Cinco años después de su último disco The Drones han vuelto. Lo han hecho con un disco enorme en todos los sentidos: I See Seaweed. La crítica llegará en unos días, aunque ya os adelantamos que el disco ha gustado mucho, muchísimo en Hipersónica. Antes que nada, ¿quiénes son The Drones? Si no estáis familiarizados con el grupo de Melbourne, aquí os traemos cuatro canciones que bien podrían servir de aperitivo para I See Seaweed. El grupo liderado por el carismático Gareth Liddiard es una de esas joyas recónditas que con gloriosa frecuencia fabrica Australia y lleva una década completa publicando grandes discos. Desde sus inicios apegados al garage rock hasta sus coqueteos con el country, siempre con los Bad Sees en el horizonte, estos son The Drones.

‘Luck In Odd Numbers’

Empecemos por el final. The Drones saben hacer dos cosas prácticamente como nadie hoy en día: abrir y cerrar los discos. Como si lo importante para ellos estuviera en los extremos. En apariencia podría parecerlo, pero The Drones es un grupo de matices, muchos más de los que en apariencia la voz de Liddiard o la grandilocuencia sonora de sus guitarras sugiere. Havilah (ATP/R, 2008) fue su último disco de estudio. ¿Es su mejor disco hasta la fecha? Todos rayan a un gran nivel así que es difícil averiguarlo. Desde luego, y antes de I See Seaweed, The Drones nunca han rozado con tanta claridad la etiqueta de disco memorable. En Havilah hay un montón de cosas por las que tomarles muy en serio, como ‘Luck In Odd Numbers’, epicentro de una recta final maravillosa. The Drones se pasean parsimoniosos y elegíacos creciendo poco a poco, golpeando a las puertas del alma con lentitud pero con devastadora firmeza.

‘Motherless Children’

The Drones nunca ha sido un grupo especialmente diverso, pero sí hay algunas líneas en su discografía que, por variables, merecen destacarse. Pese a que comenzaron siendo un grupo muy ruidoso y, a veces, bastante rápido, han bajado el pistón conforme han ido publicando más y más discos. Tanto Gala Mill como Havilah son discos bastante reposados, donde ya derivan en arreglos country e incluso guitarras acústicas que, al fin y al cabo, respondían al ánimo folk que Liddiard cultivaría más tarde como solista y que rompería durante cinco años el trayecto del grupo. Antes de eso hubo, como ya digo, ruido, un montón de ruido. Especialmente en su primer disco, Here Come the Lies (Spooky, 2002), en el que perviven canciones como ‘Motherless Children’, que pasan por encima del garage rock y se van directamente al noise rock. Pero al noise guay, el de los guitar-hero de los ochenta y la densidad sonora celestial. Mucho antes de ser blues, The Drones eran punk. Y quizá ‘Motherless Children’ sea el paradigma de ello.

‘Jezebel’

Por encima de las etiquetas, The Drones son una apisonadora emocional. Destruyen y reconstruyen con asombrosa tiranía. No se me ocurre mejor canción que ‘Jezebel’ para ejemplificar los sentimientos a flor de piel que me producen todos los discos de The Drones. Un año después de la que teóricamente es su obra maestra, The Drones se embarcaron en la ambiciosa tarea de aunar en su sonido deudor del garage, de Nick Cave y del noise rock los intrincados caminos del roots rock y del folk. El resultado fue Galla Mil (Shock, 2006), un disco que no es gigantesco por muy poco y que contiene quién sabe si la canción más emocionante que Liddiard ha cantado nunca. Reinvirtiendo la fórmula de los Pixies, acelerando en las estrofas y frenando en el estribillo, The Drones desplegan en ‘Jezebel’ todas sus armas: un lirismo pavoroso, guitarras que parecen estrellarse contra un radiador, elegía sonora y Liddiard desgañitándose frente al micrófono. Cada compás de la batería te arrebatará el corazón. Da vértigo pensar qué hubiera sucedido si el resto de Galla Mil hubiera rayado al mismo nivel.

‘Shark Fin Blues’

The Drones es un grupo oscuro. Tanto en su sonido, generalmente a medio gas, como en su temática. Sin embargo, de tanto en cuanto saben crear canciones luminosas. Y cuando eso sucede, la mezcla de sonoridad épica y guitarras redentoras resulta esplendorosa. Es el caso de ‘Shark Fin Blues’, la canción que abre su disco más reconocido, Wait Long by the River and the Bodies of Your Enemies Will Float By (In-Fidelity, 2005). Esta es la primera canción que deberíais escuchar si no sabéis nada de The Drones y este es también el primer disco al que deberíais acudir. Aquí se esconden los Drones más canónicos: aquello que se dio en llamar punk blues, la voracidad sentimental y el ruido heredado directamente de Sonic Youth. Porque The Drones beben mucho de ellos y de otros grupos ruidosos de los ochenta, y eso les hace aún más grandes. ‘Shark Fin Blues’ es una canción maravillosa, la clase de composición que puede salvarte la vida si te pilla en el momento adecuado. Es enérgica y arrebatadora, es amor y es nostalgia. Y en directo suena casi mejor.

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