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Crippled Black Phoenix — White Light Generator

Crippled Black Phoenix son ese estudiante que no ha parado de recibir alabanzas en los últimos tiempos pero que, visto lo visto, puede estar cerca de echarse a perder. Son ese estudiante inteligente e imaginativo, ese estudiante que aparenta ser tan bueno en letras como en ciencias. Son ese estudiante al que los profesores le dicen que podría llegar a donde él quisiera. Son ese estudiante que ha acabado creyéndoselo, ese estudiante que parece estar más comprometido con los demás que con su propio trabajo. Son ese estudiante que de creerse tan superior ha comenzado a vivir de rentas. Son ese estudiante que, al tener tanta confianza en sí mismo, está empezando a acomodarse, a ver como la brillantez en su trabajo está comenzando a ser más esporádica.

Crippled Black Phoenix cuentan con potencial para ser una de las bandas más importantes del Rock Progresivo actual. Cuentan con puntos fuertes evidentes y a los que solo un inepto puede considerar de forma escéptica, pero sus últimos trabajos están mostrando unos síntomas de agotamiento, o acomodamiento, alarmantes. Paradójicamente esto está sucediendo en una etapa de su carrera en la que parecen mantener la exploración sonora que siempre les ha caracterizado. Alguno puede que piense que se debe a a disolución del efecto sorpresa provocado por pelotazos como I, Vigilante o su debut A Love of Shared Disasters, pero lo más prudente, y doloroso, es reconocer que tanto nuevo nombre que, de pasada, participa en sus discos, tanto mejunje estilístico (ayer Blues y hoy Folk de mil partes del mundo) y cierta falta de ambición han convertido a White Light Generator en un disco bastante irregular.

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Como insinuaba en mi introducción, Crippled Black Phoenix siguen demostrando ser capaces de componer grandes canciones, para muestra la suite ‘No!’ o el potente tema que da nombre al álbum, pero a pesar de haber frenado un poco el desparrame creativo que caracterizó a (Mankind) The Crafty Ape, no han sido capaces de poner coto al principal pero de ese álbum, la irregularidad. Como en el caso del anterior, White Light Generator es un álbum plagado de buenas intenciones, inteligente en el planteamiento y con momentos más que reseñables, pero que vuelve a aparecer poco cohesionado y la calidad entre temas vuelve a oscilar más de lo aconsejable.

Destacando como destaco a ‘Laying Traps’ como el tema más prescindible en toda la carrera de la banda de Justin Greaves, por lo que es y por lo que representa, aprecio que se hayan olvidado de Mayumana y de las tamborradas del ‘Rodea el Congreso’ tan irritantes y fuera de lugar en el disco anterior. Sin embargo esto no hace que deje de preguntarme al respecto de qué encuadre tienen en White Light Generator temas como ‘Let’s Have an Apocalypse Now’ o ‘Parasites’, canciones de una concepción tan cinemática que, sobre todo la segunda, corta la esperanzadora fluidez que el disco presenta hasta su comienzo (aparte de que en lo cualitativo ambas están muy por debajo del resto del álbum).

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El oyente más perezoso agradece la no división física presente en el ejercicio anterior, pero el fuerte cambio de registro que el álbum presenta en su segunda mitad (llamada White Light Side) y encarnada por ‘Wake Me Up When It’s Time To Sleep’ y la culminación de la misma en más de una hora de duración, suponen un obstáculo bastante complicado de superar para la escucha analítica, convirtiendo a White Light Generator en un disco que muta dependiendo de la predisposición con la que nos enfrentemos a él, poniéndonos complicado encontrar los aciertos que esconde la segunda mitad (que los tiene, por supuesto).

El caso es que la estructura del disco, con esa división tan marcada entre un lado y otro, acaba jugando en contra de un álbum que ya es irregular de por sí cuando hablamos de la calidad concreta de alguno de sus momentos. Probablemente otro reparto dentro del minutaje habría ayudado a dejar un mejor sabor de boca, pero también es cierto que la segunda mitad, de un corte más introspectivo, no cuenta con el empuje suficiente como para que la división nos sea indiferente, deje de suponer un obstáculo. En parte es un problema de planteamiento, pero si la envergadura fuese incontestable, las dos caras del álbum habrían pasado a ser una consideración meramente anecdótica.

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6.5/10

A pesar de todo, Crippled Black Phoenix cuentan con aptitudes más que suficientes como para considerarlos aún con esperanza. Sólo son ese estudiante que se ha dormido en los laureles pues sabe que con la ley del mínimo esfuerzo, con los resquicios de brillantez que aún es capaz de generar sin despeinarse, le alcanza para destacar ante la mediocridad del cliché imperante. Hoy me toca cumplir el papel del profesor que atiza al que sabe que si se esfuerza puede ser el mejor. Ya no vale con robar solos a David Gilmour (‘No!’) o evocar a los Anathema de Alternative IV (la segunda parte del álbum), ha llegado el momento de demostrar de lo que realmente son capaces. Les espero en el próximo disco.

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