Conan — Blood Eagle

Hace un largo tiempo existía un cavernario y gigantesco monstruo cuyos rugidos atemorizaban poblaciones enteras estando a kilómetros de distancia y cuyos zarpazos demolían todo cuanto estaba a su paso. Su enorme fuerza sólo era equiparable a su ferocidad hasta que llegó su inevitable fin debido a su condición mortal. Pocos pudieron atreverse a emular su leyenda, y casi nadie logró equipararse sin salir perdiendo.

Hoy, desde otra caverna mugrienta y oscura sale de sus profundidades un nuevo y monstruoso titán dispuesto a mostrar sus facultades para lograr ser el sucesor del difunto gigante. Todavía da sus primeros pasos, pero estos son firmes y atronadores, casi dando la sensación de una reencarnación del citado monstruo que todavía está por pulir. Aquel difunto monstruo cuya leyenda sigue asombrándonos era el Dopesmoker de los imprescindibles Sleep. En este 2014, Blood Eagle de Conan presenta grandes credenciales para ser su reencarnación.

Conan, opositando para heredar el trono del Stoner Doom

Desmesuradas quizás suenen mis palabras al equiparar el nuevo trabajo de Conan con una de las mejores y más tremendas obras del Doom Metal de corte más denso y fumeta, con el Stoner circulando por sus venas y el legado de Black Sabbath por bandera. Hasta yo creo que me he precipitado un poco, pero pocos discos he oído en los últimos años con un sonido tan rotundo e hipnotizante que me dejará aturdido de manera similar a aquella hora y tres minutos tan sublimes.

Mientras que los antiguos miembros de Sleep se decidieron por otros menesteres diferentes (aunque no demasiado) a los de sus orígenes y otras leyendas como Electric Wizard parecen conformarse con repetir una y otra vez el mismo disco anodino, alguien tiene que optar al trono de esa división o perspectiva del Doom. Conan parecen ser unos candidatos bastante sólidos para ello sin continúan por la mastodóntica senda cuyo punto de partida debe ser este Blood Eagle.

Puñetazos cósmicos de antología

Haber citado una obra como Dopesmoker ya debería haceros a una idea de en que coordenadas se mueven Conan, aunque cabe matizar que, a diferencia de dicha obra, aquí no nos encontramos un único tema de larguísima duración (ni siquiera dividida en movimientos como en sucedía en su versión primaria en Jerusalem), sino que estamos ante seis titánicas piezas no exentas de tener una duración bastante amplia (sólo una está por debajo de los cinco minutos) y que consiguen funcionar de manera impecable como un conjunto. Sería inconcebible que estas canciones durasen menos porque estos precisan de una evolución lenta y un machaqueo constante e hipnotizante.

8.3/10

Este trío de Liverpool sabe como dar a la perfección con la tecla, generando riffs de grandes dimensiones, con una fuerza demoledora capaz de derrumbar edificios. Cada rasgueo de guitarra es un puñetazo cósmico que te golpea hasta las entrañas, dejándote aturdido pero sediento de otra ración de esos mazazos sonoros de antología. Un álbum que, a poco que te interese un poco su estilo, te va a convencer para su causa.

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