, ni un atisbo de luminosidad en su set, ni un minuto de descanso. Ni uno. Y yo, como un campeón, en medio del desenfreno generalizado, me bailé las dos horas sin parar más que a repostar en la barra. Soy todo un campeón: ¡mi madre estaría orgulloso de mí!

Eso sí, aunque no comulgue especialmente con el tipo de música que pone, Oscar Mulero, técnicamente, es todo un crack. Cualquyiera que alguna vez se haya colocado delante de una mesa de mezclas sabe perfectamente lo complicado que es manterer la tensión durante dos horas de sesión. Que los temas nunca dejen un respiro, un minuto en blanco. Que no suene ni un bombo fuera de lugar. Que la ecualización sea correcta. Y mantener asalvajada a tu audiencia sin dejar tregua. La técnica, el saber hacer, y los conocimientos musicales de Oscar Mulero, merecen un sobresaliente.

Aguantamos hasta el final, y los autobuses, esta vez sí, nos dejaron de vuelta a Plaza de España en 25 minutos, con buen sabor de boca, el de las noches que no te esperas y acaban saliendo bien a pesar de todo. Sólo un pero, que a los lectores de Noctamina que ya me vais calando en cuanto a gustos musicales, opiniones y mentalidad, quizás no les sorprenda leer.

¿Porqué la gente es tan cerrada? ¿Porqué nadie se abre a los nombres que no son los cabezas de cartel del festival de turno? En la Code de la que hablamos, había jóvenes promesas, nombres míticos de la escena techno internacional. Pero nadie tenía otro nombre en la cabeza que no fuera el de Oscar Mulero. Que está bien tener ídolos, y yo soy el primero que los tiene. Pero mejor aún está refrescar las neuronas no sólo con la música que ya conoces y que te encanta, sino con novedades, sonidos diferentes, artistas que sorprenden. Cuando todos entendamos este hecho, doy por seguro de que la escena de clubes de nuestro país,. que ya de por sí es potente, mejorará aún más.

En Noctamina | Code Summer Festival: la crónica

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