Quemar la juventud es necesario, vivir rápido y actuar sin pensar en las consecuencias, disfrutar el momento y bebértela junto a un grupo de amigos y unos cuantos litros de cerveza. Cuello lo entienden a la perfección y después de Mi Brazo Que Te Sobre, disco que nos encantó, lanzan su segundo álbum un año después: Modo Eterno. Un trabajo que se te escapa de las manos, vibrante de arriba abajo, inmediato y un necesario merecido guantazo a una juventud que no es eterna, pero que quisiera serlo.

La misma alineación

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Cuello siguen con sus pildorazos de indie rock vitaminado, con barridos feroces y melódicos a lo Superchunk, apelando a cambios de intensidad que te despeinan de la hostia que te sueltan a través de los altavoces. Quizá es un álbum con no tantos jitazos por centímetro cuadrado como lo era su debut, pero tiene algo más de músculo y varios pepinazos de categoría, sin descuidar el lado pop, tan presente en muchas de sus melodías (aunque esta vez sean menos).

En ese sentido, siguen siendo esa modesta fábrica de himnos de bareto. No hace falta ir a buscar a un grupo de ebrios irlandeses que mojan sus guitarras en alcohol. Con Cuello nos basta. Entienden a la perfección ese gran ejemplo de juventud del que nos hablaron Perro el año pasado. Sin tiempo para pensar, sin tiempo para reflexionar, sólo para golpear. La juventud no es eterna, pero hay que retenerla mientras sea posible. A ello contribuyen las siempre frenéticas ráfagas de energía que se ven impulsadas por la voz de José Guerrero ya en los primeros versos de ‘Te Vas de Lado Siempre’.

Pequeñas modificaciones para el triunfo

El álbum va ascendiendo en intensidad conforme avanza en sus primeros compases, escalando a través del cinismo de ‘Campeón’ y llegando a una de esos juegos de cuerdas y cambios de ritmo que hay en ‘La Palabra Es Clave’, dentro del particular torbellino que siempre está en marcha.

Tengo fuerza para aburrir

Pero uno de los picos de intensidad, emoción, todo revolcado con la energía del grupo, llega justo en el ecuador del disco, con ‘Tren De Poder’. Medios tiempos conjugados con ritmos lentos que te llevan en volandas. Perpetúan un mar de guitarras en el que encontrar punteos que son la vida en el primer minuto, y un final de orgasmo sonoro de grupo que suena más pulido y maduro a pesar de esa actitud joven y despreocupada.

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Esos punteos afilados que complementan el muro de sonido que crean sus guitarras son una faceta nueva, ya que refuerzan su faceta melódica mejor que antes. Los encontramos en varios pasajes a lo largo del disco, al igual que los cambios de ritmo que no faltan, como cuando pisan el acelerador en ‘Ábreme el Almacén’ para dejarte en la cuneta. Pero sin duda el obús del disco está al final, ‘Tu Fuego de Luces’, un fusil contra la personalidad que explota con el mantra tu fuego de luces venció, el fuego de mi salvación. Pedales pisados, aumento de la intensidad y a brindar por Cuello, una vez más. Y después de nuevo punteos marcando la melodía, haciendo surf sobre el cemento armado de su musculatura.

Voy aparentar que vivo sin razón de ser

Voy a penetrar con ritmo la razón de ser

Voy a terminar besando a la razón de ser

Modo Eterno se llama Placer

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Un disco en general menos melódico y con más enjundia, pero que sin embargo refuerza ese primer aspecto en ciertos temas con punteos que acompañan mejor que en su debut. Pocos cambios, por tanto, para un grupo que no los necesita, que pronto ha sabido encontrar qué quiere y cómo quiere sonar. Y lo demuestran. Disparando a matar con píldoras de juventud, temas urgentes y letras con dobles sentidos que se salen por la tangente. Cuello son el fuego de nuestra salvación.

7.3/10

Cuello siguen con su fórmula ganadora. Sencilla, efectiva y directa. Para qué más. Menos himnos, pero igualmente efectivos y mucha, mucha fuerza. Tanta que a pesar de que te puedes quedar sordo, quieres subir la voz a tope. Porque tienen momentos para desequilibrar peligrosamente tu ritmo cardíaco. Melodía, enjundia y estribillos para corear. No pedíamos más.

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