Hace unas tres semanas inicié una serie de artículos en la que pretendo hablaros de los momentos dorados del Rock Progresivo español, un género bastante desconocido y menospreciado por los melómanos patrios. En la primera entrega os hablé de las tres bandas que prendieron la mecha superando todo tipo de dificultades impuestas por el régimen y el proteccionismo cultural patrio. En esta ocasión toca dirigir el foco hacia Cataluña, donde gracias a los pasos dados por Máquina!, se generaría la escena progresiva más prolífica e interesante a nivel estatal a inicios de la década de los 70. Algunos la llamaron la escena Underground de Barcelona, yo prefiero quedarme con su otro nombre, el Rock Laietano.

Grup de Folk y el Underground barcelonés

Como tal, el Rock Progresivo Catalán o Laietano surge a finales de los años 60 gracias a Máquina! y el esfuerzo de muchos jóvenes barceloneses que eran capaces de cruzar la frontera francesa o andorrana con el fin de poder adquirir los discos que el régimen franquista les tenía vetados. Estos numerosos viajes, como ya os conté en el post anterior, acabó permitiendo la entrada a territorio español de géneros musicales que de otra manera no podrían haber entrado, primero por el proteccionismo franquista y segundo por el casi caudillismo que el fenómeno beat venía ejerciendo en la oferta y demanda musical española. La separación de los Beatles y el fin del fenómeno al que dieron nombre dejó a las mil y una bandas oportunistas que se habían subido al carro del mojabraguismo prematuro sin un referente musical, lo cual sumió al aparato cultural del régimen en una profunda crisis al carecer de un referente al que copiar.

Group de Folk comenzó como un instrumento de difusión del folklore y cultura catalanas y acabó produciendo, distribuyendo y editando discos del primer Rock Laietano

Paralelamente al fin del movimiento beat, fruto de la ‘emigración melómana’ de los jóvenes barceloneses, comenzó a desarrollarse un circuito clandestino de conciertos de bandas amateurs y de venta de discos de grupos como Pink Floyd, Cream o Bob Dylan. Consecuencia de una expectación y demanda que no paraba de crecer fue la creación de Grup de Folk por parte de varios de los más reconocidos músicos barceloneses del momento, quienes, en una primera etapa crearon una banda como instrumento de difusión del folklore y la cultura catalanas para, posteriormente, acabar desembocando en un proyecto discográfico de producción, distribución y edición de discos y promoción de conciertos asociados al primer Rock Laietano.

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No tardaría mucho en disolverse Grup de Folk, pero tendría el tiempo suficiente para ser el germen del conocido Underground Barcelonés, el cual en un primer momento estaría comandado por los hermanos Batiste, Pau Riba y los integrantes de Máquina! Sin embargo, la disolución del primer ente dinamizador de la escena laietana no solamente daría a luz al Underground, nombre que dieron al sector formado por las bandas progresivas y psicodélicas barcelonesas, sino que, su separación también permitió la creación de una corriente seguidora del Folk norteamericano desarrollado por gente como Bob Dylan o Neil Young y la imprescindible Cançó Popular Catalana, donde se agruparon todos los artistas empeñados en defender las señas de identidad cultural y artísticas de Cataluña.

Els 4 Vents y la saturación por cansancio

El crecimiento del Underground hizo que cada vez más bandas jóvenes se interesasen por desarrollar el estilo en auge, lo cual, hizo que las pocas casas discográficas independientes que se habían venido encargando hasta el momento no dieran abasto para poder lanzar tantos discos como se venían generando. A esto hay que unir que las grandes discográficas estatales se negaron, por el momento, a incluir en sus catálogos a todos estos artistas por temor a represalias políticas por parte del todopoderoso Ministerio de Cultura franquista.

Ante esta imperiosa necesidad, Jaime Arnella, Jordi Vendrell, Guillén París, Angel Fábregas y Jordi Batiste crearon Els 4 Vents, una asociación que tomaría el testigo de Grup de Folk a la hora de editar todos los discos rechazados por las grandes compañías, destacando dentro de su catálogo Vértice, Agua de Regaliz y los omnipresentes Máquina!, quienes se disolverían poco tiempo después, y cuya falta, haría que se tambaleasen los cimientos del Underground.

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El éxito de Els 4 Vents y, por ende, del Underground, generó una marabunta de oportunistas, cosa muy española, muy cañí, que acabó generando una saturación del mercado, una sobreoferta que vino acompañada de una importante bajada en la calidad de las producciones presentadas lo cual acabó cansando al público muy rápidamente. Ante esta circunstancia Els 4 Vents no pudo sobrevivir con el modelo de negocio que habían venido utilizando y acabó siendo víctima de su propio éxito, tal y como le sucedió, obviamente, a la primera ola del Underground barcelonés.

El retorno a la clandestinidad

La muerte de Els 4 Vents y la disolución de Máquina! sumieron Rock Laietano en una profunda crisis, la cual se vería acrecentada por el desembarco de la multinacional CBS y las consecuencias que trajeron su apuesta por nuevos artistas, nuevos géneros y nuevas formas de trabajar, sobre todo en un primer momento. Una pequeña discográfica intentó tomar el testigo de Els 4 Vents, Ekipo, pero no fue capaz de sobrevivir mucho tiempo a pesar de contar en su catálogo con bandas como Cerebrum o Pan y Regaliz.

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A esto hay que unir que el régimen franquista demostró estar al tanto de todo el bullicio que se había generado en Barcelona cuando, en una decisión muy dura, procedió a prohibir todos los conciertos del Underground, lo cual, unido a la marcha de muchos de los jóvenes músicos del movimiento a cumplir el servicio militar, hizo que la escena abandonase la clandestinidad para entrar en un periodo de stand by que la dejó herida de muerte.

La disolución de Maquina! y el cierre de Els 4 Vents dieron inicio a tiempos oscuros para el Rock Laietano

Merced a estas dos decisiones tomadas por el aparato del caudillo, una directa y la otra indirecta pero más que sospechosa, se cerraron numerosos locales, de entre los que destacó la sala Iris, donde Máquina! y Pau Riba habían dado sus primeros pasos. Afortunadamente, gente como Om, Jarka y Pan y Regaliz mostraron un tesón importante y lograron sobrevivir, no sin sufrimiento, a 1971, el año de mayor oscuridad. Su supervivencia sería el presagio de una resurrección, la cual llegaría en 1972 de la mano de Edigsa y la sala Zeleste.

Zeleste y la Nueva Ola del Underground Barcelonés

La irrupción de Edigsa, más allá de significar un hecho aislado, tal y como muchos lo calificaron, significó el impulso necesario para que el Rock Laietano volviese a cobrar fuerza, aunque el nuevo momento de esplendor no llegaría hasta pasado el año 1973. Condenados a vivir en la clandestinidad, en parte por el hartazgo del público, pero sobre todo por el aparato censor fascista, los músicos catalanes procedieron a profundizar aún más en su conciencia identitaria como método de protesta y, sobre todo, como medio de protección de una cultura que sentían amenazada por el caudillo.

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Así fue como las bandas barcelonesas decidieron abandonar el inglés y pasaron a cantar en catalán, lo cual acabó redundando en una nueva separación en el ámbito del nuevo Underground: una corriente que se uniría a la Folk catalana de la Cançó y otra que comenzaría a virar desde el Rock Progresivo hacia el Jazz-Rock. Esta apuesta por la defensa de la cultura y la lengua catalana, lejos de dejar a las bandas sin apoyos dentro de la industria, les acabó granjeando el favor de gente como Joan Manuel Serrat o la Trinca, permitiéndose de este modo que ninguna banda talentosa dispuesta a promocionar las señas de identidad de su tierra se quedase sin la oportunidad de editar sus discos.

Esta fuerte apuesta por el catalanismo, y el apoyo de los dos gigantes anteriormente citados, volvió a despertar el interés por parte del público y en muy poco tiempo se volvió a vivir un frenesí que superó a la expectación vivida en la primera etapa del Underground. Con el fin de responder a la creciente demanda, y aprovechándose de que el franquismo, una vez pasado 1973, estaba ya más pendiente de protegerse a sí mismo que de censurar manifestaciones culturales, muy rápidamente se volvió a poner en marcha la maquinaria de salas de conciertos y locales adyacentes. Fundamental fue la apertura de la sala Zeleste, cuyo éxito desembocaría en la creación de un enésimo sello discográfico y un festival musical llamado el Canet Rock, el cual se celebraría en los años 1975 y 1976.

Iceberg y el eje Laietano

Orquesta Mirasol serían los primeros en lograr despuntar en esta segunda oleada gracias al apoyo económico y de difusión recibido colocándose, inmediatamente, a la cabeza del nuevo Underground, abriendo un camino que posteriormente sería aprovechado por los imprescindibles Iceberg y Secta Sónica, siendo los primeros quienes tomarían rápidamente el testigo de Orquesta Mirasol gracias a su Jazz-Rock que nos regaló discos tan importantes como el inolvidable Coses Nostres.

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Mientras esto sucedía, en el triángulo formado por el Borne, la Vía Laietana y la Estación França no pararon de abrirse nuevos locales y salas de concierto que acabaron convirtiendo a esta zona de Barcelona en el epicentro del nuevo Underground, en el eje de vertebración de una escena que acababa de resucitar y a la que se unieron varios de los antiguos miembros de Máquina! con su banda Música Urbana allá por 1976.

Zeleste y la recién nacida Magic conformaron un ecosistema del que salieron varias de las bandas más interesantes del Rock Progresivo Catalán, bandas que acabarían sobreviviendo ya superada la barrera de los años 80 aunque permitiendo la entrada de nuevos sonidos y nuevas influencias. Borne, Gotic y Compañía Eléctrica Dharma cogerían el testigo de los inolvidables Pau Riba, Om, Fusioon o Música Dispersa, dejando un legado que, a pesar de permanecer escondido y por muchos olvidado, constituye uno de los momentos más gloriosos del Rock Patrio.

Y mientras todo esto sucedía en Barcelona, en Andalucía… el Rock Andaluz.

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