Llegué casi justo a la Sala Acapulco para ver a Cracker; por ello me perdí a los teleoneros, los valencianos Euro-Trash Girl, que tomaron su nombre de uno de los hits del grupo nortemaricano.

Las opiniones sobre su pase fueron dispares, pero me fio de la de mi compañero de instituto Juan Tomé, que comentó que estuvieron discretos. Éstos no han desperdiciado la ocasión para volver, como hicieron en 2006, a acompañar a unos de sus ídolos.

Cracker volvían a España, como periódicamente han venido haciendo, con un nuevo disco bajo el brazo, lástima que no se trajeran copias porque hubieran despachado unas cuantas y si fueran en vinilo aún más.

La banda de David Lowery, ex Camper Van Beethoven, podríamos compararla, sálvense las distancias, con nuestros recordados Enemigos. Una formación sólida, que tiene el culo partido de tocar todas las semanas allá donde les llamen y que nunca han tenido un reconocimiento popular masivo.

Cracker son una institución, jornaleros del rock los llamaría yo, una banda que como decía no ha salido del circuito alternativo americano más que nada porque no han tenido suerte. No me explico como Wilco han sacado la cabeza y este cuarteto no. Confieso que éstos me gustan más que aquellos.

Quizás la causa ha sido en que sus letras siempre han sido azotes del sistema estadounidense, letras políticamente incorrectas demasiado directas para la sociedad bien pensante.

Sunrise In The Land Of Milk And Honey es su última entrega, un álbum lanzado por la independiente 429 Records que hace el octavo en su gloriosa lista. No se cebaron en él, Lowery sabe que en su cajón guarda un montón de clásicos infalibles en directo.

Y así fue como Cracker roquearon desde principio con temas como ‘100 Flower Power Maximum’, logrando una conexión especial con el público, unas 150 personas que lo gozaron. A mí me sobraron esos temas a mitad del recital más folkies, más digamos country, en los que incluso cantó ese guitarrista que vale su peso en oro llamado Johnny Hickman, como en ‘Lonesome Johnny Blues’.

No se olvidaron de ‘Low’, ni de ‘Euro-Trash Girl’, ni de ‘Happy Birthday To Me’, y eso que sin repertorio físico en el escenario podrían haberse dejado alguna fuera. David Lowery iba conforme transcurría el concierto dando las pautas para la siguiente canciones e invitó al final de la actuación a la teclista de los teloneros, Mónica Merino, a tocar con ellos tres temas con su órgano Hammond que fueron de lo mejor de la noche. Me pareció que hicieron ‘The Man in Me’, de Bob Dylan, ¿alguien me lo puede verificar?

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