Nos sabemos la historia de muchos otros grupos: debut que llama la atención y con las suficientes particularidades como para seguirles la pista entre el grupo de debutantes de cada año. Varios singles efectivos, y enseguida un nuevo álbum, que supone una ligera decepción y plantea la duda: ¿eran para tanto, este segundo disco ha sido un accidente, o el primer disco un cúmulo de suerte? Con Cold War Kids estaba así.

Lástima que este tercer disco sólo suponga recuperar cierto nivel, pero sólo en determinados momentos del disco, y a cambio de sustituir su carácter propio (sus melodías de piano, su voz lastimosa, sus adictivas canciones de indie-blues) por una accesibilidad que les otorga el productor que hizo de Kings Of Leon unos superventas con Only by the night.

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Por tanto, está bien comprobar que vuelven a tener claro un objetivo y su forma para llevarlo a clavo: mayor claridad y accesibilidad en sus estructuras, puliendo tanto la voz de Nathan como sus elementos más áridos. Y celebro que remonten algo mínimamente el vuelo e inviertan la tendencia, aunque el resultado acaba siendo algo discreto y alejado de lo que su debut demostró que pueden hacer. Su indie rock de querencias blues y soul es cada vez más pop, pero la amabilidad y facilidad de su escucha igual permite que algún nuevo oyente se adentre en su mundo, e incorporan algunos buenos temas que añadir a un repertorio más que digno. Lástima que no sean tantos como para volver a devolverle nuestra confianza ciega.

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