Cómo lograr que la parte menos llamativa de una peli megaevento sea, también, otro gran evento


Es febrero y ya es uno de los estrenos del año. Uno bastante previsible. Ya se anticipaba que las ventas para ir a ver ‘Black Panther’ iban a ser masivas (aunque al final ha superado la más optimista de las expectativas), pero el añadido de una recepción crítica tremendamente favorable han confirmado que la película cumple con su condición de megaevento que suele ir colgado en cada estreno de peli de superhéroes.

Pero como esto no es Hipervisual, vamos a lo que nos atañe. Esta clase de pelis, sobre todo las de Marvel, suelen pecar de tener bandas sonoras poco memorables o que, directamente, importan poco, sólo son mero acompañamiento para las escenas de acción. Las más destacable son, de lejos, las dos entregas de ‘Guardianes de la Galaxia’, que tira de temas pop memorables de los 70 y 80, un mérito un tanto más relativo al no tener temas exclusivamente pensados para la propia película (aunque las propias pelis hagan parecer lo contrario).

Y para que no pasara más de lo mismo con la peli del rey de Wakanda, han tenido que recurrir a otro rey.

La labor de Ludwig Göransson a lo largo de la película hace lo que una banda sonora de una peli así debe hacer: ayuda a reforzar la identidad de lo que estamos viendo y es lo suficientemente interesante, con sus sonidos tribales y bases de hip hop, pero no demasiado para no distraernos de lo que estamos viendo. Al final la parte más sinfónica cae en lo funcional y peca de ser poco memorable, como en otras bandas sonoras, pero la mayor pega (?) es directamente no aprovechar todo el material que proporcionaba el nombre que ha hecho que esta banda sonora sea algo comentable.

A lo largo de Black Panther — The Album (Top Dawg, 2018) encontramos coqueteo con las diferentes vertientes que conoforman la música afroamericana actualmente. Desde los esfuerzos más hiphoperos, con el propio Kendrick Lamar, Vince Staples o ScHoolboy Q a la cabeza, hasta los homenajes a las raíces que trae el sudafricano Sjava en ‘Seasons’, pasando por la debida ración de r&b que podemos encontrar en Jorja Smith o en SZA con Lamar en ‘All the Stars’, uno de los temas de mayor potencial comercial y de los más brillantes.

El resultado del disco logra ser bastante coherente gracias a la labor de Lamar no solo en los temas que figura, sino controlando todo desde la mesa de producción. El resultado no es todo lo sólido que debería, ya que temas como ‘Bloody Waters’ o ‘The Ways’ se quedan como algo poco estimulante y olvidable que podían haberse caído del disco sin que este se resienta, al contrario.

Sin embargo, Lamar triunfa con esto ya que ha conseguido ser uno de los temas de conversación saliendo de una película que ya está dando bastante de qué hablar. Su presencia ya resultante reclamo, pero ha sabido rodearse de jóvenes talentos a los que proporcionar un foco y de estrellas consolidadas como Future, Jay Rock o The Weeknd, todos unido en favor de un concepto, de una idea que saben llevar manteniendo la riqueza y diversidad sonora. La combinación logra ese cóctel que tanto gusta a productoras de bien de éxito comercial y aplauso de la crítica.

Pero Lamar también sale triunfador porque en los cinco temas que figura cantando eleva el nivel para que no sean sólo highlights del disco, sino que sean cimas muy altas. Le vemos, al igual que todo el disco, moviéndose desde el hip hop más puro en el tema homónimo o en la demoledora ‘King’s Dead’ a poner el picante en los temas pop con SZA y The Weeknd.

Lo importante ya lo han logrado. Lamar ha conseguido que una banda sonora sea uno de los discos más relevantes de la temporada, para más inri la banda sonora de una película de superhéroes y de una franquicia con problemas para sacar bandas sonoras. Podríamos hablar más en profundidad de cómo de brillantes son los puntos altos (para mí mucho) y hasta que punto pesan los puntos flacos (no lo suficiente, en mi opinión), pero lo más complicado ya lo ha logrado. Kudos.