El Wall Street Journal le dedica un amplio reportaje a Kanye West, que aunque no lo parezca a tenor de todo lo que rebotan sus boutades, da pocas entrevistas tan a fondo. No, no ha sido hecha para salir al paso del resurgimiento de su beef con Taylor Swift, donde Kanye queda peor que Taylor pero ninguno de los dos se libra de aparecer como gente con los pies MUY fuera de la tierra.

La entrevista se centra sobre todo en la parte de Kanye más dedicada al mundo de la moda. Cree tanto en Yeezy que no tiene reparos en avisar de lo que pasa por su cabeza:

«Creo que Yeezy es el McDonald’s y la Apple de la indumentaria. (El siguiente paso) es inventar algo que es tan bueno que ni siquiera se piensa en ello porque es la norma».

Kanye anda más centrado en eso que en su música, algo que es obvio porque lo publicado en el aciago 2019 está muy lejos de sus mejores momentos, y también lejos de un 2018 con más chicha de la que parecía en su momento. Dice Kanye que tiene en mente grabar un nuevo disco en México esta primavera, aunque la entrevista se hizo a mediados de marzo y ahora Kanye ya está encerrado en su confinamiento anticoronavirus en Calabasas.

Pero, más allá del nuevo disco, lo que le interesa es crear la hoodie perfecta, una que quite el aliento y que sea definitiva. La entrevista es la risa y merece la pena por dibujar a Kanye en todo su esplendor megalomaniaco en cosas tan absurdas como eso, la búsqueda de la sudadera con capucha definitiva, a la vez que intenta definirse como una persona normal:

No me gusta la palabra ambicioso. Soy Kanye West. La palabra ambicioso está por debajo de mis habilidades. Solo soy un artesanos. Puedes ver en mis ojos que no hay ni un poco de miedo.

En plena locura inventora, Kanye asegura haber diseñado el jardín de orina, con el que quiere convertir los desechos humanos en alimentos vegetales para instalarlas en viviendas económicas y autosostenibles.

No, en serio, ¿qué haríamos sin él?