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Cuáles son nuestras canciones favoritas de David Bowie y por qué

Las mil caras de David Bowie no están en sus disfraces, en sus discos y en su habilidad por reconvertirse sin importar a cómo suena el momento. El éxito del británico estuvo en cantar a todos, en dejar el lienzo en blanco y que cada uno pusiese su poso, su imaginación y mochila. Sus viajes al espacio eran escenas cotidianas contadas por un Méliès que también aterrizó su nave en pleno ojo de la cultura. Las puertas estaban abiertas, el ritmo era alegre, todo sonaba a éxito inmediato. Quién puede resistirse a subirse a tal nave.

Teníamos pensada esta selección para el final de nuestro especial sobre David Bowie, al igual que hicimos con Radiohead, pero hemos querido adelantarla con motivo de su muerte, así al menos haremos él sigue sonando: Listen to me — don’t listen to me / Talk to me — don’t talk to me / Dance with me — don’t dance with me, no / Beep-beep.

Visnuh: ‘Absolute Begginers’

Dicen que los recuerdos y la música están estrechamente ligados. Y si no lo dicen, lo digo yo. Y lo digo por cómo este ‘Absolute Beginners’, es capaz de despertar en mí recuerdos de una época en la que uno era eso, un completo principiante. En todo, y en esto de escuchar música también. Luego a uno se le fue estropeando el gusto, pero esta canción ha permanecido ahí, en mi memoria, durante años. Pocas canciones tienen el mismo efecto mágico que cuando te cautivan la primera vez, pero esta, 30 años más tarde, para mí es una de ellas.

probertoj: ‘All the Young Dudes’

Qué puto amo eras, Bowie. En 1971 ibas tan sobrado que eras capaz de coger a un grupo que ya había avisado que lo dejaba, que esto era muy estresante (interesante no, estresante), y les regalabas la puta mejor canción posible sobre “ser joven y estar jodido” (¿no ha sido eso siempre el pop-que-importa?) del momento. Te sobraban los hits, se te caían de las manos, y los ibas regalando. Y Mot The Hoople te supieron corresponder, claro que sí. Toda la chavalería, a coro, cantándole a T. Rex conquistando la tele, a tener la posibilidad de reventar el mundo, a tomar los tabús por montera. A ser joven. Qué joven eras, Bowie, qué joven vas a seguir siendo toda tu muerte.

Natxo Sobrado: ‘Ashes to Ashes’

Finales de los 70, inicios de los 80. La etapa perfecta para ver cómo muchos de los artistas que habían triunfado años antes se dejaban convencer para adaptarse al estilo de moda y que a priori vendería más. El momento ideal para hacer el ridículo. Major Tom se salvó de tal pira, nadie tenía la agallas de enfrentarse a él en su regreso. Bowie miró para atrás y revivió a su personaje en una lección más de cómo adaptarse a las nuevas olas una vez que estas van arriba, sin importar llegar tarde (como hizo durante toda su carrera). Su Glam, el Transformer 8 años después, el Disco de bailar al ralentí, su autobiografía tras haberse convertido en una estrella, hasta su madre. La infancia de Bowie tenía astronautas convertidos en yonkis. Otros tuvimos a las Tortugas Ninja.

Isra Fdez: ‘Fame’

Cuando el verano del ’75 salió a la venta este single, Bowie ya era, en efecto, famoso hasta la saciedad. Con apenas treinta años había saboreado todas las texturas del éxito dentro y fuera de Europa. Su nuevo hombre de confianza, Carlos Alomar, trajo a Young Americans un sonido más funk y genésico: el mercado yanqui se rindió ante ese blue-eyed soul — de pupila dilatada — que tan bien encajaba en la nueva ola motown. Carlos junto a John Lennon, a quien Bowie acababa prácticamente de conocer, dieron forma al chorus central de ‘Fame’. Uno que a golpe de reiteración desmonta, no exento de cierto sarcasmo, el mito del éxito y la popularidad boyante, las patrañas de los agentes y los amigos arrimados. Porque la fama, para un hombre que dejaba su sombra tras de sí a cada paso y decisión, es un simple fonema hueco, algo carente de valor más allá de su contexto. Bowie siempre supo estar un paso por delante de su figura. De ahí su capacidad transfigurativa, alienígena; imperecedera.

Black Gallego: ‘Heroes’

Dando por cierta la existencia de un cielo al que los mortales accedemos tras la muerte, no cabe duda de que Bowie se lo ha ganado. No obstante, no sería la primera vez que accede al mismo, o al menos lo toca con los dedos. ‘Heroes’ eleva la proyección del genio hasta más allá de la estratosfera y le hace acariciar ese ansiado paraíso celestial que hoy ocupa con todo merecimiento. Se ha dicho mucho a lo largo de los años sobre la etapa berlinesa de David Bowie, pero nunca habrá suficientes alabanzas para la canción más redonda que salió de dicha etapa, la que dio nombre a ese disco que cada vez que cae en mi reproductor gana puntos en la clasificación de su discografía. Porque ‘Heroes’ no sólo es Mi Canción de David Bowie, es también una de esas canciones que cada vez que escucho me levantan el día, que me poseen por completo y tengo que cantar con toda fibra de mi ser. Sólo por esto estaré eternamente agradecido a Bowie.

Cronopio: ‘Life on Mars’

Tiene gracia que el segundo gran éxito comercial en la carrera de David Bowie, el primero acompañado por una placa refrendatoria, fuese una canción construida desde la decepción de ver como se le había escapado la oportunidad de presentar uno de los mayores himnos de la historia. De lo irónica que es la puta vida, cosa de la que Bowie siempre ha sabido más que nadie, trata una canción que treinta años después se convertiría en éxito masivo de la mano de un drama policíaco con pérdidas de memoria, estados vegetativos y jefes que eran como Torrente pero sin su parte castiza pero con su porte facha. ‘Life on Mars’ se burlaba del espacio y el legado de la canción se ha acabado burlando del tiempo, los himnos son así, punzantes en el presente y omnipresentes en el paso de los años, sin quererlo, porque en el mundo del Rock muchas veces las cosas no se consiguen a base de gónada sino gracias al ingenio que surge de la decepción con la realidad y su azaroso destino.

Víctor R. Villar: ‘Moonage Daydream’

Como a otros muchos artistas llegué tarde a Bowie. Lo primero que escuché de él fue, ya en los 80, fue ‘Let’s Dance’, del que muchos hoy aborrecen pero tiene su encanto. Después descubrí que un grupo de after punk madrileño, Parálisis Permanente, había hecho una versión de ‘Heroes’. Había un Bowie anterior a aquello, un artista camaleónico y deslumbrante que se inventó un álbum magistral, The Rise And Fall of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars (1972). De ese disco todo es aprovechable pero la historia de ese mesías alienígena cuyo destino era salvar al mundo de su destrucción me caló hondo. Hoy ha sonado en casa ‘Moonage Daydream’ y ha vuelto a ponerme los pelos de punta en la versión en directo publicada en la banda sonora de la película Ziggy Stardust.

Gallego: ‘Space Oddity’

Es una de las opciones más fáciles a la hora de repasar la obra de Bowie, lo sé, pero para mí no hay otra igual, ya no dentro de su discografía, sino en toda la historia de la música. La historia de Major Tom, un personaje recurrente en el imaginario del británico, me ha parecido siempre la canción más triste jamás escrita, y precisamente por ello demasiado grande para abarcarla. La sensación de vacío y emoción que deja siempre tras de sí la hace segura para escuchar únicamente cuando el estado de ánimo es particularmente alto.

Mohorte: ‘Soul Love’

El seductor ritmo del bajo y el sutil acompañamiento de la batería me cautivó para siempre. ‘Soul Love’ me sigue pareciendo hoy la canción más atractiva, la más sexy de David Bowie. Habla del amor, pero no del amor romántico, sino del tangible y no idealizado, el que se desliza primero con irresistible fulgor entre los rincones del corazón para terminar, al final y siempre, estrellado en el muro de la decepción. “Love is not loving”, porque el amor es un estado de ánimo que se transmite de depresión en exaltación, de exaltación en depresión: un anhelo, una abstracción que sólo sentimos rotos, siempre en su búsqueda y nunca en su realización. Y lo hace, además, al ritmo negro de ‘Soul Love’, desencantado pero no cínico, en un shrug permanente para el que no queda sino una desconsolada, feliz sonrisa de aceptación. Eso y, claro, esos arreglos de vientos. Ah, ‘Soul Love’.

Dr. Chou: ‘Starman’

Hay artistas que disfrutas en solitario, en la soledad de una habitación que juega a ser una trinchera en la que nada malo puede pasar. Hay otros que disfrutas en compañía. Si bien Bowie es ambos a la vez, en mi caso lo segundo era lo más habitual. Creo que escuché ‘Starman’ por primera vez en el bar en el que terminé currando tiempo después. Los colegas mayores la cantaban a voz en grito, y seguramente, aún hoy, sea mi canción favorita de Bowie. Mi momento favorito relacionado con él. Hay otras, ‘Five Years’, ‘Rock’n Roll Suicide’, ‘Space Oddity’, pero me quedo con esta.

Maddama: ‘Sweet Thing’

Los sugerentes graves con los que Bowie entona en ‘Sweet Thing’ eso de I’m glad that you’re older than me, makes me feel important and free me atraparon desde el primer momento en que los escuché y me enseñaron a preferir a quien transforma su época y no sólo la refleja, a encontrar que lo nuevo puede ser también seguro. Las cosas que sobreviven al tiempo, esas son las que me gustan. Y el legado de Bowie ya forma parte de ellas.

Ferraia: ‘The Man Who Sold The World’

Hay pocos artistas que sean capaces de escribir canciones más grandes que la vida, temas que perduren en el imaginario colectivo. Y David Bowie fue uno de ellos. Aunque en 1970 ya tenía su primer gran tema, ‘Space Oddity’, The Man Who Sold The World es su primer gran trabajo, con los primeros Spiders From Mars como banda. En el tema que da título al disco, Bowie muestra la inquietud creativa que marcaría su carrera con cuatro minutos lisérgicos, marcados por el detallismo de los arreglos y su viciada, marciana, voz. Y por supuesto, con ese eterno riff de guitarra que aún hoy sigue poniendo los pelos de punta. En lo lírico, otro ejemplo de la capacidad del inglés para construir historias surrealistas y grandilocuentes como nadie. Una letra tan fabulosa como interpretable. Siempre jugando al despiste. De todo lo que se ha dicho hoy, Madonna ha sido la más brillante: ‘The Man who Fell to Earth’. Poco más que añadir.

Poliptoton: ‘Rebel Rebel’

Hay riffs de lucimiento, riffs de sufrir, riffs de se acaba el mundo. Y también riffs para ser feliz, de esos que puedes fingir que tocas en el aire pero también sustituir por un chu-chu-churú-ruru-chu. El glam tiene mucho de éstos y Bowie firmó el más inspirado de los suyos justo en la canción que supuso su ruptura con el glam. You got your mother in a whirl / She’s not sure if you’re a boy or a girl: esa etapa murió matando, y no sólo por la eterna inquietud de su autor. Quizá también pensaba que nunca iba a componer nada mejor dentro de aquel estilo.

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