Después de una buena experiencia con el Dreambeach Villaricos el pasado año, en el que debutó con un cartel equilibrado y nombres potentes, este año se antojaba algo mejor o al menos al nivel. En ese sentido, el festival ha cumplido las expectativas con artistas veteranísimos, productores de calidad en la segunda línea y la parte comercial, con las dosis de electropitos (que las carga el diablo), pero ese es otro tema.

El Dreambeach ya se ha asentado en Villaricos, y a pesar del sol infernal y lo difícil de acampar si llegabas el jueves por la noche, las duchas, infraestructuras y demás han mejorado. Mucha más gente, 80.000, según el festival. La confirmación de nombres potentes para todos los gustos comoRichie Hawtin, Snoop Doog o Krewella ha traído a bastante más gente que el año anterior. Aunque quizá el peor fallo del festival ha estado en los horarios, al traer a tanta gente, ha provocado que artistas importantes pincharan durante la tarde, a horas en las que salvo que la gente tenga interés expreso en verles, pasan. Y también hubo reajustes, reduciendo el tiempo de algunos de los platos fuertes. Pero hablemos de lo musical ahora.

Viernes

Empecé el festival solventando el primer solape doloroso, el de Agoria con Dosem, después de que Marco Carola fuese el encargado de inaugurar el festival y Joris Voorn tocase demasiado pronto, a las 20:00. Así que me decanté por el francés Agoria, que en lugar de hace un live y darle a sus siempre dinámicos y cuidados sonidos, decidió tirar por la parte techno, con pequeñas bombas y un ritmo tech house ya serio para empezar la noche con fuerza y las pilas cargadas. Claro, aunque no se centró en su discografía, movió lo suficiente a los que allí estábamos congregados. De hecho, fue de lo mejor de la noche.

Acto seguido y con una vuelta de reconocimiento para ver el recinto, escuchar un poco del tech house de Chus & Ceballos de pasada, llegó el turno de otro de los puntos fuertes, Joseph Capriati. Dio una buena lección de techno, también guardándose sus temas, es lo que ocurre en muchas ocasiones en los festivales, que cuando el perfil de los artistas es más de dj que de productor, optan por guardarse sus temas a no ser que sea en formato live, claro. Pasó con muchas sesiones del festival, pero en cualquier caso, Capriati dio la talla en la carpa Dreams Tent, donde hizo gala de su techno oscuro y regio, en el que no hay compasión. Muy directo, ideal para perder oído.

Unos instantes después y para seguir con la tradición techno del día (el viernes era para echárselo entero en la carpa Dreams Tent), Adam Beyer hizo gala de su transversalidad a la hora de manejar diferentes ramas del género, y desde los subidones marca de la casa para ganarse al público fácilmente, hasta su refinado gusto con momentos más house, hizo una exhibición en su turno. Y todo a pesar de que al final acabó con unos instantes finales que ya parecían hard techno, con BPMs demasiado acelerados. Pero se lo perdonamos.

Y para cerrar el día, el plato fuerte, Carl Cox, que tenía que pinchar tres horas (hasta las 9:30) y acabó exactamente a las 8:39, dejando a muchos con la cara de “eh, que tienes que tú tenías que pinchar tres horas”. Según la organización, se debió a una falta de entendimiento entre las dos partes, por lo que el ajuste de horarios no sólo afectó a Cox, sino también a otros platos fuertes del festival, como Armin Van Buuren. En cuanto a la sesión del inglés, fue irregular. Por momentos una sesión random de techno (al final te cansas de que casi todos apuesten por los mismos formatos y trucos durante gran parte de la noche), pero en otros magnífico con algún tema emblema del acid de Detroit.

Sábado

El sábado ocurrió algo similar a lo del viernes, nombres fuertes a las 20:00 de la tarde, es lo que tiene traer a tantos artistas. Quizá sea mejor traer menos y que pinchen a horas más recomendables o apetecibles por el público. En cualquier caso, allá que me desplacé para ver a Perc, con diez personas contadas (algo más después), que sin embargo hizo una sesión que lo hubiera petado a las 02:00. Techno contundente durante hora y media, donde no hubo hueco para su último trabajo, The Power & The Glory, aunque sí lo dejó caer al final un poco de refilón, cuando soltó todo el lastre para dejarnos sordos. Después fue el turno de Cristian Smith, veterano, que consiguió mover más a los asistentes (que ya éramos unos cuantos). Mucha versatilidad en su set, con tech house, techno y mucha melodía. Aunque el tipo iba descalzo, se marcó una gran sesión en la que no paramos de bailar todo el tiempo. Ideal para cargar las pilas.

Después, de nuevo nos vimos las caras en la carpa Dream Tents, donde pinchó el español Edu Imbernon, con un refinado tech house, muy bailongo. Pinchó más de la cuenta porque se cayó del cartel Maya Jane Coles, una de las que más ganas tenía que ver y que le da ese valor añadido al festival. Así que cuando acabó Imbernon llegó el eterno Richie Hawtin, que aunque esté de capa caída, en sus sets siempre arrastra al populacho. Estaba la carpa a reventar. Al pinchar a las 02:00 estaba claro que no era momento del (coloquialmente conocido como) caniqueo y de minimalismos (como cuando cierra por las mañanas) aburridizos para zombies. Así que optó por un minimal techno, constante, bajando y subiendo, pero bastante efectivo, aunque sin pasarse en la potencia. Y un lujazo la pantalla que lleva con sus producciones. Estuvo acertado Richie, supo leer el momento (hubiera tenido huevos escuchar caniqueo a esas horas).

Después de él nos trasladamos a la Bull Stage a ver a Jeff Mills (qué mal que todo el techno tenga que ir a carpas), otro mítico. Y este sí que estaba haciendo una exhibición. A pesar de que no sonó The Bells para cerrar, el tipo estaba metiendo trallazos techno detroitianos, reventando el espacio, que estaba a rebosar, claro. 51 años y tan fresco. De lo mejor del festival, también. Se retiró aplaudiendo aMulero, que era el siguiente. Y llegando ya al tramo final de la noche, probablemente una de las mejores sesiones del festival con diferencia, un B2B entre Technasia y Uner, en el que tanto el español como el hongkonés se salieron, metiendo toda la caña que Richie no había repartido. Bombos sin compasión que taladraban los oídos y hacían retumbar la carpa. Muy bien. Y después de esto, un poco de penitencia para ver el principio de Josh Wink, pero el cuerpo ya estaba para el arrastre y nos retiramos. Una retirada a tiempo es una victoria. Y ya habíamos visto lo que había que ver.

En líneas generales, el festival bastante bien, con mucha oferta, para todos los gustos, aunque el tema de los horarios y que sólo esté el escenario grande para la parte más comercialoide y facilona (relegando el techno a carpas o carpitas) hay que solucionarlo. Asimismo, los pitos del EDM llegaban en muchas ocasiones a la carpa Dreams Tent, molestando a la sesión de allí. Por cierto, teníamos EDM hasta en un escenario que había en el camping. Pero eso sí hubo algún valiente que al mediodía del sábado puso Blackwater de Octave One y Positive Education de Slam. A ese también hay que aplaudirle.

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