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Curtis Harding — Soul Power

Cuando uno escucha a Curtis Harding es inevitable imaginárselo de espaldas, con una nube de humo recién exhalado rodeando su efigie y con una pose que alude a caballeros errantes de triste figura que más que cadáveres han ido dejado corazones rotos a su paso. Su Soul es eso aunque también muchas cosas más, el de Michigan destaca por su sensibilidad estoica y su garganta de crooner aunque se haya perdido algo queriendo abarcar demasiado. Probablemente esto último sea fruto de lo que cargan sus alforjas, pero no cabe duda de que futuras batallas acabarán de perfilar una silueta que puede acabe convirtiéndose en leyenda.

Mimbres tiene, y de sobra, este hijo de cantante de iglesia que creció en la carretera cantando el Blues del autobús. Un peregrinar que acaba en Atlanta y con Harding componiendo, acompañando, enamorando junto a gente de la talla de Black Lips, Cee-Lo (el gordo de Gnarls Barkley), Night Beats u Outkast, lo cual son palabras mayores y un trampolín para un talento fuera de toda discusión. Curtis Harding es un debutante con miles de kilómetros a sus espaldas, una garganta forjada por más derrotas que victorias y un espíritu en el que las raíces de tiempo y espacio son fundamentales para entender su narrativa.

Soul Power: una voz que desgarra sin desgarrarse, una pose que atrae por su naturalidad

Soul Power (Burger Records, 2014) no es un nombre casual aunque lo que el álbum recoge va mucho más allá de sus propios corsés. Es un conjunto de sensaciones, de recuerdos que estallan en la mente en los brazos de una voz que destaca en su contención, que gana batallas desde una sobriedad que deja muy lejos a los que fueron cánones de la escena negra.

Esa elegancia, ese porte que gana presencia cuando la función se encierra en ambientes cargados y atmósferas oscuras marca distancias con la exhuberancia del Soul de James Brown, del tocayo Mayfield o del hoy en racha Robert Cray, aunque también ofrezca momentos de luminoso Funk que a pesar de todo acaban eclipsados por los momentos de sensualidad pensativa, aquellos en los que realmente se encierran todas las virtudes que retratan el debut de Curtis Harding.

No es casualidad que una firma como Yves St. Laurent haya contado con la apertura de Soul Power como banda sonora para una de sus campañas. Curtis Harding enamora desde la desnudez del que se muestra sin artilugios ni artificios, con una virilidad contenida pero convincente que entronca perfectamente con la inocencia mostrada por la modelo de sutil busto y fresco rostro que lo acompaña. Las fortalezas de esta nueva futura estrella del Soul son tan evidentes que ciegan en su destello, que ocultan o disimulan convincentemente la irregularidad del álbum en el que se despliegan.

Junto al Soul y al Funk Harding deja espacio para el Blues de inicios de los setenta, ese que tan buena relación mantuvo con el Rock de la mano del legado de un negro como Hendrix y millones de blancos para cuyos nombres no hay suficiente espacio en este artículo. Esto acerca a Soul Power a momentos de los últimos The Black Keys aunque sin caer en el coro tan excesivo que pone en cuestión el decoro. A pesar de los altibajos todo fluye con naturalidad, sin más impuestos que la herencia negra que se despliega sin maniqueísmos ni sobreactuaciones.

7.5/10

El álbum fluye apoyándose en una crudeza poco visceral que habla más de miradas de soslayo que de sonrisas o lamentos dedicados. Soul Power desgarra sin maltrato de garganta llevándonos a obviar momentos o lugares que supongo en el momento no serán visitados. ‘Cruel World’ es un magnífico cierre de función en comunión con el Rock, un final que marca el camino, un final que da luz a los momentos más oscuros, que destaca la fortaleza de ese caballero del Soul de triste figura en el que espero acabe convirtiéndose Curtis Harding. Su debut es un paso que ineludiblemente nos lleva en esa dirección, una trayectoria que Benjamin Booker también ha iniciado este año aunque con algo más de acierto y un destino distinto aunque confluyente por momentos.

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