No creo que ninguno de los aquí presentes se sorprendiera cuando Mastodon presentaron hace un par de semanas ‘High Road’, el primer adelanto de su nuevo disco, en el que claramente dieron un paso más en la evolución de su sonido que ya lideró The Hunter. Habrá quien no vea con buenos ojos dicha evolución, alegando un exceso de simplificación o una innecesaria tendencia a sonidos más rockeros, pero al menos para ellos es el signo de los tiempos.

Y por si hubiera alguna duda de que sí, de que esto es lo que hay y van a muerte con ello, el guitarrista Bill Kelliher declaró hace unos días en una interesante entrevista que gritar ya es el pasado para ellos y que toca vivir un presente de voces limpias y bien entrenadas. Si siguen dando la talla, a mí me parece excelente, aunque no todo el mundo lo tendrá fácil para aceptar que quedarán definitivamente atrás canciones como ‘March of the Fire Ants’.

La llegada a la madurez, tan celebrada en algunas formaciones y tan lamentada en otras, es a la postre la principal razón que Kelliher esgrime para darnos a entender el porqué de este camino que les ha llevado a dejar atrás las gargantas desgañitadas. Así lo explica él mismo mientras continúa la cuenta atrás para la llegada de Once More Round the Sun:

“Antes realmente no sabíamos cómo escribir canciones, simplemente juntábamos unos riffs y gritábamos sobre ellos, y eso le gustaba a la gente. Supongo que hemos madurado y puede que hayamos perdido muchos fans a los que les gustaba eso de nosotros, pero ya no podemos seguir escribiendo así. Para mí, cada disco es una instantánea del momento vital en el que se encuentra la banda, de quiénes somos como personas al escribir esos riffs. Según te haces mayor, creo que se vuelve complicado seguir gritando y gritando.”

No me chilles, que no te veo

Pero Mastodon no son los únicos que han experimentado la misma clase de rechazo progresivo a las voces más berreantes. Otro buen ejemplo de ello lo tenemos en Opeth, formación que también anda entre fogones preparando su regreso para este verano con Pale Communion, un disco en el que ya sabemos a ciencia cierta que no habrá presencia de voces guturales.

Del mismo modo que ocurre con los de Atlanta, poca sorpresa aquí después de lo que desplegaron hace tres años en Heritage, reflejo claro de que Mikael Åkerfeldt está ya cansado de las formas más brutales de su pasado. En la eterna dualidad que ha experimentado esta banda, con dos caras que tan bien quedaron reflejadas entre los opuestos Deliverance y Damnation, queda claro que ha sido el segundo polo el que ha salido vencedor.

También los fans de los suecos se han visto divididos ante el cambio de rumbo, que tiene en la voces limpias su característica más clara para señalar con el dedo, pero que obviamente va mucho más allá y abarca todo el proceso compositivo de una banda. El propio Åkerfeldt lo explica así:

“Nunca he dado la espalda a nada de lo que haya hecho en el pasado y no voy a empezar ahora. No es que hayan dejado de gustarme ese estilo de voces. Pero no puedo desarrollarme más como cantante si sigo gritando. De hecho, creo que lo voy haciendo peor según pasan los años. Pero si el futuro requiere ese tipo de voces otra vez, entonces eso haré.”

Con o sin gritos, las cosas bien hechas

¿Es este proceso evolutivo un burdo intento de llegar a más gente o de tomar vías más fáciles como parte del público puede llegar a pensar? Yo no lo veo así, y otra agrupación que da buena muestra de hasta qué punto suavizar el tono no debe ser necesariamente malo para una banda metal es Katatonia, aunque bien es cierto que en su caso el cambio hacia las voces más limpias se produjo en un punto mucho más temprano de su discografía.

Fuera como fuese, bajo mi punto de vista estamos ante un grupo que ha dado su mejor nivel cuando Jonas Renkse ha dejado atrás las líneas vocales más death y, por el camino, han potenciado unas formas mucho más progresivas que no se han olvidazo de la pesadez que era marca de la casa cuando encabezaban la ola de pioneros del death doom.

Es posible establecer muchos paralelismos entre las hojas de ruta de Katatonia y Anathema, aunque en su caso la transición para dejar atrás los guturales incluye también una sustitución de cantante que hace todo más fácil de entender. El cambio de paradigma resulta especialmente evidente en ellos a través del disco Falling Deeper, donde revisiones de canciones como ‘Sleep in Sanity’ parecen el día y la noche cuando ponemos a un lado la original cantada por Darren White y la reinvención efectuada por Lee Douglas.

No quiero decir con esto que a los grupos de metal les vaya mejor cuando se apartan de los guturales, naturalmente, pero sí defender el hecho de que elegir dicha opción no tiene que ser necesariamente esa concesión a la comodidad que muchas veces se lamenta. Del mismo modo que ninguno de nosotros quiere estar ahora haciendo lo mismo que hace diez o quince años, es lógico que también que hasta los metaleros más duros quieran probar cosas nuevas sin estar por ello traicionando lo que una vez fueron. Mientras las apuestas sigan siendo altas, con o sin gritos, que la fiesta no pare.

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