Uno de los puntos más cruciales para la génesis de Metallica, una de las bandas de metal más importantes del planeta, es sin duda el momento en el que se conocieron sus dos miembros originales. Lars Ulrich y James Hetfield se encontraron una vez el primero se mudó a Los Ángeles y encontró un anuncio en un periódico local donde una banda buscaba músicos con los que tocar.

Ulrich se encontró con Hetfield, que por aquel entonces estaba con una banda llamada Leather Charm, y el resto fue historia. El batería del grupo recordó aquel primer día en una entrevista para Kerrang, siendo preguntado sobre qué recordaba de aquel primer contacto:

Recuerdo conectar con él. Podía verlo, incluso aunque él fuera dolorosamente tímido o lo que fuera, que teníamos similaridades muy distintivas. Me pasé seis meses hablando con gente de heavy metal, y mencionaban a Styx, Journey, Kiss o lo que fuera. Yo hablaba sobre Angel Witch, Diamond Head o Tygers of Pan Tang. Él tenía una conexión con la música y las cosas que mencionaba que se veía un poco más auténtica o fidedigna.

No sucedió mucho en esa primera reunión, porque era como el escudero, o el invitado, de un tipo llamado Hugh [Tanner]. Si James estaba sentado allí, te habría dicho que el kit de batería con el que aparecí estaba en un estado terrible cada vez que golpeaba el platillo, que se seguía cayendo, lo cual era cierto. Hetfield y yo acabamos manteniendo el contacto, y cuando volví de mi viaje por Europa unos meses después, le llamé diciendo ‘Hey, ¿quieres que toquemos y veamos lo que pasa?’. Y a él le apeteció.

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