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Concierto de Anna Calvi en Vigo (Museo MARCO, 14/12/2013): diosas terrenales

“anna1” src=”http://img.hipersonica.com/2013/12/10-1.jpg” class=”centro” /> Os habrá pasado a todos en alguna ocasión. Os levantáis un día de un concierto que tenéis, desde hace meses, marcado en el calendario. Al artista en cuestión llamadle X, ya que cada uno debe vestir este ejemplo a su gusto. La cuestión es que mi X era Anna Calvi. A medida que se acercaba el día, e incluso durante la propia jornada del evento en cuestión, una sensación desagradable os va recorriendo el cuerpo. Tienes como la sensación de que has puesto en el concierto unas expectativas que no se van a cumplir. Como ir a una exposición de tu pintor favorito y que traigan los cuadros menos evocadores, o aburrirte soberanamente en el bar durante lo que debería estar siendo el vigésimo noveno partido del siglo. Da igual que el debut discográfico de la Calvi todavía te haga sentir escalofríos, o que One Breath siga descubriéndote nuevos caminos cada vez que recurres a él. El agonías que hay en tí está por pedirte prudencia, que bajes las expectativas.

Antes del momento de la verdad, llegó el de I Have a Tribe, que ejercía de telonero. Curioso nombre para una persona que a esto de la música en directo se dedica en solitario, al menos en Vigo, ya que por la red circulan vídeos acompañado de banda. Poco o nada conocíamos del buen hombre que conquistó a una sala que ya estaba casi abarrotada desde el primer momento (el Festival Sinsal 11 se despedía colgando el ‘no hay billetes’). I Have a Tribe, alternando su delicada soledad entre la guitarra eléctrica y su teclado. Mejor, siempre, con el segundo. Más cercano, más mágico, si se quiere. Apenas he podido investigar sobre él, ni antes del concierto, ni ahora cuando he querido hablar con mayor ánimo de su concierto, fantástico en todo momento. No ha dejado mucho más rastro en la red que una magnífica ‘Monsoon’ que cerró su directo. El chico venía apadrinado por Anna Calvi, que ha hecho que la acompañase durante una extensísima gira europea. Podemos decir que, ni de lejos, ha traicionado la confianza depositada. Lejanos recuerdos a Jeff Buckley, e incluso por momentos a un Antony Hegarty venido arriba (haced esa mezcla mental como os plazca).

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Peor me lo ponía, entonces, I Have a Tribe. El temor de que el telonero me fuese a gustar más que la propia Anna Calvi crecía mientras se dilataba la espera para dejar todo a punto. Una espera que se hizo larga, eterna. Hasta que salió ella, y los tres componentes de su banda (batería, teclados, moog, armonio, xilófono y bajo, alternando), y el concierto no necesitaba nada, pero yo sí. Yo precisaba que Anna Calvi no tardase en arrancar, en convencerme, que no hubiese un sólo titubeo, principalmente al comienzo. Entonces, con el aura de diva que la rodea, como lo diva que realmente es, se enfunda la guitarra. Hay gente que la toca, ella se la folla. La abraza, la quiere, la besa y la maltrata en ocasiones. Puede que no sea (no es, vaya), una virtuosa, pero eso es lo de menos. A esta mujer, que como leyéndome la mente arrancó con ‘Suzanne and I’, mandando las especulaciones a tomar viento, riéndose en la cara de los que aprovechan la primera canción de cada concierto para ajustar sonido, tornillos y clavijas, a esta mujer, digo, lo que le sobra es intensidad. Y sí, es guapa a rabiar, y canta como le da la auténtica gana, pero es que además todo lo que hace le sale de las tripas. La diva dejándose caer por el mundo terrenal, y disfrutando del momento.

A tomar por saco las dudas, las agonías. ‘Suzanne and I’ fue una losa de emoción, y por muy motivado que fueses para que Anna Calvi no te convenciese, las naves quemadas con inmediatez fueron fantásticas. ‘Eliza’ y ‘Suddenly’ se enlazaron por si la primera no hubiese sido suficiente. Fue un primer tramo de absoluta victoria, de asegurarse el favor de la audiencia, para poder, a partir de ahí, hacer lo que le diese la gana. Todo fluía adecuadamente. La sala abarrotada, la luz minúscula, el ambiente de calor casi asfixiante, el aspecto decadente de todo lo que rodeaba al concierto. Una noche de victoria trabajada, no presupuesta. Y en cualquiera de los roles buscados. Desde la grandilocuencia de las tres canciones escogidas para empezar, a la Anna Calvi susurrante y sexual de ‘Sing to Me’ o ‘Cry’ que se nos presentó a continuación. ‘First We Kiss’ erizando el vello de cada rincón de tu piel. El viento soplaba muy a favor, y ella lo sabía. Incluso cortes que en estudio no acaban de arrancar, como ‘Piece by Piece’ se tornaron en gigantes durante el concierto.

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Y entonces ya sobraba todo. Por sobrar, hasta la banda no hacía falta, y Anna Calvi afrontó en solitario una ‘Fire’, versionando a Bruce Springsteen, que se convirtió en uno de mis momentos favoritos del concierto, y que, una vez la banda volvió a hacerse con su sitio en el escenario, y afrontar un final en el que ‘Desire’ y sobre todo ‘Love Won’t Be Leaving’, absoluta, absolutista, dictatorial y majestuosa, acabaron por extasiar hasta a los entregados al ateísmo, si es que alguno quedaba a esas alturas. El bis, con ‘Bleed Into Me’ elevándose al cubo, y una esperada ‘Jezebel’, versionada hasta la saciedad, y algo deslucida por problemas con el sonido dieron final al concierto. Problemas, en todo caso, que no hicieron olvidar lo fascinante que había sido cada momento de la última hora y media. Para guardar siempre en el recuerdo. Para mandar a tomar por saco a tu yo agonías, insistente en no dejar disfrutar de las cosas hasta que por fin se plasman en realidad. En tan deliciosa realidad.

*Fotos: Paula Rico

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